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/ Pablo Jair Ortega / @pablojair
Dos hechos importantes que ocurrieron en los últimos días en México y Veracruz.
Primero, la presidenta Claudia Sheinbaum, en gira por Baja California, regañando a diputados locales por no estar trabajando en territorio: “¡Hay que trabajar más con la gente!”, exclamó visiblemente molesta la mandataria: “¡Dejar de estar acá y estar en territorio!”.
El video, claro, se hizo viral por la manera en que la presidenta llama la atención a los diputados. Se los dice en su cara, un manotazo sin sutileza: “pónganse a trabajar”.
Esto también coincide con la noticia fuerte de la mañana del domingo: la renuncia de Adán Augusto López Hernández como coordinador de asesores de Morena. Seguirá como senador, pero no tendrá ya más “power”. De hecho, ya estaba muy disminuido por los escándalos personales y por también confrontar a la jefa del Ejecutivo.
Lo de Adán Augusto de alguna manera ya se veía venir: no sólo enviaba señales de que no respetaba a la presidenta, sino que había otros temas como sus relaciones poco claras con empresarios turbios y hasta con la delincuencia organizada.
Adán Augusto también quería plantar bandera en Veracruz y eso tampoco cayó bien en Palacio Nacional, como cuando quiso meter a fuerza a los apestados Yunes ex panistas en la Cuarta Transformeishion. Esto valió la protesta de la gobernadora Rocío Nahle, que finalmente terminó en el rechazo de la afiliación del senador Miguel Ángel Yunes Márquez a Morena, apadrinado por el tabasqueño.
En resumen: Adán se mandaba solo, creyéndose más poderoso que la presidenta o la gobernadora de Veracruz.
Pero con el asunto de que como gobernador de Tabasco estuvo involucrado con “La Barredora” (grupo delincuencial que operaba en ese estado) y fue detenido su ex jefe de Policía, Hernán Bermúdez Requena, como presunto jefe de ese cártel, el senador se hizo para la sombrita y se le fue derrumbando la carrera política.
En Veracruz deben estar llorando viudas como los Yunes (el ex gobernador y el mayorcito de sus chilpayates), pues se quedan sin el único vínculo real con poder en la 4T. Se les cayó el padrino protector y que les daba privilegios dentro de un movimiento donde son repudiados.
Otro es el senador que nunca ha trabajado, Manuel Huerta Ladrón de Guevara, también oportunista de café profesional. Este legislador de hecho ha perdido mucha fuerza (aunque él presume que camina sin hacer ruido por el estado) precisamente porque parece más un legislador de oposición que de Morena. Ya ni los periodistas lo pelan y mejor manda a hacer sus notas como si lo entrevistaran por ser alguien “importante”.
Y finalmente Sergio Gutiérrez Luna… Si no se acuerda de él, es porque la verdad tampoco es alguien trascendente en Veracruz, salvo por la campaña personal con harto despilfarro para hacerse notar en el estado, poco antes de las elecciones a la gubernatura del 2024.
En fin, la caída de Adán Augusto tendrá seguramente consecuencias en Veracruz: no sólo se cae del altar alguien que quiso ponerse al tú por tú con la primera mujer presidenta del país (con altos niveles de aprobación), sino también alguien que quiso meterse con una de las gobernadoras más fuertes, haciendo acuerdos sin consultar a la jefa política del estado.
Y hablando de la gobernadora, también hizo “manotazo” en Veracruz y logró algo que sus recientes antecesores nunca pudieron hacer: meter en orden al pulpo camionero de la zona Veracruz-Boca del Río.
Y es que los concesionarios, por sus tanates, quisieron aumentar la tarifa del transporte urbano tomando como pretexto el aumento que sí estaba autorizado en Xalapa. Esto no sólo desencadenó protestas de los usuarios, sino que se ganaron a pulso las mentadas de madre por parte de la ciudadanía por subir arbitrariamente las tarifas sin permiso.
A eso se sumó una “huelga” por demás ridícula que hicieron los transportistas para “presionar” a la gobernadora, pero ésta les ganó la partida: les quitó las unidades nuevas que les habían comprado y anunció la creación de una empresa estatal de transporte público; además anunció medidas de castigo a los concesionarios que no querían trabajar, así como a los choferes que fueron groseros con los usuarios.
Esto obligó a los transportistas a recular el pasado viernes. Se echaron para atrás con sus “demandas”, mantuvieron las tarifas anteriores y le dieron la razón a la gobernadora.
De entrada, a Rocío Nahle no la espantaron los concesionarios con su “protesta” porque también ha protestado en las calles y sabe lo que es el barrio (una mujer que ha trabajado en el misógino Pemex no se amedrenta fácilmente); aparte tuvo el atinado respaldo de la alcaldesa de Veracruz, Rosa María Hernández Espejo, quien instruyó a la Dirección de Tránsito Municipal para que unidades propias apoyaran en el traslado de ciudadanos, haciendo equipo con la gobernadora.
Lo mismo pasó hace años en la Ciudad de México y se solidarizaron las patrullas de la Policía. Es decir, la 4T le sabe a esto de la demanda ciudadana y no los espantan con el petate del muerto con las mafias transportistas.
Quizás los concesionarios estén pensando que se van a desquitar por la vía política, con la desgastada y rancia amenaza de “nos vemos en las elecciones”, pero no ven el escenario contra ellos: se echaron encima a la gente con sus acciones y todo por querer presionar a la mandataria estatal en un juego de vencidas político.
Este viernes les ganó la partida la gobernadora y no debe tardar en que ya se quiten concesiones a quienes todos los años lloriquean que no tienen apoyo, pero nunca abandonan el jugoso negocio del transporte público.












