Lecciones de Ucrania y Venezuela.

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/ Agustín Basilio de la Vega./

La extracción de Nicolas Maduro de Caracas por parte de las Fuerza Delta de los Estados Unidos mediante una operación militar fulminante en la que se emplearon alrededor de 150 aviones, helicópteros, guerra electrónica, una flota Naval impresionante, importantes medios financieros y la gran capacidad de coordinación de las fuerzas de esa potencia, pone a pensar a más de uno que la doctrina Monroe va muy en serio.

Comparada esta intervención militar en Venezuela con la fallida “Operación Militar Especial” ordenada por Putin para invadir Ucrania en febrero del 2022 para derrocar el gobierno del presidente Zelensky, resulta una lección de eficacia, tecnología y poder en el ámbito militar, pero deja también varias inquietudes:

¿Estamos viviendo nuevamente tiempos en los que las potencias militares soslayan el derecho internacional? ¿Tienen derecho países bien armados a juzgar a los otros unilateralmente? ¿Se han olvidado de los juicios de Núremberg que nos enseñaron que ningún país tiene derecho a iniciar una guerra de agresión?

Es preocupante que el orden establecido después de la segunda guerra mundial se sustituya por “doctrinas” nacionalistas que den “derecho” a repartirse los países y continentes entre supuestas potencias “morales” que juzgan a sus vecinos unilateralmente pero que en la práctica se interesan por poner gobiernos a modo.

Lo anterior nos lleva a tomar nota de algunas realidades y enseñanzas prácticas.

Primera lección, la militar: Estados Unidos es la una única potencia con capacidades técnico-económicas preponderantes. Los radares que los venezolanos compraron a los chinos y los sistemas antiaéreos de origen ruso simplemente fueron inútiles. En cambio, en Ucrania, el material bélico occidental en manos de sus defensores ha conseguido parar al ejército ruso por casi cuatro años. Es simplemente abismal la diferencia entre el poder Estadounidense frente a China y Rusia.

Segunda lección, la política nacional: los regímenes dictatoriales como el venezolano son altamente vulnerables pues la corrupción, la desaparición del estado de derecho, la estatización de la economía, la violación a los derechos humanos y la falta de democracia los debilita internamente y les da mala fama internacional. En cambio, aquellos gobiernos que buscan la libertad, la defensa de los derechos humanos, la integración a una comunidad con libre mercado como lo es el caso de Ucrania, fortalecen la cohesión interna y aumentan los apoyos internacionales.

Tercera Lección, la geopolítica: la ONU y los organismos supranacionales han perdido su influencia y los líderes de algunos países no sólo mienten de manera sistemática como se puede ejemplificar en el caso de Putin que negó la invasión del 2022 pese a la evidente acumulación de fuerzas en las fronteras con Ucrania. Se está perdiendo la seriedad, el profesionalismo y se está normalizado la demagogia. Ya no se aprecia a los estadistas sino a los jefes de Estado que asombran al mundo con sus frases y acciones contrarios al sentido común y la verdad y que pasan por encima del derecho internacional, de sus congresos y de sus vecinos.

Este 2026 empieza, en efecto con un dictador menos, pero también con preocupaciones nuevas. Se necesitan pensadores y voces que promuevan la paz, el respeto a la dignidad humana, el orden internacional con base en instituciones fuertes y justas para que no se imponga la fuerza del más poderoso. Ojalá que pronto y en paz, los ucranianos consigan su libertad y los venezolanos la democracia.

X @basiliodelavega 4 de Enero de 2026