María Teresa Medina, la insurgente que conspiró desde Xalapa

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* Imagen fresco, Melchor Peredo destaca a personajes históricos como María Teresa de la Sota Riva, la intrépida conspiradora xalapeña; en la entonces provincia de Veracruz: Visita Xalapa.

16.09.2026.- Entre ellas estuvo María Teresa Medina de la Sota Riva, una mujer de Xalapa vinculada a una conspiración independentista que fue descubierta por las autoridades virreinales.

Su historia permite observar una dimensión menos conocida de la insurgencia en Veracruz: la participación política de mujeres pertenecientes a familias con recursos y relaciones dentro de la sociedad novohispana, quienes podían aprovechar los espacios domésticos y las redes de sociabilidad para establecer contactos con personas identificadas con la causa independentista.

Los registros de la Universidad Veracruzana ubican a María Teresa Medina y Miranda en Xalapa y señalan que nació el 16 de diciembre de 1773. Sin embargo, algunas publicaciones regionales han consignado otros años de nacimiento, por lo que existe una diferencia entre las fuentes respecto de ese dato biográfico.

Fue hija de María Martina Ramona de Miranda y de Arraido y del comerciante Francisco Javier de Medina y García de Sotomayor, originario de Cádiz. De acuerdo con información recopilada por la Universidad Veracruzana, su familia tenía una posición económica que le permitió formar parte de los círculos sociales de Xalapa.

Su trayectoria también estuvo relacionada con los vínculos comerciales y militares que caracterizaban a la ciudad a finales del periodo virreinal. Xalapa era un punto importante de comunicación y tránsito debido a su conexión con el puerto de Veracruz y con el camino hacia la capital de la Nueva España.

En 1807, María Teresa Medina contrajo matrimonio con Manuel Remigio José de la Sota Riva Llano y Aguilar, integrante de una familia vinculada con la administración y las fuerzas de la Corona. El matrimonio tuvo cuatro hijos.

La posición de su esposo dentro del aparato virreinal no impidió que María Teresa Medina estableciera vínculos con personas que simpatizaban con la insurgencia. Esta diferencia dentro del matrimonio constituye uno de los elementos que permiten analizar su participación desde una perspectiva de género, pues su actuación política no siguió necesariamente la posición pública de su esposo.

La conspiración desde Xalapa

Después del levantamiento encabezado por Miguel Hidalgo en septiembre de 1810, la insurgencia comenzó a extenderse por distintas regiones de la Nueva España. Aunque Veracruz no fue el principal escenario de las primeras campañas militares insurgentes, la provincia se convirtió en un territorio donde circularon información, correspondencia y recursos relacionados con el movimiento.

En Xalapa también surgieron grupos de personas que discutían la situación política y la posibilidad de apoyar el rompimiento con el gobierno virreinal.

María Teresa Medina estuvo relacionada con esos círculos. Su casa fue utilizada como espacio de reunión para personas identificadas con la causa independentista, de acuerdo con investigaciones históricas retomadas por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y trabajos académicos sobre la participación femenina durante la Independencia.

La vivienda adquirió así una función que iba más allá de la vida familiar. En una sociedad en la que las mujeres tenían un acceso limitado a los espacios formales de decisión política, la casa podía convertirse en un lugar para intercambiar información, establecer contactos y organizar actividades.

Su participación no consistió, según la documentación disponible, en encabezar un ejército o participar directamente en una batalla. Su papel estuvo relacionado con la organización clandestina, el respaldo económico y la utilización de sus relaciones sociales para facilitar reuniones de simpatizantes de la insurgencia.

Uno de los episodios documentados señala que María Teresa Medina aportó dinero para respaldar la formación de una junta insurgente en Xalapa. La acción resulta relevante porque muestra que el apoyo a la independencia también dependía de recursos económicos y de personas dispuestas a ponerlos a disposición de las organizaciones clandestinas.

La aportación de recursos constituía una actividad de riesgo. Las autoridades virreinales consideraban la colaboración con los insurgentes como una amenaza al orden establecido y podían perseguir tanto a quienes combatían con las armas como a quienes proporcionaban dinero, información, alojamiento o comunicaciones.

Una mujer dentro de una estructura clandestina

La participación de María Teresa Medina permite identificar una de las formas en que las mujeres intervinieron en el movimiento independentista sin ocupar necesariamente cargos militares o políticos reconocidos.

Durante el periodo colonial, las mujeres estaban excluidas de los principales espacios institucionales de poder. No podían formar parte de los órganos políticos en condiciones equivalentes a los hombres y su presencia pública estaba condicionada por normas sociales y jurídicas.

Sin embargo, esas restricciones no significaban que estuvieran alejadas de los acontecimientos políticos.

Las mujeres podían tener acceso a información mediante familiares, amistades y relaciones comerciales; podían administrar bienes; mantener correspondencia; recibir personas en sus domicilios y establecer vínculos con diferentes grupos sociales.

En el caso de María Teresa Medina, esas condiciones fueron utilizadas para favorecer la actividad de simpatizantes de la insurgencia.

Su caso también muestra que la participación femenina en la Independencia no tuvo una sola modalidad. Mientras algunas mujeres acompañaron a los ejércitos, otras actuaron como mensajeras, espías, enfermeras, proveedoras, financiadoras o participantes en conspiraciones.

Algunas fueron perseguidas, encarceladas o ejecutadas. Otras consiguieron evitar penas mayores gracias a sus vínculos familiares o sociales. La respuesta de las autoridades dependió de las circunstancias particulares de cada caso.

El descubrimiento de la conspiración

La actividad del grupo al que estaba vinculada María Teresa Medina finalmente fue detectada por las autoridades virreinales.

El descubrimiento colocó a la xalapeña en una situación de riesgo debido a su relación con los conspiradores y a la utilización de su vivienda para encuentros de simpatizantes independentistas.

Las fuentes históricas señalan que la posición de su esposo tuvo importancia para evitar que enfrentara una de las penas más severas. Manuel de la Sota Riva tenía vínculos con las instituciones de la Corona, lo que le permitió intervenir en favor de su esposa.

De acuerdo con el relato histórico difundido por el INEHRM, María Teresa Medina tuvo que comprometerse a no continuar con actividades relacionadas con la conspiración y posteriormente fue expulsada de Xalapa.

La salida de su ciudad de origen representó una consecuencia directa de su actividad política.

No se trató únicamente de una advertencia privada. La expulsión significó romper con el entorno social en el que había desarrollado su vida familiar y en el que había establecido los vínculos utilizados para apoyar la causa insurgente.

La persecución también revela las dificultades que enfrentaban las mujeres que participaban en actividades consideradas políticas por las autoridades coloniales. Su actuación podía ser vigilada y castigada incluso cuando no estuvieran involucradas en acciones militares.

Xalapa y la Independencia

La historia de María Teresa Medina también permite ampliar la mirada sobre el papel de Veracruz durante la guerra de Independencia.

El territorio veracruzano tenía importancia estratégica por su conexión con el puerto de Veracruz, principal vía marítima de comunicación entre la Nueva España y España. Xalapa, ubicada en la ruta entre el puerto y la Ciudad de México, tenía además una posición relevante para el tránsito de personas, mercancías e información.

La ciudad había adquirido importancia económica desde las ferias comerciales y mantenía una sociedad integrada por comerciantes, funcionarios, militares, propietarios y familias vinculadas con diferentes regiones.

Ese contexto facilitó la circulación de ideas políticas durante los años de crisis de la monarquía española.

La invasión napoleónica de España en 1808, la abdicación de Carlos IV y Fernando VII, y la formación de juntas de gobierno en distintos territorios modificaron el escenario político de la monarquía.

En la Nueva España, esos acontecimientos provocaron debates sobre la legitimidad del gobierno, la soberanía y la posibilidad de establecer nuevas formas de representación.

Cuando comenzó la insurrección de 1810, esas discusiones se incorporaron a los movimientos clandestinos que aparecieron en distintas ciudades.

La participación de mujeres como María Teresa Medina formó parte de ese proceso.

Más que una figura aislada, su caso se inserta en una red más amplia de mujeres que participaron en la Independencia mediante actividades que durante mucho tiempo quedaron fuera de las narraciones centradas en los dirigentes militares.

Una historia que permaneció fuera de los relatos centrales

La figura de María Teresa Medina no alcanzó la misma presencia en la memoria histórica que Josefa Ortiz de Domínguez o Leona Vicario. Sin embargo, su trayectoria comparte con ellas un elemento fundamental: la participación de mujeres en actividades políticas durante la crisis del régimen colonial.

La diferencia está en las circunstancias y en el espacio desde el que actuaron.

Josefa Ortiz de Domínguez estuvo vinculada con la conspiración de Querétaro y avisó a los insurgentes sobre el descubrimiento de los planes. Leona Vicario participó en redes clandestinas, proporcionó recursos y colaboró con los insurgentes.

María Teresa Medina desarrolló su actividad desde Xalapa, dentro de un entorno social distinto y aprovechando las posibilidades que le proporcionaban su posición económica y sus relaciones.

La historia de estas mujeres permite entender que la Independencia no fue únicamente una sucesión de batallas.

El movimiento necesitó personas que transmitieran información, consiguieran recursos, trasladaran mensajes, proporcionaran alojamiento y establecieran contactos. Esas tareas podían realizarse lejos del campo de batalla y, en muchos casos, desde espacios considerados domésticos.

Precisamente por ello, una perspectiva de género permite revisar qué actividades fueron consideradas históricamente como participación política y cuáles quedaron relegadas a la esfera privada.

La casa de María Teresa Medina constituye un ejemplo de esa frontera difusa. El domicilio familiar, aparentemente apartado de la actividad militar, podía convertirse en un espacio de organización política.

El dinero aportado para respaldar la junta insurgente constituye otro elemento importante. La participación económica también fue una forma de intervención en el conflicto, aunque durante mucho tiempo las narraciones históricas privilegiaron a quienes portaron armas.

La expulsión de Xalapa demuestra, además, que las autoridades identificaron su participación como suficientemente relevante para imponerle una consecuencia concreta.

De Xalapa a la Ciudad de México

Después de abandonar Xalapa, María Teresa Medina se trasladó a la Ciudad de México. La información disponible sobre esta etapa de su vida es mucho más limitada que la correspondiente a los años de conspiración.

Las fuentes regionales han señalado distintos episodios posteriores, pero no todos cuentan con el mismo nivel de documentación. Por ello, los datos sobre su vida después de la salida de Xalapa deben manejarse con cautela y distinguirse de las referencias históricas mejor sustentadas.

Su trayectoria posterior coincidió con los últimos años de la guerra independentista y con la transformación política que llevó al establecimiento del Primer Imperio Mexicano.

La independencia fue consumada en 1821, once años después del levantamiento encabezado por Hidalgo.

Para entonces, muchas de las mujeres que habían participado en la insurgencia ya habían sufrido persecución, encarcelamiento, confiscación de bienes, desplazamiento o pérdida de familiares.

En otros casos, sus contribuciones quedaron registradas de manera fragmentaria en expedientes judiciales, testimonios y estudios posteriores.

La ausencia de información abundante sobre María Teresa Medina después de su salida de Xalapa es también parte de la historia que debe analizarse.

Durante mucho tiempo, los relatos sobre la Independencia privilegiaron a los dirigentes políticos y militares y dejaron en segundo plano a quienes participaron en tareas consideradas secundarias.

La revisión histórica de esas fuentes ha permitido recuperar nombres y episodios que muestran la diversidad de la participación femenina.

El significado de su papel desde una perspectiva de género

La importancia histórica de María Teresa Medina no radica únicamente en que haya participado en una conspiración independentista. Su caso permite observar cómo una mujer de la sociedad xalapeña utilizó los recursos disponibles dentro de las restricciones de su época para intervenir en un conflicto político.

No tuvo un cargo militar ni encabezó una fuerza armada. Su participación ocurrió mediante mecanismos que estaban al alcance de una mujer de su posición: su domicilio, sus relaciones sociales, sus recursos económicos y sus contactos.

Esas herramientas adquirieron una dimensión política cuando fueron utilizadas para apoyar a personas que buscaban modificar el orden establecido.

La perspectiva de género permite colocar esas acciones dentro de la historia de la Independencia sin medirlas únicamente con los parámetros de la participación masculina.

La contribución de una mujer no necesariamente tenía que expresarse mediante el combate para formar parte del proceso político.

La organización clandestina también implicaba riesgos. Una reunión descubierta podía conducir a interrogatorios, procesos judiciales o represalias. El suministro de dinero podía ser considerado colaboración con la insurgencia. El alojamiento de simpatizantes podía convertir una vivienda particular en objeto de vigilancia.

En ese contexto, la actuación de María Teresa Medina tuvo consecuencias personales y familiares.

Su historia también muestra las contradicciones de la sociedad novohispana. Estaba casada con un hombre vinculado con la Corona, pero ella mantuvo relaciones con personas que respaldaban la insurgencia. Esa diferencia demuestra que las posiciones políticas dentro de una misma familia no necesariamente eran uniformes.

María Teresa Medina de la Sota Riva forma parte, por ello, de un grupo de mujeres cuya participación en la Independencia ha sido recuperada a partir de investigaciones históricas que amplían el relato tradicional.

Su nombre está asociado con Xalapa y con una conspiración que buscó organizar apoyo a la insurgencia en una ciudad estratégica de Veracruz.

La documentación disponible permite identificar varios elementos de su actuación: su vínculo con los grupos independentistas, el uso de su casa como espacio de reunión, la aportación de recursos para una junta insurgente y la posterior intervención de las autoridades virreinales, que terminó con su salida de Xalapa.

Su historia quedó durante décadas lejos de las figuras más conocidas de la Independencia. Sin embargo, el caso de María Teresa Medina muestra que la lucha por la separación de la Nueva España de la monarquía española también tuvo escenarios domésticos y protagonistas femeninas que actuaron desde ciudades como Xalapa.

Recuperar su trayectoria permite incorporar a la memoria histórica una participación que no ocurrió en los campos de batalla, pero que formó parte de las redes civiles y clandestinas que sostuvieron el movimiento independentista.