Maru Campos

*IMPRONTA

/ Carlos Miguel Acosta Bravo /

En política existe una paradoja que se repite con frecuencia, los gobiernos suelen creer que la mejor manera de debilitar a un adversario es confrontarlo públicamente. Sin embargo, cuando esa ofensiva no logra destruirlo, muchas veces termina fortaleciéndolo. La historia política mexicana ofrece numerosos ejemplos, como el de Andrés Manuel López Obrador en el 2000 y, en este momento, todo indica que la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, podría estar transitando precisamente por ese camino.

Lo que comenzó como un conflicto entre el Gobierno Federal, Morena y la administración estatal chihuahuense ha evolucionado hacia algo mucho más relevante. La solicitud de juicio político, las acusaciones relacionadas con la presencia de agentes extranjeros y la movilización política impulsada por dirigentes nacionales morenistas no han producido el aislamiento político que probablemente buscaban sus promotores. Por el contrario, han generado una reacción de respaldo que trasciende las fronteras de Chihuahua.

La imagen que emerge es significativa. En torno a Maru Campos han cerrado filas actores que habitualmente no siempre coinciden en estrategia o liderazgo. El senador Ricardo Anaya, los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, además de importantes sectores del Partido Acción Nacional. La gobernadora ha dejado de ser vista únicamente como una mandataria estatal para convertirse en un símbolo de resistencia frente al oficialismo.

La construcción involuntaria de un mártir político. Los liderazgos opositores suelen construirse de dos maneras. Mediante el éxito electoral o mediante la confrontación con el poder. En ocasiones, la segunda resulta más efectiva que la primera.

Andrés Manuel López Obrador construyó buena parte de su liderazgo nacional durante el proceso de desafuero impulsado por el gobierno de Vicente Fox. Lo que buscaba ser un golpe político terminó convirtiéndose en una plataforma de victimización que fortaleció su narrativa y amplió su base de apoyo.

Algo similar parece estar ocurriendo, en menor escala, con Maru Campos. La narrativa que comienza a consolidarse entre sectores opositores es sencilla pero políticamente poderosa, no se está investigando a una gobernadora por posibles irregularidades, sino persiguiendo a una figura incómoda para Morena. Mientras esa percepción prevalezca en la opinión pública, la gobernadora seguirá acumulando capital político.

El error de nacionalizar el conflicto. Morena parece haber cometido un error estratégico al convertir un conflicto estatal en una disputa nacional.

Cuando dirigentes nacionales, legisladores federales y operadores políticos del oficialismo intervienen directamente en un asunto local, elevan automáticamente el perfil del adversario. Lo que antes era un problema regional se transforma en un tema de alcance nacional.

La movilización realizada en Chihuahua y las posteriores expresiones de apoyo hacia Campos terminaron otorgándole una visibilidad que difícilmente habría conseguido por sí sola. En vez de aparecer como una gobernadora defendiendo su administración, comenzó a proyectarse como una figura enfrentada al aparato político del partido gobernante.

El vacío de liderazgo en la oposición. Otro elemento que explica el crecimiento político de Maru Campos es la ausencia de liderazgos opositores claramente dominantes.

Tras la elección presidencial de 2024, la oposición mexicana continúa buscando referentes nacionales con capacidad de competir frente al poder de Morena. Ricardo Anaya conserva presencia política, pero también niveles importantes de desgaste. Xóchitl Gálvez mantiene reconocimiento público, aunque lejos de la centralidad que tuvo durante la campaña presidencial. Los gobernadores de oposición poseen influencia regional, pero pocos han logrado trascender sus estados.

En ese contexto, Campos reúne características que la vuelven atractiva para amplios sectores opositores. Gobierna una entidad estratégica en la frontera norte, tiene experiencia electoral, representa una nueva generación de liderazgos femeninos y ha demostrado capacidad para resistir la presión política del Gobierno Federal.

La ruta hacia 2030. Todavía es prematuro afirmar que Maru Campos sea la líder nacional de la oposición. Tampoco puede asegurarse que aspire o llegue a convertirse en candidata presidencial.

Sin embargo, sí resulta evidente que su nombre comienza a incorporarse en conversaciones donde antes no aparecía. Cada ataque político la coloca en el radar nacional; cada muestra de respaldo fortalece su posicionamiento; cada confrontación con Morena amplía su proyección más allá de Chihuahua.

Paradójicamente, la principal amenaza para el oficialismo no es que Maru Campos gane hoy una batalla política. El verdadero riesgo es que, al intentar debilitarla, termine convirtiéndola en el rostro más visible de una oposición que aún busca liderazgo.

La historia demuestra que los mártires políticos rara vez son fabricados por sus seguidores. Generalmente son construidos por sus adversarios. Y si Morena no logra demostrar con claridad y contundencia las acusaciones que impulsa contra la gobernadora, podría descubrir demasiado tarde que la ofensiva contra Maru Campos terminó siendo la mejor campaña de posicionamiento político de su carrera.

Porque en política, como en la guerra, no siempre gana quien dispara más fuerte. A veces pierde quien le entrega a su adversario la oportunidad de convertirse en símbolo.

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Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte  del cuerpo académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte.