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06.03.2026 San José.- En una entrevista que ha generado fuerte eco político y mediático en la región, la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández Delgado, afirmó que su gobierno aplicará una política de mano dura contra el crimen organizado para evitar que su país experimente una crisis de violencia similar a la que, en su opinión, atraviesa México.
Sus declaraciones, realizadas al diario Milenio, han abierto un debate inmediato sobre seguridad regional y colocan indirectamente bajo escrutinio el modelo de seguridad aplicado por el gobierno mexicano encabezado por Claudia Sheinbaum.
Fernández, quien fue declarada oficialmente presidenta electa tras las elecciones generales del 1 de febrero de 2026, en las que obtuvo alrededor del 48 por ciento de los votos, asumirá el cargo el 8 de mayo para el periodo 2026-2030, convirtiéndose en la segunda mujer en la historia del país en llegar al poder ejecutivo.
En la entrevista, la futura mandataria dejó clara su visión sobre el combate al narcotráfico y el crimen organizado en Centroamérica, al señalar que Costa Rica aún está a tiempo de evitar una escalada de violencia como la que observa en otros países del continente.
“No me voy a esperar a que en Costa Rica ocurra lo que tristemente ha ocurrido en México”, afirmó Fernández durante la conversación con el medio mexicano, al explicar que su estrategia buscará anticiparse al crecimiento de redes criminales y frenar su expansión antes de que el fenómeno alcance niveles estructurales.
La presidenta electa fue aún más directa al referirse a la situación mexicana como un punto de referencia negativo para su gobierno.
“México tiene un crecimiento exponencial de redes del narcotráfico y contra la vida de las personas”, declaró. “México es para mí un referente de a donde no queremos llegar”.
Sus palabras se enmarcan en un diagnóstico regional que, según explicó, muestra cómo las redes del crimen organizado han expandido su influencia más allá de los países tradicionalmente asociados al tráfico de drogas. En su análisis, el narcotráfico ya opera como un fenómeno transnacional con capacidad de infiltrarse en economías y estructuras institucionales.
Costa Rica, un país que históricamente ha presumido estabilidad democrática, ausencia de ejército y niveles de seguridad superiores al promedio latinoamericano, ha enfrentado en los últimos años un incremento significativo en la violencia ligada al narcotráfico. El tema se convirtió en uno de los ejes centrales de la campaña presidencial de 2026.
En ese contexto, Fernández planteó que su administración impulsará reformas judiciales, mayor coordinación con agencias internacionales y, en escenarios extremos, medidas extraordinarias para enfrentar a los grupos criminales.
“Yo no quiero que Costa Rica se convierta nunca en una bodega de fentanilo, ni de precursores”, afirmó. “No me voy a esperar a que la situación escale”.
El señalamiento sobre el fentanilo refleja una preocupación creciente en América Latina. El potente opioide sintético se ha convertido en el eje de una crisis sanitaria en Estados Unidos y ha provocado presiones diplomáticas sobre países productores o rutas de tránsito de drogas. En ese contexto, el control de precursores químicos y rutas marítimas se ha convertido en una prioridad de seguridad para varios gobiernos de la región.
Fernández también defendió la cooperación con Estados Unidos como una herramienta clave para frenar el tráfico de drogas en el Pacífico y el Caribe. Según explicó, operativos conjuntos con autoridades estadounidenses ya han permitido detenciones de capos y funcionarios implicados en redes criminales.
En su visión estratégica, el combate al crimen organizado debe combinar inteligencia policial, tecnología y cooperación internacional. Incluso mencionó el uso de centros de mando y control como modelos de vigilancia urbana que han sido implementados en algunas ciudades mexicanas para monitorear la actividad criminal.
Sin embargo, el núcleo de sus declaraciones que más ha resonado en el debate regional es la comparación directa con México. Al plantear que su gobierno pretende actuar antes de que el fenómeno alcance la magnitud observada en el país norteamericano, Fernández colocó indirectamente sobre la mesa el debate sobre los resultados de las estrategias de seguridad en la región.
México ha enfrentado durante más de una década altos niveles de violencia asociados a la disputa entre cárteles de la droga, fenómeno que ha marcado la agenda política nacional y las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Para la presidenta electa costarricense, ese escenario funciona como una advertencia.
“Podemos poner un policía en cada esquina, pero si los delincuentes son detenidos y salen rápidamente del sistema judicial, el problema continúa”, explicó, al señalar que su propuesta incluye cambios institucionales para evitar que los criminales queden impunes.
Las declaraciones se producen además en un momento en que la seguridad se ha convertido en uno de los temas centrales del debate latinoamericano. Países como Ecuador, Colombia, El Salvador y Costa Rica han experimentado transformaciones en sus políticas de seguridad ante el avance del narcotráfico y las pandillas.
Para Fernández, el desafío es actuar antes de que la violencia alcance niveles estructurales. En su lectura, la región ofrece múltiples ejemplos de cómo los estados pueden perder control territorial cuando las redes criminales se consolidan.
“Estamos a tiempo de evitarlo”, dijo al referirse a Costa Rica. “No tenemos que vernos reflejados en ese espejo”.
La contundencia de sus palabras ha generado interpretaciones políticas en distintos sectores, particularmente porque la comparación con México emerge en medio de una nueva etapa de relaciones diplomáticas regionales y del inicio de un nuevo gobierno mexicano encabezado por Claudia Sheinbaum.
Por ahora, la presidenta electa costarricense ha matizado que su intención no es confrontar a México, sino aprender de las experiencias regionales para prevenir escenarios de violencia extrema. Incluso señaló que buscará mantener una relación de cooperación con el gobierno mexicano en materia de seguridad y desarrollo.
Aun así, su frase ya circula ampliamente en medios y redes sociales en toda América Latina: Costa Rica, aseguró, tomará decisiones contundentes para que su historia de estabilidad no termine replicando el drama de violencia que hoy marca la agenda de seguridad en gran parte del continente.













