*Alguien como tú.
Gladys Pérez Maldonado.
La historia oficial mexicana ha sido generosa con los hombres del poder y profundamente ingrata con las mujeres que lo sostuvieron. Por eso, que 2026 sea el Año de Margarita Maza Parada no debería leerse como una cortesía institucional, sino como una corrección necesaria. Nombrarla es reconocer que la República no se construyó únicamente en el Congreso, en el campo de batalla o desde la presidencia, sino también desde el trabajo invisible, el cuidado y la resistencia cotidiana de las mujeres.
Margarita Maza de Juárez ha sido durante décadas una figura reducida a la sombra de su esposo. Se le menciona como acompañante, como esposa ejemplar, como mujer discreta. Casi nunca como sujeta política. Y sin embargo, su vida está atravesada por decisiones profundamente políticas: resistir la persecución, sostener a una familia en la guerra, asumir el exilio, enfrentar la pérdida de hijos y mantenerse firme en la defensa del proyecto republicano cuando todo parecía desmoronarse.
El feminismo contemporáneo ha puesto nombre a lo que durante siglos fue normalizado, el trabajo no remunerado que sostiene a la sociedad. Margarita Maza Parada fue, sin saberlo, una protagonista de esa historia. Mientras los hombres escribían decretos y dirigían ejércitos, ella garantizaba la continuidad de la vida. Sin ese sostén emocional, logístico y moral, el proyecto liberal habría sido inviable. Pero la historia no suele registrar lo que no se ve.
Durante la Guerra de Reforma y la Intervención Francesa, Margarita Maza enfrentó lo que hoy llamaríamos violencia estructural de género. No tuvo derecho a decidir, ni reconocimiento público, ni protección institucional, cargó con la maternidad, el cuidado y el duelo en condiciones extremas, mientras el Estado que se estaba formando no tenía espacio para nombrarla. Esa es una verdad incómoda que sigue vigente: las mujeres han sostenido a la nación sin que la nación las sostenga a ellas.
El exilio en Estados Unidos expuso con crudeza esta desigualdad. Enferma, empobrecida y golpeada por la muerte de varios de sus hijos, Margarita Maza no abandonó la causa republicana. Sus cartas revelan una conciencia política clara y una preocupación genuina por el futuro de México. Pensó la nación desde los márgenes, desde el lugar que el poder le permitió ocupar, y aun así, su mirada fue lúcida y comprometida.
Nombrar a 2026 como el Año de Margarita Maza Parada obliga a cuestionar algo más profundo ¿Por qué las mujeres solo son reconocidas cuando están ligadas a hombres célebres? ¿Cuántas Margaritas quedaron fuera de la historia por no tener un apellido que las conectara con el poder?. El feminismo no busca cambiar héroes por heroínas, sino ampliar el relato y desmontar la idea de que solo lo masculino, lo público y lo visible es políticamente relevante.
La maternidad de Margarita Maza tampoco puede romantizarse. Fue madre de doce hijos en un siglo marcado por la muerte temprana y la precariedad. Vivió pérdidas devastadoras que hoy entendemos como parte de una violencia histórica contra las mujeres, obligadas a cuidar incluso en contextos de guerra. Su fortaleza no fue virtud natural, fue respuesta a un sistema que no le ofreció alternativas.
Reconocerla hoy no significa convertirla en un símbolo cómodo o inofensivo. Al contrario, su historia incomoda porque evidencia que la República se construyó sobre el sacrificio femenino no reconocido. Nombrarla es también interpelar al presente, a las mujeres que siguen sosteniendo hogares, instituciones y comunidades sin acceso real al poder ni a la toma de decisiones.
El Año de Margarita Maza Parada será insuficiente si se queda en discursos y efemérides. Debe traducirse en memoria crítica, educación con perspectiva de género y políticas públicas que reconozcan el valor del cuidado. Porque la democracia no se sostiene solo con leyes, sino con personas que cuidan, resisten y permanecen.
Margarita Maza Parada no fue feminista por elección ideológica, sino por necesidad histórica. Y quizás ahí radica su fuerza, en recordarnos que el feminismo no es una moda, sino una respuesta a siglos de exclusión. Nombrarla hoy es reconocer que sin las mujeres, la historia de México estaría incompleta, y que el silencio que las rodeó ya no es aceptable…











