LOS PÍCAROS AL PAREDÓN

Banner

*Por David Martín del Campo.

Es una leyenda que ha viajado con el tiempo. En la corte del monarca Felipe IV se paseaban los nobles y patricios cotilleando las novedades del día. Uno de ellos, que se las daba de secretario real, era un profesional de la mordacidad. Aquel día Francisco de Quevedo vio pasar a la reina Mariana de Austria que, la pobrecita, renqueaba de toda la vida. Se acercó a sus compañeros de ocio y murmuración para retarlos: “¿Pero es que nadie puede decirle que su condición no es para presumirse?”. Y se hicieron las apuestas. ¿Quién se atrevería a decirle a Su Majestad que, por Dios, era coja? Iban en juego 20 maravedíes. ¿Quién?

La picardía acompaña a la humanidad desde los tiempos de las cavernas. Alguien que resbala, alguien que tiene muy grandes las orejas, alguien que ronca como oso. Sátira, granujada, guasa vil. El buen humor va aparejado de esas picardías a la menor provocación. El ofendido debe aguantar, por cortesía, mientras los demás ríen aguantando la carcajada.

Existen profesionales del pitorreo que nos aligeran la vida de tarde en tarde. Charles Chaplin, Cantinflas, Los Polivoces, Jerry Lewis, la India María, el Chavo del Ocho, el Gordo y el Flaco, Eugenio Derbez, el inspector Calzontzin, el mismo Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza. En los tiempos antiguos ese papel lo asumían los bufones y payasos de la plaza, hoy tenemos esa posibilidad en los memes que nos llegan a cada rato.

Ironías, chacota, pitorreo de este senador, aquel ministro, el gabinete que se mueve dando palos de ciego. Siempre habrá alguna declaración, algún traspiés, alguna transa revelada por la prensa y que le hacen llover encima todo tipo de ocurrencias. Así ocurre en la prensa (libre) de todos los países. Así ocurre hoy en todos los sitios y vínculos de internet que manejamos en nuestro teléfono celular. “¿Ya viste a González Noroña en su avión de Alitalia?”.

Pero ha sido tal la insidia de los chistes y caricaturas difundidos por estos medios, que la clase en el poder ha propuesto la reforma a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, para garantizar la imagen, el decoro y las virtudes personales del agraviado. Algo que se ha dado en llamar la “Ley Anti-memes”. Y los primeros en saltar han sido los profesionales de la parodia y la sátira que practican (desde hace un siglo) en las páginas de los periódicos y las pantallas del televisor.

Si entendemos por “meme” un texto, imagen o vídeo que se difunde modificado por internet con fines humorísticos, estamos fritos. Que lance la primera piedra el que esté libre de culpa. Todos hemos replicado, una y otra vez, los ingeniosos pitorreos que nos llegan a toda hora. Y ahora nos quieren llevar a la cárcel por ese crimen de ¿lesa dignidad?

Revistas y suplementos los ha habido que se dediquen precisamente al oficio de la sátira social y política. El más famoso de ellos fueron “Los Agachados” de Rius, donde los personajes eran transcripción literal de los políticos y funcionarios de un pueblecito, lo mismo que de la sociedad de beatas y malandrines que los rodeaban. Su autor, Eduardo del Río, pasará a la historia junto a otros del calibre de Guadalupe Posada y sus calaveras catrinas, así como Abel Quezada y su Charro Matías o don Gastón Billetes.

Tiempos de intolerancia, estos, en que Mr. Trump prohíbe la asistencia de periodistas críticos a sus conferencias de prensa. El caso más grave ocurrió hace diez años en Francia, contra la revista humorística “Charlie Hebdo”, caracterizada por su tono irreverente contra las instituciones del poder, las posiciones de extrema derecha e izquierda, así como los dogmas del catolicismo, el islam y el judaísmo. Aquel 7 de enero de 2015 una banda de Al-Qaeda asaltó la redacción del semanario, y con el grito de “¡Alá es grande!” dieron muerte a doce personas, entre ellas a cuatro caricaturistas y varios redactores.

Sí, paredón a los que nos provocan una carcajada. ¿Qué no saben que las instituciones y los paladines son sacrosantos? Así que en las páginas y en las pantallitas electrónicas, al paredón con ellos… y el buen humor que los acompaña (y que tanta falta nos hace). Algunos tal vez recuerden al “Loco Valdés” en la TV de 1972, aquel momento en que Luis Echeverría lo declaró “El Año de Juárez”, cuando el atolondrado humorista sale a cuadro y pregunta a los camarógrafos: “¿A que no saben quién es el bombero más famoso del país…? Pues el Bomberito Juárez”. Y le llegó una multa tremenda y una suspensión del programa, por atreverse a punzar aquel monolito nacional.
Así que aquella tarde Quevedo quiso ganarse la apuesta, y viendo llegar a la Reina Mariana se postró ante ella, enarbolando una flor roja y una blanca en cada mano, preguntándole con galante cortesía: “Entre la rosa blanca y la rosa roja, que su Majestad escoja”. Y sí, se la entregó a la reina, que era coja.
Ahora, con la iniciativa anti-memes, ¿quién alzará la voz con el primer chascarrillo? Paredón a la picardía.