Noroña no los marginó en el Congreso; sino el voto de las mayorías .

  • Política en Movimiento .

/ Angélica Beltrán / 

 La comisión permanente del Congreso de la Unión clausuró el periodo con una condena enérgica a la agresión de legisladores del PRI contra el presidente de la mesa directiva, Gerardo Fernández Noroña; y otros representantes como la diputada Dolores Padierna.

             Por lo que, tras el cierre del periodo, la mayoría parlamentaria (MORENA-PT-PVEM) aprobó una sesión extra para asentar formalmente el pronunciamiento.

         Y lejos de sentirse avergonzados por la agresión orquestada y ejecutada por seis legisladores del PRI, estos mantuvieron al ataque, aunque esta vez se limitaron a lo verbal. Eso sí, quedó de relieve su rabia y frustración por minoría.

           Los priistas minimizaron los golpes que propinaron a quienes se hallaban cerca de Noroña el día del ataque, los consideraron “daños colaterales”; sobre la agresión directa al presidente, expusieron que fue por no permitirles extender la agenda política con el tema que ellos solicitaban.

           No obstante, se estableció que el día de la clausura y del ataque, la mayoría parlamentaria aprobó concluir el debate. Así, la marginación de la bancada del PRI no fue causa de una supuesta deficiente conducción del presidente del Senado y la Comisión Permanente; sino debido a que los votos del PRI son insuficientes para imponer agenda.

Por eso es justo decir que la decadencia del PRI se apresura hacia su desaparición por personajes como Alejandro Moreno y Rubén Moreira que, con su falta de visión como funcionarios públicos y “representantes” de un sector, no aportan nada a la política ni a su partido, menos a la sociedad.

Ese derrumbe político del PRI data de sus gobiernos federales desde 1988, al asumir el neoliberalismo como política de gobierno; con la cual pisotearon a las mayorías, desmantelaron al Estado y casi terminan con las empresas públicas.

Pero a la rapiña y “venta” de México al mejor postor en gobiernos neoliberalistas priistas se le suma el lado oscuro de estos, como el mostrado el día de la agresión, con el ataque de seis legisladores del PRI al presidente Fernández Noroña.

Así lo hizo notar en el debate la senadora Margarita Valdés:

El PRI no solo golpea en tribuna; también muestra violencia desmedida en las elecciones; balacea a enemigos políticos y con tiros de pistola amedrenta a la población el día de la jornada electoral para evitar el ejercicio democrático en las urnas.

Y en efecto, muchos hemos sido testigos de la violencia que desatan los priistas durante las elecciones donde participan por igual caciques, gobernadores, legisladores y en su tiempo, presidentes de la república.

 No se trata de una violencia menor, sino de asesinatos y masacres. Sólo por recordar: la matanza de estudiantes en Tlatelolco, 1968; el Halconazo en 1973 y los casos de Aguas Blancas en Guerrero; Acteal en Chiapas; los 43 de Ayotzinapa, en que, ahora se sabe, el gobierno del PRI ayudó a desaparecer a los estudiantes de la Normal Rural.

             En fin, que ese legado de muerte, aunado a la política neoliberal asumida por gobiernos del PRI, son respuesta contundente de la ciudadanía que ya no vota por el tricolor y ahora ve reducida su representación en el Congreso de la Unión.

       Así, su marginación no se debe a una conducción deficiente en la presidencia del Senado-Comisión permanente, sino por ser un partido que cada vez vale menos en la vida pública, y el legislativo no es la excepción.

              El PRI ya no tiene nada que ofrecerle a México. Y lo más grave es que ahora es el generador de violencia en el Congreso; donde la semana pasada dejaron su sello al concluir la comisión permanente, con el ataque artero y cobarde de seis legisladores contra un senador de 65 años en su calidad de presidente de la mesa directiva; porque este acató la resolución de la mayoría de no extender la agenda política como lo querían aquellos.

            Hoy, en el Senado, con apenas 13 legisladores de un total de 128, el PRI es una sombra de sí mismo. Por eso Alejandro Moreno y Rubén Moreira buscan imponerse a fuerza de golpes; al no contar con votos, ni autoridad moral, menos con buena voluntad para aportar algo productivo a la agenda legislativa.