Mujeres mesoamericanas migrantes en España denuncian violencia, racismo y despojo;

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*Fortalecen redes de protección.

28.10.2026 España.- Más de 50 mujeres, personas trans y no binarias de México, Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua se reunieron durante tres días en Zaragoza, España, para compartir experiencias de migración, exilio, resistencia y defensa de los derechos humanos, en un encuentro que concluyó con el compromiso de reforzar sus redes de cuidado, protección y solidaridad frente a la violencia y la represión transnacionales.

En su pronunciamiento, las participantes se definieron como defensoras de los territorios, feministas, periodistas, sanadoras, integrantes de pueblos originarios y constructoras de alternativas colectivas frente a las desigualdades. Explicaron que muchas llegaron al Estado español después de enfrentar violencia, autoritarismo, persecución y criminalización en sus lugares de origen, mientras otras migraron por decisión propia, por amor o por el deseo de iniciar una nueva vida.

“Somos mesoamericanas, cuidadoras de la red de la vida, constructoras de esperanza, defensoras de derechos humanos, rebeldes y transgresoras ante toda imposición e injusticia”, afirmaron al describir los vínculos que mantienen entre ellas y con sus comunidades, incluso a pesar de la distancia geográfica.

Las asistentes señalaron que la migración implica cargas emocionales, sociales y económicas que no siempre pueden compartir con sus familias y organizaciones de origen. Entre ellas mencionaron las secuelas de la violencia, los temores asociados a la llegada a un entorno desconocido, la preocupación por quienes permanecen en sus países y las dificultades para conseguir empleo y vivienda, así como la precariedad, el racismo y los obstáculos para vivir con dignidad.

También hablaron de los desafíos de conservar sus raíces culturales mientras aprenden a desenvolverse en nuevas sociedades, sus lenguas y sus códigos. A esas dificultades se suman, reconocieron, los prejuicios, los conflictos y los desencuentros que pueden surgir entre ellas mismas durante los procesos de adaptación y organización colectiva.

Sin embargo, el encuentro también permitió reconocer los apoyos que han construido en sus lugares de residencia y los lazos que mantienen con sus territorios. Las participantes destacaron la fuerza de sus ancestras y ancestros, el acompañamiento de las personas que las reciben y el trabajo de las colectividades que les permiten continuar sus luchas desde el exterior.

En el documento sostuvieron que han creado o se han integrado a organizaciones y redes desde las cuales mantienen la defensa de sus comunidades y cuestionan las estructuras que identifican como responsables de la explotación y la desigualdad. Entre ellas señalaron el capitalismo, el heteropatriarcado, el racismo y la lógica colonial. Asimismo, explicaron que el intercambio con movimientos sociales de los lugares donde ahora viven les ha permitido conocer otras luchas y compartir los conocimientos desarrollados en sus territorios de origen.

Uno de los principales acuerdos fue fortalecer los mecanismos de cuidado mutuo y protección. Las participantes advirtieron que la violencia y la represión no se limitan a las fronteras nacionales y que sus acciones deben considerar la seguridad tanto de quienes participan en las redes como de sus familias, organizaciones y comunidades.

Por ello, plantearon la necesidad de profundizar el análisis sobre la represión transnacional, el avance de la ultraderecha, el control territorial ejercido por el crimen organizado y las conexiones entre estos fenómenos. Consideraron que comprender mejor esos procesos es indispensable para orientar sus estrategias de defensa y reducir los riesgos que enfrentan quienes denuncian abusos o defienden derechos humanos.

Las asistentes también destacaron la importancia de sostener espacios de diálogo y análisis que permitan coordinar esfuerzos entre organizaciones. Al concluir el encuentro, se reunieron con colectivos aliados con los que han trabajado durante años para intercambiar perspectivas, reivindicar el reconocimiento de sus saberes y renovar el compromiso de construir acciones conjuntas.

El pronunciamiento subrayó que esa colaboración requiere cuestionar prejuicios, revisar privilegios y consolidar prácticas de cuidado que reconozcan las diferencias entre las participantes. La diversidad de sus experiencias, señalaron, no impide la construcción de acuerdos, sino que constituye una parte central de sus formas de organización.

Las mujeres, personas trans y no binarias concluyeron con el compromiso de mantener sus vínculos entre España y sus territorios mesoamericanos, sin renunciar a sus luchas ni a la construcción de una vida en los lugares donde actualmente residen.

“Afirmamos nuestra convicción de seguir alzando la voz contra las injusticias, las de aquí y las de allá”, expresaron, al defender un horizonte en el que la vida pueda desarrollarse sin explotación, despojo, opresión ni guerra.

El encuentro en Zaragoza dejó como eje central la continuidad de una red transnacional de solidaridad que busca acompañar a quienes han migrado, preservar los vínculos comunitarios y fortalecer la defensa de los derechos humanos frente a las violencias que atraviesan sus países de origen y los lugares de acogida.

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PRONUNCIAMIENTO

Somos mesoamericanas, cuidadoras de la red de la vida, constructoras de esperanza, defensoras de derechos humanos, rebeldes y transgresoras ante toda imposición e injusticia. Tejemos vida junto con otras, estemos donde estemos. La mayoría estamos en el Estado español porque en nuestros lugares de origen quisieron silenciarnos, porque tuvimos que huir de la violencia, del autoritarismo, de la criminalización de quienes imponen sus intereses a costa de la desigualdad, la represión y la explotación de nuestros pueblos; porque el despojo y la pobreza en nuestras comunidades nos obligaron a desplazarnos para sobrevivir. Otras salimos de nuestra tierra de origen porque así lo quisimos, nos trajo el amor o simplemente las ganas de comenzar la vida en otros horizontes.

Nos encontramos en Zaragoza más de cincuenta compañeras de México, Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Mujeres, personas trans y no binarias, defensoras del territorio, provenientes de pueblos originarios, feministas, periodistas, sanadoras y muchas otras diversidades que marcan nuestras vidas. Durante tres días nos reconocimos en los abrazos, en las miradas, en las trayectorias de vida. Compartimos nuestros dolores, nos inspiramos en las resistencias y apuestas emancipatorias que cada una construye individual y colectivamente, dimos espacio a las dudas y los cuestionamientos. Reconocimos nuestros haceres colectivos, sin romanticismo ni idealización, pero con la certeza que gracias a ellos sembramos resistencias, construimos nuevos mundos y aprendemos a cuidarnos y protegernos en un mundo cada día más adverso.

En nuestro caminar migrante cargamos pesadas mochilas, en ellas están los impactos que dejó en nuestros cuerpos la violencia, los miedos acumulados y los que se activan al llegar a un lugar nuevo y desconocido; la angustia por quienes dejamos en nuestro países y por los numerosos obstáculos que encontramos en esta tierra para sobrevivir con dignidad y continuar con nuestras luchas y rebeldías. En esa mochila también están los prejuicios, los desencuentros y los conflictos entre nosotras; el racismo, la falta de empleo, de vivienda y la precariedad que no contamos a nuestras familias y organizaciones de origen para no preocuparlas; los desafíos para mantener nuestras raíces y, a la vez, entender los códigos, la cultura y las lenguas de los lugares a donde nos fuimos.

A la vez y, a pesar de todo, también tenemos alas, raíces y tejidos que nos sostienen, nos cuidan y nos impulsan cada día para seguir construyendo otros mundos. En nuestro caminar hemos sentido la fuerza de nuestras ancestras para resolver todo tipo de desafíos, la capacidad personal y colectiva de desafiar las políticas inhumanas de fronteras, el amor de quienes nos cuidan desde nuestros territorios y de quienes aquí, a veces sin apenas conocernos, nos han dado su apoyo y cariño.

Hemos echado raíces que se mantienen conectadas con nuestros lugares de origen, nos hemos sumado y/o hemos creado colectividades desde las cuales seguimos resistiendo, transformando y desafiando el capitalismo, el heteropatriarcado, el racismo y la lógica colonial. Hemos conocido nuevas luchas en donde ahora habitamos y hemos compartido los saberes que emergen de las organizaciones, comunidades y movimientos de nuestros territorios.

Coincidimos en la necesidad de fortalecer el cuidado y la protección entre nosotras. Sabemos que la violencia y la represión son realidades transnacionales y que cada acción que hacemos debe considerar la seguridad de quienes estamos aquí y de las familias, organizaciones y comunidades que dejamos.

Reconocimos que necesitamos seguir haciendo análisis que informen nuestras luchas, entender mejor la represión trasnacional, la ultraderecha, el control territorial del crimen organizado y sus conexiones, entre otros temas.

Reiteramos la importancia de este tipo de diálogos y celebramos que desde muchas otras redes y organizaciones en las que participamos se están organizando diversos espacios de encuentro y análisis que fortalecen la solidaridad y la acción conjunta.

Afirmamos nuestra convicción de seguir alzando la voz contra las injusticias, las de aquí y las de allá y construyendo un mundo donde la vida florezca sin explotación, despojos, opresiones y guerra.

Al finalizar nuestro encuentro nos reunimos con organizaciones aliadas que han caminado con nosotras desde hace años. Con ellas intercambiamos análisis, afirmamos la necesidad de que se reconozcan nuestros saberes y renovamos el compromiso de seguir construyendo juntas, desafiando prejuicios, deconstruyendo privilegios y abonando, de manera colectiva, al cuidado mutuo.

Durante tres días, las cosmovisiones de nuestra Mesoamérica se hicieron presentes; las ancestras y ancestros nos acompañaron, los seres de la red de la vida nos protegieron y ayudaron a afrontar y trascender los momentos difíciles y a reconocernos en la diversidad de vidas y experiencias. La generosidad y trabajo de muchas personas y organizaciones nos permitieron estar juntas, disfrutar del intercambio y seguir fortaleciendo nuestras redes.

Con la fuerza de esta juntanza seguiremos conectadas desde los lugares donde vivimos con nuestros territorios de origen mientras construimos una vida en los lugares que ahora habitamos. La emoción, la risa, el llanto, las ideas y todo lo que vivimos en este Encuentro acompañará nuestros pasos con la certeza de que nuestra fuerza y tejido mesoamericano están vivos.

FIRMAN:

Alejandra Collado Campos

Ana María Ara Sorribas

Amarantas Colectiva feminista y antirracista

Aranza Santos

Arely Victoria Gómez Cruz

Asociación Grup de suport “Con vos”

Asociación Mujeres Pa’lante Barcelona

Asociación por la Paz y los Derechos Humanos Taula per Mèxic

Brianda Martínez Levario

Brisa Bucardo Gutiérrez

Calala Fondo de Mujeres

Carolina García Espinoza

Conny Carranza

CooperAcció

Dalila Argueta

Eunice Elenas Martínez

Feministas Aragón por Nicaragua

Feministas Madrid por Nicaragua

Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos

Karen Rodríguez Urquia

Mariana Zaragoza

Marlen Auxiliadora Chow Cruz

Micaella Mejía

Morena Herrera

Movimiento pico Rojo Nicaragua

Mugarik Gabe

Mugen

Feministas Autoconvocadas de Cataluña por Nicaragua

Red de Defensoras de Derechos Humanos en México

Red de Hondureñas Migradas (REDHMI)

Red Feministas por Nicaragua en el Estado español

Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en Honduras

Samantha Jirón

Tamara Dávila

Valeria Flores Viera

Vlada Krasova Torres

Yatli Hernández L.

Zehar – Errefuxiateukin

Zenayda Serrano