Menstruación digna mientras se migra por México.

*Foto: Operativo de la policía estatal del Estado de México en la zona de Lechería. Retienen aproximadamente a 40 personas entre ellas a dos mujeres. Se los llevan detenidos y no hubo información sobre su destino. Abril de 2007. Lechería, Estado de México. (Javier García)

/ Nefertari Leonor Hernández Fuentes y Jimena Avelar Antonio/

17.06.2026 Desinformémonos.- “El dolor empezó como un hilo fino en el vientre, algo difícil de ignorar pues sentía que la cintura se me iba a partir en dos y las piernas se me acalambraban”, nos cuenta Elena,mujer colombiana de 46 años que descansa hoy en las literas de la Casa de Acogida y Formación para Mujeres y Familias Migrantes (CAFEMIN) ubicada en el norte de la Ciudad de México, espacio dedicado a brindar refugio y acompañamiento integral a mujeres, niños y familias vulnerables en situación de movilidad. Para Elena, el miedo en la selva del Darién no siempre tuvo forma de jaguar o de algo desconocido que pudiera hacerle daño a ella o a su familia. A veces, el miedo tenía forma de una mancha roja en el pantalón.

Cuando estás caminando por días, lo último que piensas es en tu periodo, pero el cuerpo no perdona, me llegó la regla en plena ruta y yo no tenía nada. Usé pedazos de una camiseta vieja que llevaba, pero la humedad del clima y la falta de agua para enjuagarme me causaron rozaduras que casi no me dejaban caminar.”

La experiencia de Elena no es un caso único, es el reflejo de un sistema que ignora las necesidades básicas de las mujeres en movilidad. La falta de productos de higiene y espacios privados y seguros se conoce como pobreza menstrual y en este contexto migratorio se vuelve una tortura silenciosa, que se invisibiliza en la mayoría de los casos.

En el tránsito migratorio, el dinero se prioriza para comida o transporte. En la ruta, un paquete de toallas sanitarias puede costar el equivalente a un día de alimentación, por eso, muchas mujeres deben elegir entre comer o comprar lo que necesitan para su periodo menstrual, sumado a esto no les sirve de nada tener una toalla sanitaria limpia si no hay un baño privado donde cambiarla o agua para lavarse las manos y el cuerpo. La pobreza menstrual puede derivar en infecciones urinarias y vaginales graves que, sin atención médica, pueden incapacitar a una mujer durante su viaje, volviéndolo más complicado de lo que ya es.

El Informe alternativo al Estado Mexicano sobre la situación de las mujeres en movilidad humana presentado en 2025 al Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW) de la ONU, organizaciones civiles y defensoras de las personas migrantes exponen una realidad alarmante: para las mujeres migrantes, la falta de acceso a productos básicos de higiene es una forma de violencia, y abunda que la carencia de kits de dignidad obliga a miles de mujeres a recurrir a métodos improvisados y poco higiénicos, poniendo en riesgo su salud y su integridad.

Un grupo de mujeres migrantes, se trasladan en tren rumbo a Estados Unidos. Tramo Arriaga, Chiapas a Unión Hidalgo, Oaxaca. Marzo de 2009. Foto: Javier García

El cuerpo: tabú y resistencia

Para sobrevivir a la falta de higiene en el tránsito por las rutas migratorias, las mujeres convierten lo poco que tienen en herramientas de emergencia, por ejemplo, rompiendo sabanas, usando sus calcetines, usando hojas con telas o recolectando pedazos de algodón para soportar las largas caminatas.

Así como Elena, muchas otras mujeres aprender a caminar en silencio, ocultando el dolor de las rozaduras y la humedad para no retrasar al grupo, cuidando cada gota de agua como si fuera oro, pues prefieren pasar sed antes que no tener con que limpiar la sangre de sus cuerpos. Y aun pasando sed, no logran tener la higiene y mucho menos el descanso que necesitan durante su periodo menstrual. Gozar de una menstruación digna es una lucha diaria donde su ingenio es lo único que respalda a estas mujeres migrantes y les protege de enfermedades y vergüenza de un cuerpo que en plena ruta parece ser su propio enemigo.

El impacto emocional que esto trae en las mujeres migrantes es profundo. Durante la cobertura que Somos el Medio realizó sobre el tema en CAFEMIN, las mujeres migrantes afirmaron que caminar durante días en lugares desconocidos les genera miedo incontrolable, y hacerlo además con la sensación de estar sucias o expuestas por su menstruación les genera una ansiedad constante, pues este proceso natural se transforma en un proceso humillante y de vergüenza. La falta de espacios privados las hace sentir exhibidas, dañando su autoestima en momentos donde ya se sienten vulnerables. Esta carga psicológica es aún más pesada que las grandes mochilas que cargan, dejando en ellas cicatrices que tardan mucho en sanar más que cualquier herida en su piel.

La información antes mencionada fue tomada de testimonios de mujeres migrantes con las que pudimos conversar en el albergue CAFEMIN, es decir, pensado y hablado desde ser migrante, pero también nos dimos a la tarea de contactar a una especialista en el tema, la cual nos compartió información sobre la salud menstrual, protocolos por parte de migración, el impacto emocional, entre otras cosas que viven las mujeres en el trayecto migratorio.

En entrevista para este medio, la activista, feminista y periodista Kaya González afirma que si existen algunos lineamientos humanitarios de salud sexual y reproductiva, impulsados por algunos organismos internacionales como OIM, UNICEF y organizaciones locales, pero en la práctica siguen siendo insuficientes, fragmentados y bastante poco accesibles a la información; que la salud menstrual rara vez aparece como prioridad dentro de las políticas migratorias o incluso dentro de los protocolos de los espacios de albergues, refugios, etc. Por lo que muchas mujeres migrantes desplazadas y rechazadas, dependen más de redes comunitarias y de colectivas que dé una respuesta institucional sostenida.

Migrar con dignidad. Autora: Nefertari Hernández

La gestión menstrual termina tratándose como un asunto secundario e incluso se invisibiliza como parte de un derecho y como parte de la salud integral cuando en realidad es un tema que debería ser tratado con dignidad, salud y derecho. Por ejemplo, en el contexto de Monterrey y su zona metropolitana quienes ejercen actividades que están enfocadas o que toman el tema de la salud menstrual con talleres, educación o para brindar insumos, pero solo dos o tres personas colectivas o mujeres autónomas que brindan apoyo de manera organizada, aunque también debe haber otros esfuerzos por ahí.

La salud menstrual no está priorizada dado que históricamente se ha pensado desde miradas masculinizadas, bastante coloniales que consideran el cuerpo de las mujeres en términos reproductivos y la menstruación sigue siendo tratada como algo privado o incomodo, además el dolor y necesidades de las mujeres, desplazadas y pobres que suelen minimizarse mucho más.

González compartió con este diario que dado que la menstruación siempre ha sido estigmatizada y tratada de ocultarse a la hora de dar talleres con adolecentes principalmente hay muy pocas dudas expresadas por parte de ellas y si las hay temen a expresarlas en grupo, notándose así el estigma sobre la menstruación y la inseguridad de las mujeres.

La migración obliga a muchas mujeres a esconder la cuestión corporal, lo que tiene que ver con fluidos, con la sexualidad y todo eso las pone en contextos de extrema vulnerabilidad, las expone a aislamiento, ansiedad y a situaciones de riesgo. Las mujeres que migran buscan como resolver y gestionar su periodo a escondidas, ocultándose, por ejemplo salen de noche a buscar agua para lavar su ropa interior, lavar los paños que se ponen o a conseguir toallas sin que nadie se entere, entonces dónde las van a buscar, entonces en espacios de tránsito o no seguros, se consiguen materiales que se vuelven un riesgo para la salud o evitan la ayuda porque da mucha pena o vergüenza. El silencio alrededor de la menstruación no es neutral, produce vulnerabilidad o más bien engrandece, ensancha estas brechas de vulnerabilidad para las mujeres. Cuando una necesidad básica se vuelve tabú, también se vuelve más difícil exigir condiciones dignas y condiciones seguras.

Una adolescente que viaja sola desde Honduras, se viste de hombre para tratar de pasar desapercibida en Tenosique, Tabasco. Julio de 2005. Foto: Javier García

 

El impacto emocional que podrían tener las mujeres al no poder llevar de manera adecuada su periodo menstrual en un contexto de vulnerabilidad extremo puede generar además de vergüenza, angustia, sensación de pérdida de control, deshumanización. Muchas mujeres expresan en los espacios antes mencionados que su dignidad desaparece cuando no pueden gestionar su menstruación, pero también hay otros temas referentes a la salud sexual, a la salud reproductiva, a la salud en general de la mujer de forma segura e íntima en contexto de desplazamiento donde ya hay miedo, duelos, precariedad, donde ya hubo muchas violencias, invasiones al espacio, al propio cuerpo, la imposibilidad de cuidar ese propio cuerpo profundiza desgaste emocional, la pobreza menstrual no solo se refiere a los productos sino también una experiencia de abandono institucional, social o de falta de redes de este sentido de conexión con la otra o con las otras personas para sentir que hay pertenencia, apoyo y que todavía hay humanidad.

Existen obstáculos a los que las mujeres se enfrentan para una gestión digna. Principalmente económica priorizando siempre la alimentación, la vivienda o algún trámite. La falta de acceso a la información las pone en un estado vulnerable al no enterarse de servicios gratuitos a los que pueden acceder, en este caso hablo de Nuevo León donde, Kaya por su parte reparte mochilas con insumos menstruales o de higiene personal, que también incluye cuadernillos y folletos con información sobre educación sexual, sobre derechos sexuales y reproductivos, temas de interrupción del embarazo, de ITS, entre otros temas. Otro obstáculo al que se enfrentan en su trayecto es la barrera lingüística.

Mentruar y migrar con dignidad

Este reportaje nos demuestra que migrar en un camino muy difícil, lleno de temor, cansancio y sobre todo lleno de necesidades humanas que especialmente para las mujeres se termina convirtiendo en una violencia invisible de la que casi nadie habla.

La menstruación en la ruta migratoria no se trata solo de un detalle de limpieza, es una batalla diaria por no perder la dignidad. Darnos cuenta de lo mucho que sufren las mujeres migrantes durante su periodo, nos hace entender que el sistema las tiene olvidadas, las leyes y protocolos del gobierno existen en un simple documento, pero en la realidad, la salud menstrual de estas mujeres la sostienen ellas mismas y su ingenio de sobrevivencia. El impacto más profundo no es físico, es emocional, pues estas condiciones las terminan orillando a sentir vergüenza de su propio cuerpo, a esconderse en la oscuridad para no sentir pánico por un proceso totalmente natural, el miedo que sienten por una mancha en el pantalón es deshumanizante. Ninguna mujer debería sentir que su propio cuerpo es su enemigo mientras busca una vida y oportunidades mejores. Menstruar con dignidad por su paso por México no es un lujo, ni un favor. Es el derecho más humano y básico que se merecen, cuidar su cuerpo con intimidad, seguridad y respeto.

Un grupo de migrantes Hondureñas, esperan el tren desde hace una semana en la zona de Mactún, Tabasco. Julio de 2005. Foto: Javier García

Necesitamos visibilizar que la menstruación es una cuestión política, migratoria, de justicia social, de salud general. Que la pobreza menstrual no es un tema individual de quienes si pueden o no pagar insumos, si no es una consecuencia de todas las desigualdades estructurales atravesadas por el género, la raza o la clase, necesitamos más que escuchar a los medios hablar de las mujeres migrantes, escucharlas a ellas desde sus experiencias y recordar que gestionar el periodo menstrual no debería ser un privilegio en ningún lugar, sino un derecho humano básico.

Esta pieza fue producida y consolidada en el Taller de periodismo de investigación de la UACM, SLTZ.