Dedicado a Liel Hetzroni. “Que su memoria sea una bendición”.
/ Por Lydia Ramis /
Liel Hetzroni, 12 años: asesinada en el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre. Una niña de Be’eri, una sonrisa, una vida que apenas comenzaba. Liel fue asesinada junto a su hermano gemelo Yanai y su tía Ayala durante el ataque de Hamás contra el kibutz. Recordarla también es una forma de no permitir que el horror se convierta en una cifra.
Mírenla…
Liel Hetzroni tenía 12 años cuando fue asesinada durante el ataque terrorista de Hamás contra el kibutz Be’eri, el 7 de octubre de 2023. Su hermano gemelo Yanai y su tía Ayala también fueron asesinados aquel día. (RR.SS.)
Tiene doce años. El pelo rizado, los ojos grandes, una sonrisa apenas esbozada. Parece estar a punto de decir algo. Podría ser cualquier niña de doce años. Podría estar preparándose para ir al colegio, discutiendo con su hermano, riéndose con sus amigas o pensando en qué quiere hacer cuando sea mayor.
Pero Liel Hetzroni no llegó a cumplir trece…
El 7 de octubre de 2023, terroristas de Hamás irrumpieron en el kibutz Be’eri, donde vivía con su familia. Aquel día comenzó una matanza que dejó más de un centenar de muertos en la comunidad. Liel, su hermano gemelo Yanai y su tía Ayala fueron capturados y llevados a la casa de Pessi Cohen, donde los terroristas habían concentrado a numerosos habitantes de Be’eri como rehenes. (Kan 7.10.360)
Liel tenía doce años…
Una edad en la que la vida todavía debería estar llena de primeras veces. El primer gran sueño, el primer viaje sin los padres, las amigas que empiezan a convertirse en imprescindibles, las discusiones familiares que un día se recuerdan con una sonrisa.
No una incursión terrorista. No un secuestro. No un rehén. No una casa convertida en escenario de muerte. Pero eso fue lo que ocurrió.
Liel y Yanai eran gemelos. Su madre había sufrido graves complicaciones médicas durante el parto y fueron criados, en buena medida, por su abuelo Aviya y su tía Ayala, que se convirtió para ellos en una figura materna. Los cuatro murieron durante el ataque del 7 de octubre. (Times of Israel)
Hay algo especialmente doloroso en la historia de Liel: durante semanas ni siquiera hubo un cuerpo que enterrar.
Be’eri. (RR.SS.)
Su familia celebró una ceremonia de despedida en noviembre y enterró algunas de sus pertenencias porque todavía no había podido identificarse oficialmente su cuerpo. Poco después, los arqueólogos encontraron restos que pudieron ser identificados mediante ADN.
Mientras tanto, sus compañeros siguieron hablando de ella.
La recordaban junto a Yanai como dos niños inseparables, capaces de llevar luz y alegría allí donde estaban.
Y quizá por eso esta fotografía importa.
Porque el terrorismo convierte a las personas en cifras.
Una cifra entre cientos de asesinados, un nombre en una lista, una fotografía en un archivo. Pero Liel no era una cifra… Era una niña…
Tenía nombre. Tenía familia. Tenía amigos. Tenía una vida por delante. Y alguien decidió que esa vida podía ser destruida.
Be’eri. (RR.SS.)
El 7 de octubre no fue una tragedia inevitable. Fue un ataque terrorista organizado por Hamás contra comunidades israelíes y población civil. Los terroristas entraron en Be’eri, asesinaron y secuestraron a sus habitantes. Liel fue una de esas víctimas.
Por eso recordarla no tiene por qué ser solamente un ejercicio de tristeza.
También puede ser un ejercicio de indignación.
Porque hay algo profundamente injusto en mirar esta fotografía y saber que aquella niña ya no podrá crecer. Que no podrá cumplir catorce, ni quince, ni dieciséis años. Que nunca sabremos qué mujer habría llegado a ser. Que el mundo nunca conocerá todo aquello que Liel todavía podía aportar.
Esta es Liel Hetzroni. Doce años. Una niña de Be’eri. Una gemela. Una hija, una nieta, una sobrina, una amiga. Y una de las víctimas del ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre.
Que su rostro no sea olvidado. Que su nombre no sea olvidado. Y que nadie consiga convertir su muerte en una simple cifra.
Todas las víctimas del 7 de octubre son iguales ante mi memoria y ante mi dolor. Todas merecen ser recordadas. Pero hay una mirada que, sin saber por qué, se quedó conmigo. La de Liel. La vi una vez y ya no pude olvidarla. Como periodista, nunca me había ocurrido algo parecido: que el rostro de una víctima atravesara de esa manera la distancia entre una noticia y mi propia memoria. Quizá por eso hoy escribo sobre ella. Pero al escribir su nombre, pronuncio también los nombres de todos los demás. Este es mi homenaje a Liel, a todas las víctimas, a sus familias, a Israel y al pueblo judío.
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