Sueños que se cumplen
La historia que narra Natalia LaFourcade en su cuenta de Facebook es la de una amistad que nació de la música y se convirtió en un símbolo de sueños realizados. Natalia recuerda cómo, siendo adolescente, escapaba de la escuela para asistir a los conciertos de Julieta Venegas.
En aquellos años, escucharla significaba encontrar fuerza en medio de las dudas y confusiones propias de la juventud. Julieta era inspiración y modelo: una cantautora que abría caminos y mostraba que era posible transformar las preguntas en canciones, refiere.
Con el tiempo, esa admiración se convirtió en cercanía. La relación pasó de la distancia del escenario a la complicidad de la amistad. Hubo charlas, consejos, viajes, momentos compartidos y un respeto profundo que se fue consolidando. El sueño adolescente de cantar juntas se cumplió en varias ocasiones, y cada encuentro reforzó la certeza de que la música también es un puente entre personas.


Ahora, la narradora celebra una nueva oportunidad de acompañar a Julieta en su camino artístico. Lo describe como un honor y un regalo de la vida, una experiencia que se suma a tantas otras que han marcado su historia personal. La canción que comparten es también un brindis por la amistad, por esos vínculos que sostienen en tiempos de alegría y de adversidad.
El relato se vuelve íntimo cuando recuerda que la grabación ocurrió semanas antes de la llegada de su hijo. Ese momento delicado y transformador le dio fuerza para cantar, y convirtió la experiencia en un símbolo de continuidad: la música, la amistad y la vida entrelazadas.
La narradora concluye con un llamado a valorar las amistades, a cuidarlas y celebrarlas. La canción, dice, ya emprendió su vuelo, y con ella la voz compartida que se convierte en un canto colectivo.


Fotos de Natalia Lafourcade













