*El Consejo Ciudadano informó que casi seis de cada 10 casos de maltrato infantil que atendió desde 2025 corresponden a niñas.
/ Escrito por Georgina Monroy Vázquez /
09.09.2026 /CimacNoticias.com/ México.- La violencia sexual contra niñas y adolescentes sigue siendo una de las expresiones más graves de violencia contra la infancia en México. Frente a esta realidad, escuelas de educación básica de todo el país iniciaron una nueva jornada de concientización para prevenir, detectar y atender posibles casos de abuso sexual y maltrato infantil.
La Jornada de Concientización sobre la Gravedad del Abuso Sexual y el Maltrato Infantil, impulsada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), contempla actividades informativas, lúdicas y formativas dirigidas a estudiantes, docentes y familias, con el objetivo de fortalecer entornos escolares seguros y generar herramientas para identificar situaciones de riesgo.
El enfoque cobra especial relevancia para las niñas. De acuerdo con UNICEF México, en 2023 92.2 por ciento de las víctimas de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes reportadas por el sistema de salud fueron niñas y adolescentes mujeres. El organismo advierte que esta violencia puede ocurrir en el hogar, la escuela, la comunidad o los espacios digitales y, en muchos casos, es ejercida por personas conocidas.
El propio análisis de UNICEF sobre la situación de la niñez y adolescencia en México señala que la tasa de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes pasó de 58.4 a 127.2 víctimas por cada 100 mil habitantes entre 2018 y 2023, mientras que las niñas y adolescentes resultan afectadas de manera desproporcionada.
Niñas concentran los casos de violencia sexual
La dimensión de género de esta violencia también aparece en los datos de atención del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.
De acuerdo con información proporcionada por el organismo, desde 2025 ha atendido 6 mil 131 casos relacionados con maltrato hacia niñas, niños y adolescentes. La omisión de cuidados representó 32 por ciento de los reportes; la violencia física, 29 por ciento; la violencia emocional, 21 por ciento, y la violencia sexual, 16 por ciento.
El Consejo Ciudadano señala además que casi seis de cada 10 casos de maltrato infantil que ha atendido corresponden a niñas, un indicador que muestra que las desigualdades de género también atraviesan las experiencias de violencia durante la infancia.
En lo que va de 2026, el organismo ha impartido pláticas de prevención a 11 mil 721 estudiantes, con contenidos relacionados con la identificación de riesgos y la construcción de entornos seguros en los ámbitos familiar, escolar y digital.
Las acciones forman parte de una estrategia de prevención que el Consejo Ciudadano desarrolla junto con autoridades y organizaciones que trabajan por los derechos de niñas, niños y adolescentes.
El abuso no siempre ocurre fuera del entorno cercano
Uno de los principales retos para prevenir la violencia sexual contra niñas es reconocer que la persona agresora no necesariamente es un desconocido.
UNICEF explica que la violencia sexual puede ser ejercida por familiares, vecinos, docentes, amistades, parejas u otras personas cercanas. También puede presentarse sin contacto físico, mediante amenazas, insinuaciones, solicitudes de contenido sexual, exhibicionismo o el envío de imágenes sexuales por medios electrónicos.
Esta característica puede dificultar que las niñas identifiquen lo que viven como una forma de violencia o que encuentren condiciones para hablar de ello.
En junio de 2026, UNICEF, ECPAT International e INTERPOL presentaron el estudio Disrupting Harm México, que encontró que uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet en el país sufrió explotación o abuso sexual facilitados por tecnologías digitales durante un periodo de un año, equivalente a aproximadamente 1.6 millones de adolescentes.
El estudio también encontró que en casi dos de cada tres casos las víctimas conocían a la persona agresora, principalmente porque se trataba de amistades, parejas o familiares.
La violencia sexual, por tanto, no termina en las puertas de las escuelas. Los riesgos también se trasladan a redes sociales, videojuegos, aplicaciones de mensajería y otros espacios digitales utilizados cotidianamente por niñas y adolescentes.
Escuchar también es una forma de proteger
Para la SEP, la prevención requiere que las comunidades escolares cuenten con herramientas para detectar posibles situaciones de violencia y sepan cómo actuar ante ellas.
La jornada nacional de 2026, denominada “Te escucho, te comprendo, te protejo”, busca precisamente fortalecer una cultura de cuidado y prevención en los centros de educación básica. La SEP plantea actividades para que estudiantes conozcan sus derechos, identifiquen situaciones de riesgo y sepan a quién acudir cuando algo les genere miedo, incomodidad o preocupación.
La dependencia también cuenta con lineamientos específicos para la prevención, atención, detección, intervención, notificación, canalización y seguimiento de casos de violencia sexual y maltrato contra niñas, niños y adolescentes en educación básica.
El objetivo no es trasladar a las niñas la responsabilidad de protegerse, sino generar condiciones para que las personas adultas y las instituciones puedan identificar las violencias, intervenir oportunamente y garantizar su protección.
Por ello, el Consejo Ciudadano recomienda a madres, padres y personas cuidadoras escuchar a niñas, niños y adolescentes sin juzgarles ni regañarles, supervisar sus espacios físicos y digitales y hablar de manera clara sobre el cuerpo, los límites y el derecho a decir “no” frente a cualquier contacto que les incomode.
También plantea evitar que las infancias carguen con secretos relacionados con situaciones que les provoquen miedo, tristeza o incomodidad.
Si una niña cuenta que algo ocurrió, la recomendación es creerle, protegerla y buscar apoyo especializado. La responsabilidad de la violencia corresponde siempre a quien la ejerce, nunca a la niña.
La prevención, en ese sentido, no puede limitarse a una jornada escolar. Los datos muestran que la violencia sexual contra niñas y adolescentes continúa siendo una problemática estructural que requiere escuelas preparadas, familias informadas, instituciones capaces de responder y políticas públicas con perspectiva de género.
La escuela puede ser un espacio fundamental para romper el silencio. Pero para ello, niñas y adolescentes necesitan algo más que información: necesitan saber que serán escuchadas, creídas y protegidas.

