*Además de la pieza que abre el concierto, Elena y los recuerdos del porvenir, de la compositora mexicana, el programa incluye el Concierto de Aranjuez, con el guitarrista Pablo Garibay, y la Quinta sinfonía de Beethoven.
13.03.2026. Ciudad de México.- La directora brasileña en un ensayo. Foto: Música UNAM. / La creadora se inspiró en la vida de Garro. Foto: cortesía Erika Vega.
La primera temporada 2026 de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) continúa con los festejos por los 90 años de la agrupación y con el ciclo Jornadas de Mujeres en la Música, que cada marzo subraya la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.
En el programa 6 de la primera temporada 2026, que se presenta el 14 y 15 de marzo en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario (CCU), concurrirán dos talentos femeninos de gran altura.
La batuta corresponde a la directora brasileña Ligia Amadio, titular de la Orquesta Sinfónica de Minas Gerais, primera mujer en ganar el Concurso Internacional de Dirección Orquestal de Tokio (1997), cuya sola presencia subraya el espíritu de las jornadas.
El guitarrista mexicano Pablo Garibay, laureado en más de 15 certámenes internacionales, interpretará el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, compuesto en 1939.
La segunda parte se reserva para la Quinta sinfonía de Beethoven, estrenada en Viena en 1808: la obra en la que cuatro notas se convierten en el eje vertebrado de toda una arquitectura sinfónica. Pero la velada abre con la pieza que le confiere su carácter más contemporáneo: Elena y los recuerdos del porvenir, de la compositora mexicana Erika Vega.
Vega se formó como violinista en la entonces Escuela Nacional de Música de la UNAM (hoy Facultad de Música), donde también estudió composición con Julio Estrada. Cruzó después el Atlántico para realizar una maestría en música contemporánea en Bélgica y un doctorado en composición en la Universidad de Oxford, donde obtuvo la prestigiosa beca Clarendon fund. Su trayectoria suma galardones en Rusia, Austria, Bélgica y Estados Unidos (entre ellos, el programa para compositores de la Filarmónica de Los Ángeles), comisiones de ensambles internacionales de primer nivel y, desde 2022, pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte.
Elena y los recuerdos del porvenir (2024) es una obra para orquesta plena (maderas en parejas, timbal, dos percusionistas, arpa, piano y cuerdas dobles en primeros y segundos violines) cuya estructura continua se articula en submovimientos sin pausa, marcados por frases vinculadas a Garro. Tuvo su estreno mundial con la Orquesta Sinfónica Nacional en el Foro de Música Nueva. Su llegada a la OFUNAM es la segunda interpretación de una pieza que ya circula en los circuitos de la música nueva mexicana.
“No me inspiré en el libro, sino más bien en la autora, en su vida, en lo biográfico”, precisó Vega. Aunque el título alude a la célebre novela de Elena Garro, lo que la compositora rastreó fue su trayectoria vital: su agudeza, su rebeldía, su exilio, filtrada por esa atmósfera de realismo mágico que ella entiende no como etiqueta, sino como modo de percibir la realidad.
La obra es también la expresión más reciente de una poética que atraviesa toda la producción de Vega: la traducción de la literatura en música. Su investigación doctoral propone analogías entre lenguaje y composición desde la fonología, la sintaxis y la semántica.
“Siempre está uno como compositor en la búsqueda de elementos”, reflexiona; “primero la parte de la inspiración, qué te deja la lectura, en qué estado anímico; luego viene el imaginario que te provoca”. Esa búsqueda la ha llevado al cuento “No oyes ladrar los perros”, de Juan Rulfo, a los cuentos infantiles de Leonora Carrington o al poema Altazor, de Vicente Huidobro (pieza para marimba), entre otras obras literarias.
Preguntada por las jornadas y por la asimétrica presencia de mujeres en las salas de concierto, Vega es contundente.
“Vivo en Oxford y consulté el programa de la Filarmónica de Oxford: no programaron ninguna mujer compositora, cero. Y se me hace increíble, porque sí hay mujeres compositoras”. Lo que reclama no es cuota, sino referentes y convicción institucional genuina: “que haya más invitación a niñas, a mujeres, que entienda que tú sí puedes tocar un instrumento, tú puedes dirigir; no es un rol exclusivo para un hombre”.
En México, reconoce, se está haciendo una labor importante en ese sentido. Y esta doble presencia en la Sala Nezahualcóyotl, su música y la batuta de Amadio, es prueba puntual de ello.













