Mujeres que gobiernan, mujeres que transforman .

*Astrolabio Político.

/ Por: Luis Ramírez Baqueiro /

“La mujer es el verdadero principio de continuidad de un pueblo, el arca de sus más preciadas y más profundas tradiciones”. – Miguel de Unamuno.

Cada Día Internacional de la Mujer, el mundo se llena de consignas, marchas y reflexiones en torno a la lucha histórica por la igualdad. El 8M es, sin duda, un recordatorio de las profundas desigualdades que aún persisten; pero también es una fecha para reconocer los avances reales que millones de mujeres han conquistado con trabajo, inteligencia y perseverancia. En Veracruz, ese avance tiene hoy un rostro claro: el de la ingeniera Rocío Nahle García, la primera mujer en gobernar la entidad.

La llegada de Nahle al poder no es un hecho menor en la historia política veracruzana. Durante décadas, la vida pública del estado estuvo dominada por estructuras profundamente patriarcales donde la participación femenina era marginal o simbólica. Romper ese techo no fue un acto fortuito; fue el resultado de años de trabajo, disciplina y determinación.

Desde su arribo al gobierno, Nahle ha representado para millones de mujeres un símbolo de resiliencia. Su trayectoria —desde ingeniera petrolera hasta ocupar espacios de primer nivel en la política nacional— demuestra que el talento y la preparación pueden abrir caminos incluso en los terrenos más hostiles para las mujeres. Su presencia en el Palacio de Gobierno es, en sí misma, una señal de que los tiempos están cambiando.

Ese cambio también se refleja a nivel nacional con el liderazgo de Claudia Sheinbaum Pardo, quien representa otro hito histórico en la política mexicana. Durante generaciones, la posibilidad de que mujeres encabezaran los destinos del país y de sus estados parecía una aspiración lejana. Hoy es una realidad tangible que habla de una transformación profunda en la vida pública de México.

Un ejemplo concreto de cómo ese liderazgo femenino se traduce en políticas públicas es el programa Veracruzana Protegida, impulsado de manera conjunta entre el Poder Ejecutivo encabezado por Rocío Nahle y el Poder Judicial del estado. La iniciativa refleja la relevancia de la colaboración institucional cuando dos poderes del Estado, representados por mujeres, colocan en el centro la seguridad y dignidad de las veracruzanas. A través de este esquema se han fortalecido mecanismos de protección para mujeres víctimas de violencia, incluyendo medidas cautelares y espacios seguros —verdaderas “islas de protección”— destinadas a garantizar su integridad y brindarles respaldo jurídico e institucional en momentos críticos.

Sin embargo, no todo ha sido aceptación ni apertura. Persisten resistencias que nacen de la misoginia y del machismo arraigado en algunos sectores. Aún hay quienes cuestionan el liderazgo femenino no por sus resultados, sino por prejuicios culturales que se niegan a desaparecer. Esa reacción, aunque cada vez más minoritaria, evidencia que la lucha por la igualdad no ha terminado.

Frente a ello, muchas mujeres han optado por otro camino: el de la construcción paciente, el esfuerzo cotidiano y la inteligencia estratégica. No se trata de negar el derecho a la protesta, sino de recordar que el avance real también se construye desde la preparación, el mérito y la capacidad de transformar las instituciones desde dentro.

México tiene una larga tradición de mujeres que han marcado época: desde Sor Juana Inés de la Cruz en el pensamiento, hasta figuras contemporáneas que han roto barreras en la política, la ciencia y la cultura. Hoy, nombres como Rocío Nahle y Claudia Sheinbaum se suman a esa lista de referentes que están redefiniendo el papel de la mujer en la vida pública.

El mensaje es claro: la historia ya cambió de rumbo. Las mujeres no solo participan; hoy gobiernan, deciden y transforman. Y ese es, quizá, el verdadero significado del 8M en nuestro tiempo.

 

Al tiempo.

 

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