México 2026: “Un año para dignificar las voces invisibilizadas”

*Editorial

01.01.2025. México.- La deuda histórica con las víctimas en México como madres buscadoras, familias de desaparecidos, comunidades desplazadas por el narcotráfico, víctimas de trata, de trafico de personas, de falta de medicamentos, de políticas criminales de migración, feminicidios, abuso infantil, extorsiones, carteles inmobiliarios, víctimas de narcopoliticos, entre otros delitos inventados por los carteles en México para atacar a la población indefensa, siguen siendo la herida abierta que marca el inicio de 2026.

Los datos duros muestran que, pese a discursos oficiales de reducción en homicidios, la violencia se transforma y se oculta, dejando a millones de mexicanas y mexicanos fuera de las estadísticas y de la memoria pública.

El 2026 debe ser el año en que México deje de ocultar sus heridas y se les enfrente con acciones concretas, reales, sin simulaciones. Atender integralmente a las madres buscadoras, reconocer a los desplazados internos a los que no se les brinda ningún apoyo lanzandoles a la pobreza y marginación. Garantizar verdad y reparación son pasos indispensables para construir un país que no solo contabilice menos homicidios, sino que realmente avance hacia la paz.

Dignificar las voces invisibilizadas no es un lema: es la exigencia de un país que no puede seguir negando su tragedia e imposibilitando la deuda histórica hacia las víctimas de la violencia, que se niega o se minimiza.

Madres buscadoras, familias de desaparecidos y comunidades desplazadas por el narcotráfico, niños, niñas y mujeres, cosificadas, asesinadas bajo la justificación de que es la delincuencia o el ejército, a quienes se les ampara, Ellas y ellos siguen siendo el rostro de una tragedia que no se resuelve con discursos oficiales ni con estadísticas maquilladas.

El país acumula más de 110 mil personas desaparecidas, según el Informe Nacional de Personas Desaparecidas 2025, y tan solo en el último año se registraron alrededor de 14 mil nuevos casos.

Mientras tanto, el gobierno presume una reducción del 40 por ciento en homicidios, pero omite que las y los desaparecidos aumentan y la violencia se transforma; se oculta en la desaparición forzada y el desplazamiento interno y lo peor: la Leva de niñas, niños y adolescentes, que en la indefensión son victimas de reclutamiento forzado en México para incorporarlos a sus ejércitos o hacerlos sujetos de trata y extracción de órganos.

La crisis humanitaria se extiende más allá de las cifras. Millones de personas han sido expulsadas de sus comunidades por el control territorial de los cárteles, sin que existan políticas públicas efectivas para atenderlas.

Las madres buscadoras, organizadas en brigadas que arriesgan su vida en cada jornada, se han convertido en símbolo de resistencia y dolor, enfrentando además la criminalización y el abandono institucional, una triple violencia porque carteles las buscan para matarlas.

El Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México denunció en 2025 que el Estado incumplió las recomendaciones del Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU, lo que evidencia la falta de voluntad política para enfrentar la magnitud del problema.

La narrativa oficial insiste en mostrar un país más seguro, pero la realidad contradice ese discurso. La reducción de homicidios no significa paz cuando miles de familias siguen buscando a sus desaparecidos y comunidades enteras son desplazadas por la violencia. La tarea pendiente es reconocer y dignificar esas voces invisibilizadas, colocar a las víctimas en el centro de la memoria y la justicia, y cumplir con los compromisos internacionales en materia de derechos humanos.

Datos Duros.

– Desapariciones: El Informe Nacional de Personas Desaparecidas 2025 reporta más de 110,000 personas desaparecidas acumuladas en el país. De ellas, cerca del 77% son hombres, pero el impacto en mujeres y jóvenes es creciente.

– Incremento reciente: Entre 2024 y 2025 se duplicó el porcentaje de aumento de casos, mostrando que la violencia no disminuye, sino que muta.

– Homicidios vs. desapariciones: Aunque el gobierno presume una reducción del 40% en homicidios, (de 86.9 casos diarios en 2024 a 54.5 en 2025), la cifra de 14,000 personas desaparecidas en el último año revela una realidad paralela.

– Desplazamiento forzado: Organizaciones civiles estiman millones de personas desplazadas por el narcotráfico y la violencia criminal, sin políticas públicas efectivas para su atención.

Narrativa oficial vs. realidad:

El discurso institucional se centra en la baja de asesinatos, pero invisibiliza el aumento de desapariciones y el control territorial de los cárteles.

Madres buscadoras: Son el rostro más visible de esta crisis. Sin apoyo estatal suficiente, ellas mismas organizan brigadas de búsqueda, enfrentando riesgos y criminalización.

-Desplazados internos: Comunidades enteras han sido expulsadas de sus territorios por la violencia, generando una crisis humanitaria que carece de reconocimiento oficial.

– Compromisos internacionales incumplidos: El Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México denunció en 2025 que el Estado no implementó las recomendaciones del Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU.

La deuda con las víctimas no se mide solo en cifras, sino en la ausencia de justicia, verdad y reparación. Dignificar las voces invisibilizadas significa reconocer que detrás de cada número hay una historia truncada, una familia rota, una comunidad desplazada.

Este 2026 debe ser el año en que México deje de maquillar estadísticas y enfrente la realidad:

– Atender integralmente a las madres buscadoras, garantizando seguridad y apoyo institucional.

– Reconocer y visibilizar a los desplazados internos, con políticas públicas de refugio y reintegración.

– Cumplir compromisos internacionales en materia de derechos humanos.

– Construir memoria colectiva que no se limite a cifras, sino que dignifique las experiencias de quienes han sido silenciados.

La violencia en México no se reduce con discursos, sino con acciones que restituyan la dignidad de las víctimas. “Un año para dignificar las voces invisibilizadas” no es solo un lema: es la exigencia de un país que debe mirar de frente a sus heridas y reconocer que la paz verdadera solo será posible cuando las víctimas sean el centro de la memoria y la justicia.