¡México Golea 3-0 a Chequia y enciende una celebración monumental .

*
24.06.2026 Ciudad de México.- Cuando el árbitro decretó el final, el grito salió disparado desde las tribunas, las plazas públicas, los bares y las salas de millones de hogares mexicanos. Era el rugido de un país entero que volvió a ilusionarse. México derrotó con autoridad 3-0 a la República Checa, cerró invicto la fase de grupos del Mundial 2026 y provocó una nueva noche de fiesta nacional encabezada por los goles de Mateo Chávez, Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo.

La Selección Mexicana no sólo ganó. Convenció. Dominó. Se adueñó del partido y mostró una versión madura, intensa y efectiva que hizo recordar algunas de las mejores actuaciones mundialistas del Tricolor. Foto X MiSelección

Desde el arranque quedó claro que el equipo dirigido por Javier Aguirre no estaba dispuesto a especular. Con miles de aficionados mexicanos pintando de verde las tribunas y millones más siguiendo el encuentro desde el Zócalo, el Ángel de la Independencia y decenas de plazas públicas del país, México salió decidido a buscar el liderato del Grupo A.

La recompensa llegó gracias a uno de los nombres que más ilusión generan entre la nueva generación de aficionados. Mateo Chávez encontró espacio por la banda, se incorporó al ataque y terminó culminando una jugada que hizo explotar de alegría a los seguidores mexicanos. El joven futbolista levantó los brazos mientras las gradas se convertían en una sola ola verde, blanca y roja.

El gol liberó al equipo y aumentó la presión sobre una selección checa que nunca logró encontrar respuestas. Cada recuperación mexicana era celebrada como un gol y cada avance despertaba la sensación de que el segundo tanto estaba cerca.

Y llegó.

Julián Quiñones, uno de los futbolistas más ovacionados por la afición en los últimos años, apareció en el momento indicado. El delantero mostró potencia, determinación y sangre fría para ampliar la ventaja. Apenas el balón cruzó la línea, los abrazos comenzaron a multiplicarse en las tribunas y en las plazas públicas donde miles de personas seguían el encuentro en pantallas gigantes.

La República Checa intentó reaccionar, pero México ya controlaba completamente el ritmo del partido. La defensa neutralizaba cualquier intento europeo mientras el mediocampo manejaba la posesión con inteligencia.

La cereza del pastel llegó en la recta final.

Álvaro Fidalgo, el futbolista que durante años soñó con vestir la camiseta mexicana en una Copa del Mundo, encontró su recompensa en el escenario más grande posible. El mediocampista apareció en el área y firmó el 3-0 que convirtió la victoria en goleada.

El festejo fue inmediato.

Sus compañeros corrieron a abrazarlo mientras las tribunas se rendían ante un jugador que ha construido una relación especial con la afición mexicana desde su llegada al futbol nacional. El gol de Fidalgo pareció simbolizar la noche perfecta: un equipo sólido, una afición entregada y una selección que sigue creciendo conforme avanza el torneo.

Cuando el partido terminó, la celebración comenzó a extenderse por todo el país.

En la Ciudad de México, miles de personas salieron hacia Paseo de la Reforma. El Ángel de la Independencia volvió a convertirse en el epicentro de la fiesta mundialista. Banderas gigantes ondeaban sobre la multitud, los cláxones resonaban en cada esquina y los cánticos de “¡México, México!” retumbaban entre los edificios.

En el Zócalo capitalino, donde miles de aficionados siguieron el encuentro en el FIFA Fan Festival, la euforia se desbordó tras el silbatazo final. Familias enteras, jóvenes y turistas se unieron a una celebración que mezcló futbol, música y orgullo nacional.

Escenas similares se repitieron en Guadalajara, Monterrey, Puebla, Mérida, Tijuana, León y decenas de ciudades más. Las redes sociales se inundaron de imágenes de aficionados abrazándose, cantando el Cielito Lindo y celebrando una victoria que confirma a México como uno de los equipos más sólidos de su grupo.

Con el triunfo, el Tricolor cerró la primera fase sin conocer la derrota y reafirmó las expectativas que ha despertado desde el inicio del torneo. Más allá de los números, el equipo dejó la impresión de haber encontrado una identidad clara: orden defensivo, intensidad en la recuperación y contundencia frente al arco rival.

La noche terminó como empiezan los grandes sueños mundialistas: con miles de personas cantando bajo una lluvia de banderas, con Reforma convertida en una marea verde y con la sensación colectiva de que esta selección todavía tiene capítulos importantes por escribir.

Por ahora, México está en dieciseisavos de final. Y todo un país vuelve a creer.