*Retrovisor .
/Ivonne Melgar /
Fue tan exitosa la operación presidencial en contra de la ministra Norma Piña que incluso personas conscientes y destinatarias del abuso de poder de López Obrador se suman al balance adverso de su paso por la Corte. Le faltó liderazgo, capacidad política, estrategia, señalan, sin hacerse cargo de la manera en que el exmandatario tejió y heredó la destrucción institucional.
¿Esperaban que negociara una tregua con su antecesor o que le dejara su lugar a la ministra Yasmín Esquivel? ¿La querían doblada como Alberto Pérez Dayán, extorsionada como los Yunes o alineada y alienada como los consejeros y magistrados electorales que aplauden los acordeones?
Sorprende la contundencia de quienes lanzan juicios sumarios, sin desentrañar la calumnia que López Obrador levantó contra Norma Piña acusándola de proponer negociaciones en torno a la sentencia de inconstitucionalidad del mando militar de la Guardia Nacional.
Frente al triunfo de la desmemoria, resulta valioso el libro Difamados y perseguidos de la 4T, coordinado por Marco Levario Turcott, con 17 semblanzas; siete de aguerridas mujeres: Azucena Uresti, Denise Dresser, Xóchitl Gálvez, María Amparo Casar, Rosario Robles, Carmen Aristegui y Norma Piña.
El perfil de Alejandra Escobar Atempa en esa compilación es un recuento escalofriante de los dicterios presidenciales en su contra y de acusaciones nunca probadas, como ésa de que dejó en libertad a delincuentes.
En contraste con el veredicto que abona en la leyenda negra de que todo fue culpa de la ministra Piña, comparto aquí algunas reflexiones de quienes, como lo escribió este lunes Georgina de la Fuente en Opinión 51, consideramos que “aún es momento de reivindicar el legado de una servidora pública de carrera, distinguida por sus posturas en favor de los derechos humanos”, rechazar la violencia y reconocer más de 30 años de carrera judicial y de impulso de una agenda progresista y de derechos, “injustamente borrados por una campaña de ataques y de desinformación”.
El martes, en el portal digital Mujeres Más, Saraí Aguilar escribió que “la lucha del exmandatario con la ministra presidenta saliente fue la de un macho alfa que no concibe que pueda existir independencia y libre albedrio”.
En su esclarecedora columna, la doctora en Educación recuerda que la ministra “sufrió escarnio de las bases oficialistas azuzadas a manera porril en su contra”. Porque, nos dice, en esta sociedad patriarcal las mujeres que no se someten a los hombres poderosos son perseguidas.
Concluye Saraí Aguilar que Norma Piña no perdió. “Ganó. Desquició al hombre más poderoso de un país y lo puso en evidencia. La historia ya te juzgó y ganaste”.
¿Por qué tanta saña?, le pregunto a Dulce María Sauri.
Acaso teniendo en mente a quienes hubieran querido ver a la ministra en la plaza pública, la exlegisladora y expresidenta del PRI afirma que Norma Piña es una jueza de formación, con la convicción de que la palabra de las y los juzgadores se da exclusivamente a través de sus sentencias.
“Llegó a la presidencia a contrapelo del deseo presidencial incumplido de prolongar la gestión de Arturo Zaldívar. Le arrebató a éste la potestad de dejar a su sucesor. Y lo hizo una simple jueza, de carrera judicial, sin los vuelos de la ‘alta política’ y para colmo, mujer”, rememora Dulce María Sauri.
Describe con agudeza la exgobernadora: “Su condición de género agudizó la presión presidencial sobre el Poder Judicial. ¡Cómo una simple mujer se podía atrever a desafiar los deseos presidenciales de sumisión plena a su mandato!”.
“Me niego a pensar en la resignación como una virtud típicamente femenina. Más prefiero calificar de entereza la actitud de Norma Piña al enfrentar los dos años y medio que iniciaron el 5 de febrero de 2023 con el simple y poderoso acto de no ponerse de pie para dar la bienvenida al hombre depositario del poder presidencial”, sostiene la experimentada política e historiadora.
Pregunto a nuestra maestra en el periodismo feminista, Sara Lovera, si hubo otra persona que haya padecido una defenestración de ese tamaño.
“La violencia política de género que vivió y sufrió la presidenta de la SCJN fue un ataque misógino a todas las mujeres que aspiran y llegan al poder. En Norma Lucía Piña se concentró la descalificación y el intento por hacerla tambalear en sus principios”, responde esta mujer de izquierda y defensora de libertades.
Lovera sostiene que, en la ministra, López Obrador concentró un mensaje sistemático de que él era la Ley. “En ella el poder patriarcal se mostró de cuerpo entero: hacer saber que el autoritarismo y el machismo están erguidos”.
No es casualidad que una aliada de las mejores causas de las mujeres feministas terminara, como bien lo advierte Sara, siendo el blanco del patriarcado depredador que, en nombre de la democracia, acabó con la división de poderes.
Frente a la ofensiva ceguera con la que se descalifica la gestión de la ministra Piña, sean estas palabras un recordatorio de sus días de resistencia y dignidad en un capítulo de abuso de poder que estamos obligados a nunca olvidar.