*Astrolabio Político
/ Por: Luis Ramírez Baqueiro /
“Nadie es desgraciado sino por su propia culpa”. – Lucio Anneo Séneca.
En política las fotografías no siempre demuestran acuerdos, pero inevitablemente transmiten mensajes. Y la reciente imagen de Manuel Huerta Ladrón de Guevara junto a Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas merece una lectura política: aparecen sonrientes, estrechándose la mano y abrazados, en una escena de evidente cordialidad que contrasta con la permanente beligerancia que el senador veracruzano mantiene contra el gobierno de Rocío Nahle García.
Huerta parece haber convertido la contradicción en método político.
Porque mientras cuestiona reiteradamente al gobierno surgido de su propio movimiento en Veracruz, encuentra espacios de entendimiento, diálogo y convivencia con personajes ubicados prácticamente en todos los frentes contrarios a Morena.
Cuando no son personajes vinculados al yunismo veracruzano, aparecen sus coincidencias con Movimiento Ciudadano o su cercanía con Adán Augusto López Hernández, cuya trayectoria reciente ha quedado bajo fuertes cuestionamientos políticos por lo ocurrido alrededor de su administración en Tabasco.
Ahora aparece “Alito”.
La fotografía resulta particularmente llamativa porque Moreno Cárdenas encabeza un PRI que ha endurecido hasta el extremo su discurso contra Morena y ha llevado al terreno internacional sus denuncias contra el oficialismo mexicano.
Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué proyecto representa realmente Manuel Huerta?
Porque dialogar con adversarios es absolutamente válido. El Senado es, precisamente, un espacio de negociación y construcción de acuerdos. Lo cuestionable políticamente es que Huerta parezca encontrar mayor disposición para la convivencia con los adversarios de Morena que para respaldar al gobierno estatal encabezado por una gobernadora emanada de su propio movimiento.
La imagen con Moreno es elocuente precisamente por eso.
No demuestra por sí misma una alianza ni un pacto político. Pero sí proyecta cercanía. Hay abrazo, apretón de manos, sonrisas y una evidente comodidad entre ambos personajes. En comunicación política, esas formas también construyen mensajes.
Y Huerta acumula demasiados mensajes semejantes.
Parece abrazar todo aquello que eventualmente pueda convertirse en contrapeso frente a Rocío Nahle. Su problema es que semejante estrategia comienza a exhibir más necesidad que fortaleza.
Porque resulta difícil presentarse como defensor de la Cuarta Transformación mientras se construyen coincidencias políticas con personajes pertenecientes a proyectos que buscan precisamente derrotarla.
Manuel Huerta tiene derecho a disentir de Nahle. Tiene derecho incluso a construir su propio proyecto político. Lo que debería explicar es desde dónde pretende hacerlo.
¿Desde Morena o desde una peculiar coalición de inconformes, adversarios y opositores?
La política suele premiar la capacidad para construir puentes, pero también castiga las indefiniciones.
Huerta parece buscar salvavidas en cada embarcación que pasa cerca: MC, yunistas, grupos internos de Morena y ahora hasta el dirigente nacional del PRI.
El riesgo es elemental.
Cuando un político necesita abrazarse a demasiados salvavidas, termina enviando la señal de que considera que su propio barco se está hundiendo.
Y quizá esa fotografía con “Alito” Moreno no retrate una alianza.
Pero sí retrata, con extraordinaria claridad, una contradicción que confirma que Manuel Huerta se acomoda mejor abrazando la deslealtad.
Al tiempo.
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

