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01.02.2026. Costa Rica.- La candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO) Laura Fernández Delgado, obtuvo un triunfo categórico en primera vuelta, al superar ampliamente el umbral del 40 por ciento de los votos requerido para evitar el balotaje.
Según los datos oficiales del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Fernández alcanzó alrededor del 53 por ciento de los sufragios, consolidando así una victoria que la coloca como la segunda mujer en ocupar la silla presidencial en los 204 años de vida republicana de Costa Rica, después de Laura Chinchilla Miranda, quien gobernó entre 2010 y 2014.
Con apenas 39 años, Fernández se convierte en una de las mandatarias más jóvenes en la historia del país y en la segunda mujer en alcanzar la máxima magistratura, un hecho que quedará inscrito en la memoria política de Costa Rica como un paso más hacia la consolidación de la participación femenina en la vida pública.
La jornada electoral se caracterizó por una alta participación ciudadana, cercana al 66 por ciento, lo que representó un repunte significativo frente al abstencionismo que había marcado procesos anteriores. Desde tempranas horas, los centros de votación en San José y otras provincias se vieron abarrotados, reflejando el interés de la ciudadanía en definir el rumbo político del país.
El resultado fue claro y contundente: Fernández logró una ventaja amplia sobre sus principales contendientes, entre ellos Álvaro Ramos, quien se ubicó en segundo lugar con poco más del 32 por ciento de los votos.
El triunfo de Fernández representa la continuidad del proyecto político impulsado por el actual presidente Rodrigo Chaves, con quien trabajó como ministra de la Presidencia. Su campaña se centró en la promesa de mantener las políticas de seguridad y mano dura contra el crimen organizado, además de reforzar la gobernabilidad con reformas legislativas que fortalezcan al Ejecutivo.
En sus primeras declaraciones tras conocerse los resultados, la presidenta electa subrayó que su gestión buscará consolidar los avances logrados en los últimos años y enfrentar con firmeza los desafíos que plantea el narcotráfico y la corrupción.
La elección de Fernández también tiene un fuerte componente simbólico y social. Costa Rica, reconocida por su estabilidad democrática en la región, había elegido a su primera presidenta, Laura Chinchilla, hace dieciséis años. Con Fernández, el país vuelve a confiar en una mujer para liderar la nación, lo que refuerza la presencia femenina en la política costarricense y abre un nuevo capítulo en la lucha por la igualdad de género en los espacios de poder.
El camino hacia la presidencia no estuvo exento de problemas políticos. Diversos sectores de la oposición han manifestado preocupación por el posible fortalecimiento de un modelo de concentración de poder en el Ejecutivo, siguiendo la línea de confrontación que caracterizó a Chávez frente a otros poderes del Estado. Sin embargo, Fernández ha insistido en que su gobierno buscará el diálogo y la construcción de consensos, aunque sin renunciar a la firmeza en la toma de decisiones.
La presidenta electa asumirá el cargo en mayo próximo, en un contexto marcado por expectativas de continuidad y estabilidad, pero también por el reto de demostrar que su liderazgo puede trascender la sombra de su antecesor.












