*La investigación de Femaleader México analizó 3.8 millones de menciones en redes y plataformas digitales durante 12 meses.
29.10.2026 /CimacNoticias.com/ Más de 551 mil menciones digitales que contienen términos agresivos dirigidos a mujeres con presencia pública fueron identificadas en México durante un año, en un universo de 3.8 millones de menciones analizadas por Femaleader México, que advierte sobre la necesidad de desarrollar herramientas para detectar patrones de violencia digital sin confundir el lenguaje ofensivo con agresiones verificadas.
El estudio Mujeres bajo el fuego digital. Violencia digital contra las mujeres y manosfera en México. Evidencia para proteger sin censurar examinó 3 millones 813 mil 226 menciones públicas recuperadas entre el 25 de agosto de 2025 y el 24 de agosto de 2026. La investigación combinó escucha social digital, análisis de grandes volúmenes de datos (Big Data), inteligencia artificial y revisión humana especializada.
Entre sus hallazgos, el informe identificó a 63 mujeres con voz pública que aparecieron en la conversación digital, aunque no eran el objetivo inicial del estudio. De las menciones analizadas, 823 mil 478 estuvieron relacionadas con alguna de ellas; 551 mil 229 contenían términos agresivos de acuerdo con los filtros léxicos utilizados por la investigación.
Esta última cifra equivale a 14.46 por ciento del total del corpus analizado. Entre las menciones clasificables dirigidas a estas mujeres, representa 67.07 por ciento.
El informe precisa que estas cifras no equivalen a agresiones confirmadas ni permiten determinar, por sí solas, cuántos delitos se cometieron. Se trata de menciones que contienen términos identificados mediante categorías de análisis y que requieren interpretación contextual.
La distinción es importante porque una misma palabra puede aparecer en un insulto, una denuncia, una noticia, una cita o una expresión que rechaza la violencia. Por ello, las autoras advierten que el volumen de publicaciones y la presencia de vocabulario ofensivo no bastan para establecer la existencia de una agresión.
La descalificación también reproduce desigualdades de género
La investigación identificó que las expresiones relacionadas con la patologización emocional y los ataques a la apariencia física y al cuerpo figuran entre los repertorios más frecuentes dentro de la categoría de odio y sexismo.
El estudio contabilizó 113 mil 004 coincidencias relacionadas con la patologización emocional y 82 mil 692 asociadas con la apariencia y el cuerpo. También registró expresiones de desprecio por razones de género y dobles estándares sexuales.
Estas formas de descalificación pueden reproducir estereotipos que cuestionan la capacidad, la credibilidad o la legitimidad de las mujeres para participar en la vida pública. Sin embargo, el informe insiste en que la clasificación de una expresión requiere considerar el contexto en el que aparece.
Entre las figuras analizadas, el estudio encontró patrones de insultos dirigidos a mujeres de la política, el periodismo y otros espacios públicos. La palabra «pendeja» encabezó el vocabulario ofensivo dirigido a ocho de las 12 mujeres con más menciones en el análisis específico.
En el caso de la presidenta Claudia Sheinbaum, el estudio identificó expresiones que aluden a su origen y condición social, mientras que para la senadora Lilly Téllez destacó el uso de términos que cuestionan su estabilidad emocional.
Estos ejemplos muestran que, además de los insultos compartidos, existen expresiones que permiten observar formas particulares de descalificación dirigidas a determinadas mujeres.
El informe también encontró que la exposición digital puede aumentar de manera abrupta. Al comparar la actividad habitual de cada una de las 63 mujeres con su jornada de mayor exposición, el incremento fue de 44 veces en la mediana de los máximos diarios.
Esta variación no significa que todas hayan enfrentado el mismo nivel de violencia ni permite medir por sí sola la gravedad de los ataques. Señala, en cambio, la importancia de observar los episodios de mayor actividad y revisar qué ocurrió durante ellos.
Aumentan las narrativas asociadas con la manosfera
Otro de los hallazgos se relaciona con la manosfera, entendida en el estudio como un ecosistema heterogéneo de comunidades y narrativas masculinistas o antifeministas que circulan en espacios digitales.
La investigación identificó coincidencias relacionadas con la jerarquía de los hombres entre figuras consideradas «alfa» y «beta», comunidades incel, la llamada «píldora negra», la minimización de la violencia contra las mujeres y los discursos sobre supuestos mitos de violación y falsas denuncias.
Las coincidencias asociadas con la manosfera pasaron de 3 mil 60 en junio a 6 mil 761 en julio de 2026, un incremento de 120.9 por ciento.
El documento señala que estos repertorios pueden contribuir a desacreditar a las víctimas de violencia sexual, ridiculizar a quienes expresan solidaridad con las mujeres y cuestionar a quienes defienden sus derechos.
No obstante, las autoras subrayan que identificar una expresión relacionada con estos discursos no demuestra que quien la utiliza comparta necesariamente una posición ideológica determinada. Las categorías funcionan como herramientas para identificar patrones que después deben revisarse.
En el conjunto de las cuatro macrocategorías analizadas —discurso de odio contra las mujeres, violencia digital, manosfera y notas informativas—, el discurso de odio y sexismo registró 286 mil 49 coincidencias; la categoría de violencia digital, 116 mil 918; las notas informativas, 59 mil 265, y la manosfera, 53 mil 59.
Estas cantidades no deben sumarse como si correspondieran a grupos independientes, pues una misma mención puede activar más de una categoría.
Big Data e inteligencia artificial para anticipar riesgos
Frente a estos patrones, Mujeres bajo el fuego digital explora si las herramientas que se utilizan para analizar tendencias de consumo y comportamiento pueden contribuir a detectar señales de riesgo para las mujeres en los espacios digitales.
El estudio propone cuatro indicadores para desarrollar sistemas de alerta temprana: los cambios respecto del comportamiento habitual, el crecimiento acelerado de determinadas narrativas, la persistencia de los mensajes y su repetición.
Uno de los episodios examinados ocurrió el 4 de noviembre de 2025, cuando la conversación digital registró un incremento de 106.8 por ciento respecto del promedio de los 28 días anteriores, después de una intervención pública de una senadora.
La investigación también observó diferencias en la forma en que se distribuyen las conversaciones: mientras un episodio se dispersó en mil 855 hilos, otro se concentró en 214.
Esta diferencia importa para las estrategias de seguimiento, pues una conversación dispersa exige observar múltiples espacios, mientras que una concentrada permite identificar los principales hilos y analizar si sus narrativas comienzan a extenderse.
Sin embargo, el informe advierte que un aumento repentino de actividad no demuestra por sí mismo que haya ocurrido un incremento de la violencia ni que existan ataques coordinados. Para establecerlo se requiere información adicional y una revisión contextual.
Las autoras también reconocen que las herramientas de análisis no capturan toda la conversación digital. Las posibilidades de recuperación varían entre plataformas y, en algunos casos, el texto disponible no refleja lo que se comunica mediante imágenes o audios.
Por ello, el estudio plantea una ruta de observación y evaluación, no un sistema predictivo plenamente validado. Para convertir los indicadores en alertas operativas sería necesario comprobar si anticipan episodios relevantes, con cuánta anticipación y cuántas falsas alarmas producen.
Proteger sin censurar
La propuesta de Femaleader México es utilizar la escucha social digital, la inteligencia artificial y el análisis interdisciplinario para fortalecer las capacidades de prevención, atención y evaluación de instituciones, organizaciones y liderazgos.
La investigación plantea que estas herramientas pueden ayudar a identificar episodios críticos, preservar evidencia y evaluar los resultados de protocolos, campañas e intervenciones públicas.
No obstante, advierte que la detección automatizada no debe sustituir las decisiones jurídicas o institucionales ni convertir cada expresión sexista en un posible delito.
El estudio sostiene que las intervenciones deben considerar el contexto, la intención, el contenido, el alcance y la probabilidad de daño, además de respetar los principios de legalidad, necesidad y proporcionalidad.
En ese sentido, la inteligencia artificial puede facilitar el procesamiento de millones de menciones, pero las decisiones sensibles deben permanecer bajo supervisión humana y sujetarse a criterios jurídicos y de derechos humanos.
«No basta con medir la violencia digital. Hay que comprenderla para anticiparla, actuar a tiempo y saber qué funciona para combatirla», señala Catalina Aguilar Oropeza, directora de Femaleader México.
La investigación fue elaborada por Catalina Aguilar Oropeza, Sandra Carolina Muñoz Jaime y Maria Ana Aguilar Oropeza. Sus resultados constituyen un ejercicio exploratorio: ofrecen indicadores para comprender la circulación de narrativas hostiles contra las mujeres, pero no una medición de la prevalencia nacional de la violencia digital ni un registro de víctimas o delitos comprobados.

