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07.01 2026. Ciudad de México – El Refugio Franciscano, ubicado en la alcaldía Cuajimalpa, se convirtió en el epicentro de una confrontación que involucra a particulares, autoridades capitalinas y colectivos animalistas.
Desde la noche del 6 de enero yks mañana del 7 de enero, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, dirigio un operativo de gran escala para retirar a más de 900 perros y gatos del predio, bajo el argumento de que se encontraban en condiciones de maltrato, hacinamiento y negligencia grave.
El despliegue de fuerzas de seguridad y personal especializado fue de tal magnitud que diversos sectores reprocharon que tales operativos no s aplique contra el crimen organizado, lo que generó críticas y suspicacias sobre los verdaderos intereses detrás de la intervención.
El gobierno capitalino informó que la acción derivó de una orden judicial y de peritajes realizados por la Fiscalía General de Justicia y la Procuraduría Ambiental, que concluyeron que los animales sufrían crueldad y requerían atención veterinaria urgente.
Según Brugada los ejemplares fueron trasladados a instalaciones oficiales, entre ellas la Brigada de Vigilancia Animal, el Hospital Veterinario de la CDMX y un albergue de la Sedema en el Ajusco, donde recibirán cuidado y alimentación.
Sin embargo, activistas y vecinos denunciaron que el operativo responde más a una disputa por el terreno que a una verdadera preocupación por el bienestar animal. Señalaron que una fundación privada busca construir un complejo habitacional en el predio, lo que explicaría la presión ejercida sobre el refugio.
En las horas posteriores al operativo, grupos de defensores de animales bloquearon calles en Cuajimalpa y exigieron transparencia sobre el destino de los perros y gatos retirados.
También pidieron el cese del acoso policial contra el Refugio Franciscano, que durante décadas ha funcionado como espacio de resguardo para animales abandonados.


Los manifestantes acusaron que las autoridades no han proporcionado información clara sobre las condiciones en que se encuentran los ejemplares ni sobre los planes futuros para el predio.
El Refugio Franciscano tiene una larga trayectoria en la protección de animales en la Ciudad de México. Fundado hace más de 40 años, se convirtió en uno de los espacios más reconocidos por su labor de rescate y cuidado de perros y gatos sin hogar.
Sin embargo, en los últimos años enfrentó denuncias por sobrepoblación y falta de recursos, lo que derivó en cuestionamientos sobre la calidad de vida de los animales.
La disputa legal por el terreno intensificó las tensiones, pues mientras los administradores del refugio defendían su labor altruista, particulares reclamaban la propiedad del espacio y promovían proyectos inmobiliarios.
El operativo encabezado por Clara Brugada marca un punto de quiebre en esta historia.
Para el gobierno capitalino, se trató de un rescate necesario para garantizar el bienestar de cientos de seres sintientes.
Para los defensores del refugio y colectivos animalistas, fue un acto de despojo disfrazado de protección, que pone en riesgo la continuidad de un espacio emblemático de la defensa animal en la ciudad en favor de la construcción de un bloque de concreto para viviendas.
La disputa por el Refugio Franciscano, más allá de los argumentos legales y sanitarios, refleja el choque entre intereses inmobiliarios, políticas públicas de bienestar animal y la exigencia ciudadana de transparencia y respeto.












