*IMPRONTA
/ Carlos Miguel Acosta Bravo /
La autorización para aumentar las exportaciones de azúcar mexicana hacia Estados Unidos llega en un momento decisivo para la industria nacional. Después de varios años de bajos precios, exceso de producción, inventarios acumulados y dificultades financieras, la medida representa un respiro para miles de productores, trabajadores y comunidades que dependen de esta actividad.
Para el ciclo azucarero 2026-2027, México tendrá un cupo garantizado cercano a las 576 mil toneladas, casi 388 mil toneladas más que en el periodo anterior. Incluso se ha señalado que las exportaciones podrían aumentar hasta 512 por ciento, dependiendo de las necesidades del mercado estadounidense.
La cifra parece espectacular, pero debe entenderse con cuidado. No significa que toda la industria mexicana crecerá cinco veces ni que todos los ingenios multiplicarán sus ganancias. El porcentaje se compara con un periodo de exportaciones especialmente bajas. Aun así, la apertura representa una oportunidad importante para sacar del mercado nacional una parte del azúcar almacenada y mejorar los precios.
Uno de los principales problemas de la industria ha sido la sobreoferta. Cuando existe demasiado producto y pocas posibilidades de venta, el precio cae. Esto afecta primero a los ingenios, pero finalmente termina golpeando al productor de caña, cuyo ingreso depende del valor al que se comercializa el azúcar.
Al aumentar las exportaciones, podrían disminuir los inventarios, mejorar la liquidez de los ingenios y elevarse el pago por tonelada de caña. También existirían mejores condiciones para financiar la siguiente zafra, conservar empleos y evitar que parte de la cosecha quede abandonada en el campo.
El beneficio no sería únicamente para los empresarios. De esta actividad viven productores, cortadores, obreros, transportistas, mecánicos, comerciantes y pequeños prestadores de servicios. En muchas regiones del país, el ingenio es el centro de la economía local. Cuando una fábrica deja de operar, no solamente se pierde una fuente de empleo, se paraliza el comercio y se afecta la vida de comunidades completas.
El caso del ingenio El Potrero, ubicado en Atoyac, Veracruz, muestra la gravedad del problema. Organizaciones campesinas han advertido sobre el riesgo de cierre y sobre las consecuencias que esto tendría para decenas de miles de personas.
El Potrero concluyó la zafra 2025-2026 después de 167 días de molienda y mantuvo niveles productivos competitivos. Esto indica que sus dificultades no necesariamente provienen de una incapacidad para producir, sino de factores como la caída de precios, las deudas, los altos costos de operación y los problemas para comercializar los inventarios.
La nueva cuota de exportación podría darle oxígeno. Vender más azúcar permitiría obtener ingresos, liberar bodegas y mejorar las condiciones para iniciar una nueva zafra. Sin embargo, sería un error pensar que esta autorización resolverá automáticamente todos sus problemas.
Para garantizar la permanencia de El Potrero y de otros ingenios será necesario revisar su situación financiera, los adeudos con trabajadores y productores, así como los planes de inversión de sus propietarios. Una fábrica no se salva solamente con una buena temporada de ventas; requiere administración responsable, mantenimiento, modernización y transparencia.
También será fundamental conocer cómo se distribuirá la cuota de exportación. Si la mayor parte queda en manos de los grupos azucareros más grandes, los ingenios con mayores dificultades podrían recibir pocos beneficios. El Gobierno mexicano tendrá que establecer reglas claras y evitar que la oportunidad sea aprovechada únicamente por unas cuantas empresas.
El otro riesgo es que, al retirar una mayor cantidad de azúcar del mercado nacional, los precios aumenten demasiado para los consumidores y para la industria alimentaria. La meta debe ser encontrar un equilibrio, mejorar el ingreso de los cañeros sin provocar un encarecimiento excesivo del producto.
La ampliación de las exportaciones también debería aprovecharse para transformar a la industria. México no puede limitarse a producir azúcar y esperar cada año que Estados Unidos amplíe sus compras.
Los ingenios necesitan modernizar su maquinaria, reducir costos, mejorar su eficiencia y aprovechar todos los derivados de la caña. Además del azúcar, pueden producir electricidad, alcohol, etanol, fertilizantes y otros productos que les permitirían diversificar sus ingresos.
También se requiere combatir el contrabando, vigilar las importaciones y establecer una regulación más efectiva para los jarabes de alta fructosa, que compiten directamente con el azúcar nacional.
La nueva cuota de exportación es una buena noticia. Puede mejorar los precios, liberar inventarios, conservar empleos y disminuir el riesgo de cierre de ingenios como El Potrero. Pero no debe confundirse con una solución definitiva.
México tiene frente a sí una ventana de oportunidad. Puede utilizarla únicamente para resolver la emergencia del momento o aprovecharla para modernizar y fortalecer a toda la industria azucarera.
El verdadero éxito no se medirá solamente por la cantidad de azúcar que se venda a Estados Unidos, sino por la capacidad de convertir esos ingresos en estabilidad para los productores, seguridad para los trabajadores y desarrollo para las comunidades cañeras del país.
Comente u opine a:
[email protected]
Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte.


