León XIV pide acrecentar la herencia material y espiritual de la Argentina del mañana

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*En la tierra de su predecesor Francisco y ante una platea formada por las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo diplomático, el Papa se acercó a la historia, el patrimonio y los desafíos de la nación austral para que, inspirados por la fe en el Evangelio, se proteja la democracia, la dignidad de cada persona, la familia, el diálogo y la construcción del bien común.

Alina Tufani Díaz – Ciudad del Vaticano

“Que el Señor los haga crecer como pueblo”. Esta frase pronunciada por el Papa Francisco en un mensaje dirigido, hace 10 años, en septiembre de 2016, a su patria natal, fue repetida por León XIV al final de su discurso, el primero en Argentina, durante el encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo diplomático, que tuvo lugar, este domingo 8 de noviembre, en el Palacio Libertad, sede del Centro Cultural Domingo Faustino Sarmiento, en Buenos Aires.

En la patria de Francisco

Como el mismo Pontífice señaló, “ante quienes ejercen responsabilidades públicas”, ha querido ofrecer “una palabra inspirada en el Evangelio” y una invitación custodiar la dignidad de cada persona, la concordia y el bien común.  De modo especial, al llegar a la tierra de un Pontífice que la Iglesia Universal escuchó por doce años, un argentino que “llevó consigo, en la memoria y en el corazón, los lugares, las personas y la fe que aquí recibió”.

“Hoy, al sucederle en el ministerio petrino, recorro en cierto modo el camino inverso y vengo a la patria donde el Papa Francisco comenzó una historia que después habría de entrelazarse con la de toda la Iglesia”.

La patria de hoy, herencia de mañana

Una tierra, agregó León XIV, hecha de generaciones de hombres y mujeres, nacidos aquí o llegados de lejos, “un encuentro entre procedencias y experiencias diversas que fue tomando forma”, un pueblo que, aun en medio de momentos difíciles, ha demostrado una gran capacidad para levantarse y seguir hacia adelante.

“Todos han contribuido a la Argentina que hoy tengo la alegría de visitar”, dijo el Santo Padre al asegurar que “ninguna generación comienza la patria desde cero”, sino que “la recibe”, en los vínculos, las instituciones, el lenguaje y los bienes que otros fundaron e hicieron crecer. Y esa es precisamente, para el Papa, la responsabilidad de cada generación.

“A cada generación corresponde discernir aquello que merece ser conservado, afrontar las consecuencias injustas del pasado y acrecentar el patrimonio material y espiritual común. La patria que hoy está en manos de ustedes será mañana la herencia de otros”.

La literatura, el tango, el mate y la fe

León XIV destacó, en primer lugar, la herencia cultural, mencionado a los escritores rioplatenses como José Hernández y Jorge Luis Borges, el tango, el teatro o las tradiciones de diversas procedencias, pero también los gestos cotidianos, como el “mate compartido”, siempre una ocasión de conversación y cercanía. Todas ellas, afirmó el Pontífice, son expresión de una misma memoria colectiva.

“En esa herencia se encuentra profundamente arraigada la fe cristiana. Su huella atraviesa la memoria de la nación y permanece viva en innumerables argentinos que han encontrado en el Evangelio una fuente de sentido, esperanza y fraternidad”.

La democracia y el actuar en la vida pública

En este hilo conductor que es la herencia, León XIV destacó la necesidad de “aprender a convivir, aun cuando existan diferencias de pensamiento”, porque un pueblo crece con el diálogo y el encuentro y, por ello, la democracia pertenece también a esa herencia que debe ser custodiada.

“La democracia se fortalece también en la manera cotidiana de actuar en la vida pública: en la disposición a escuchar, en el cuidado de la palabra, en la búsqueda paciente de acuerdos y en la capacidad de reconocer en quien piensa de manera distinta a un compatriota con quien se comparte un mismo destino”.

Reconocer los límites del poder en favor del bien común

El Papa recordó a las autoridades públicas presentes que además de estar al servicio del bien común, deben actuar con prudencia, reconociendo los límites del poder que le ha sido confiado. Un bien común, agregó el Pontífice, que se debe reflejar en la vida cotidiana de las personas, en especial de las familias, ofreciéndoles las condiciones y oportunidades elementales para poder vivir con dignidad, de su esfuerzo, de su trabajo, y sus capacidades.

Pienso de manera particular en las familias que llevan sobre sí el peso de la incertidumbre, en quienes buscan trabajo, en los ancianos que han contribuido durante años a construir la sociedad y en quienes, aun trabajando, tienen dificultades para cubrir las necesidades de su hogar. La economía debe estar al servicio de la persona, y no la persona al servicio de la economía. 

No abandonar a los jóvenes

Crear condiciones para que los jóvenes puedan proyectar con libertad y creatividad sus propias vidas en Argentina, “exige robustecer de manera particular la educación, la formación profesional, la universidad y la investigación”, subrayó León XIV al advertir que “una nación debe preguntarse seriamente en qué ha fallado cuando sus jóvenes deben abandonar su tierra para realizar sus sueños.”

Esta tarea requiere también confiar en los jóvenes, reconocer su capacidad de iniciativa y abrir espacios donde puedan aportar sus ideas y asumir responsabilidades. La nación necesita contar desde ahora con su inteligencia, su creatividad y su participación.

Acoger la vida es futuro

El Santo Padre no dejó de cuestionar las decisiones que no toman en cuenta la dignidad del no nacido, ya que reconocerla, acogerla y custodiarla hasta el final, es una responsabilidad hacia las generaciones venideras: “Antes de preguntarnos qué mundo les dejaremos, debemos reconocer su dignidad”.

“La misma dignidad reclama especial atención en la enfermedad, la dependencia y la discapacidad. También entonces corresponde cuidar, aliviar el sufrimiento, acompañar y hacer sentir a cada persona que su vida conserva siempre un valor que ninguna circunstancia puede disminuir”.

Lo humano desde la Creación hasta la IA

Dos aspectos, en los cuales el Sucesor de Pedro ha hecho hincapié ante las autoridades y la sociedad civil argentina fueron el cuidado de la tierra y los avances tecnológicos con sus posibilidades y desafíos. “Argentina ha sido bendecida por Dios con una extraordinaria riqueza natural”, confirmó el Papa, que es responsabilidad de todos, pues “una ecología auténticamente humana sabe unir el cuidado de la creación al de las personas”, aprovechando los recursos y al mismo tiempo preservándolos para que contribuyan al bienestar común.

Del mismo modo, advirtió que si bien lo rápidos avances tecnológicos abren posibilidades que hace pocos años apenas podían imaginarse, en la medicina, la educación, la producción y la investigación, especialmente con la inteligencia artificial, el “desarrollo tecnológico necesita una conciencia ética a su altura.

Mas allá de las fronteras: diálogo y cooperación

En su discurso, el Papa invitó a asumir también la responsabilidad que, como comunidad de Estados, comparten en sus fronteras. Para el Papa, es fundamental el encuentro y la cooperación al servicio de la paz, pero también para combatir plagas como las del crimen organizado, redes de tráfico de drogas, trata de personas y la corrupción que daña la convivencia, alimentan la violencia.

América del Sur – reiteró – posee una gran riqueza humana y natural, y sus pueblos comparten lazos históricos y tradiciones culturales que ofrecen un amplio campo para la cooperación: “Argentina puede contribuir a ese esfuerzo con su experiencia y sus capacidades”.

La Iglesia que acompaña: Confianza, perdón, servicio

La Iglesia como parte de la historia de Argentina durante siglos, acompañando y celebrando la fe, educando, atendiendo a los enfermos, permaneciendo junto a los pobres, junto a las familias y promoviendo la paz y la reconciliación, quiere seguir comprometida con su pueblo. Quiere seguir, expresó el Papa, “esa misión que nace del amor de Cristo, que derramó su sangre por todos, y continúa hoy en las parroquias y comunidades, llamadas a mantener abiertas sus puertas para que cada persona pueda encontrar en ellas acogida y cercanía.

“Hay bienes que una sociedad necesita y que ninguna política pública puede producir por sí sola. La confianza, el perdón, la disposición a servir y la conciencia de que la propia vida tiene un sentido que supera el éxito o la utilidad se cultivan en la conciencia personal y en la vida de las familias y las comunidades. La fe alimenta y sostiene esos bienes”.

Como en “Volver” de Gardel

Al concluir su discurso, León XIV retomó el hilo conductor inicial: “Cada generación recibe una patria que otros han puesto en sus manos”, y a ella le corresponde habitarla, servirla y hacerla crecer. Pero fue con un tango, “Volver”, con el que León XIV recordó el legado que cada generación debe dejar en el efímero tiempo de la vida.

“Sí, como cantaba Gardel, es un soplo la vida, pero perdura el bien que cada generación haya sabido custodiar y transmitir. Y la fe nos invita a mirar todavía más lejos, hacia la felicidad eterna a la que Dios nos llama”.

Hacer fructificar el extraordinario patrimonio para mirar el futuro con confianza y construir unidad para las generaciones, es la exhortación final del Papa, evocando a Nuestra Señora de Luján, patrona y “custodia silenciosa de la memoria Argentina”: “Que ella siga velando por esta tierra, cuide de cada uno de sus hijos y los mantenga siempre cerca de Jesús.