*El Comité Nobel aclara que el Premio de la Paz es intransferible tras el gesto de María Corina Machado hacia Donald Trump
16.01.2026.- El mundo político y diplomático se vio sacudido el 15 de enero de 2026 cuando la líder opositora venezolana María Corina Machado entregó la medalla física del Premio Nobel de la Paz al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un encuentro privado en la Casa Blanca.
La escena, difundida por medios internacionales, mostró a Machado colocando la medalla en un marco dorado acompañado de una dedicatoria en la que expresaba gratitud por lo que calificó como el “extraordinario liderazgo” de Trump en favor de la libertad del pueblo venezolano.
El gesto, que ella definió como un reconocimiento simbólico, desató de inmediato una ola de críticas en Noruega y obligó al Comité Nobel a pronunciarse públicamente.
El Comité Noruego del Nobel, responsable de la entrega del galardón, reaccionó con firmeza al recordar que el Premio Nobel de la Paz es indisociable de la persona galardonada y no puede ser transferido ni cedido a terceros.
En su declaración oficial, el jurado subrayó que, aunque el objeto físico de la medalla pertenece al ganador y puede disponer de él como desee, la distinción histórica y oficial permanece siempre ligada al nombre inscrito en los registros del Nobel. “El Nobel no es un objeto intercambiable ni un título que pueda regalarse”, señaló el comunicado, en respuesta a la polémica que se generó tras la acción de Machado.
La reacción en Noruega fue inmediata y contundente. Medios de comunicación y analistas calificaron el gesto como “patético”, “insólito” y “ridículo”, mientras partidos políticos de diversas tendencias lo interpretaron como una falta de respeto hacia la institución y hacia el significado del premio.
El Instituto Nobel, por su parte, se limitó a remarcar que el reconocimiento es intransferible y que no existe mecanismo alguno para revocar el galardón a Machado, dado que los estatutos establecen que el Nobel es un honor perpetuo que no puede ser retirado una vez otorgado.
El antecedente inmediato de esta controversia se remonta a diciembre de 2025, cuando Machado fue galardonada en Oslo con el Premio Nobel de la Paz por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y la democracia en Venezuela. Su reconocimiento fue celebrado como un símbolo de resistencia frente al autoritarismo, y su discurso en la ceremonia destacó la importancia de la solidaridad internacional en la lucha por la libertad.
Sin embargo, apenas un mes después, la entrega de la medalla a Trump cambió el tono de la conversación y abrió un debate sobre los límites de los símbolos y la responsabilidad de quienes reciben un premio de tal magnitud.
El propio Trump calificó el gesto de “maravilloso” y lo interpretó como un respaldo a su política hacia Venezuela, donde su administración ha mantenido una postura de presión contra el régimen de Nicolás Maduro. Para Machado, la entrega representó un acto de gratitud hacia quien considera un aliado en la causa venezolana.
No obstante, la acción fue vista en Noruega como una instrumentalización política de un símbolo que pertenece a la comunidad internacional y que busca promover la paz más allá de coyunturas nacionales o personales.
La polémica ha dejado en evidencia la tensión entre el significado institucional del Nobel y las decisiones personales de sus galardonados.
Mientras el Comité insiste en que el premio no puede ser cedido ni compartido, la acción de Machado abre un debate sobre la manera en que los símbolos se utilizan en la arena política y sobre la necesidad de preservar la integridad de los reconocimientos internacionales.
En este contexto, la reacción del Comité Nobel no solo reafirma la intransferibilidad del galardón, sino que también busca proteger la credibilidad de una distinción que, desde su creación en 1901, ha sido considerada uno de los máximos referentes de la paz y la diplomacia mundial.












