“Nos hicieron invisibles”: mujeres mayores levantan la voz y exigen dejar de ser tratadas como desechables en América Latina

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01.06.2026 La vejez dejó de ser un tema secundario para las organizaciones feministas de América Latina y el Caribe. En un momento en que la región enfrenta un acelerado envejecimiento poblacional, ONU Mujeres reunió a activistas, académicas y defensoras de derechos humanos para advertir que millones de mujeres mayores siguen atrapadas entre la pobreza, la discriminación y el abandono institucional, pese a haber sostenido históricamente el trabajo de cuidados y la economía informal de sus países.

Durante el webinar “Mujeres Mayores en América Latina y el Caribe: experiencias desde los territorios”, organizado por la Oficina Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres, representantes de organizaciones civiles y feministas coincidieron en que el sistema sigue relegando a las mujeres mayores a la invisibilidad social, económica y política, aun cuando son pieza clave dentro de las comunidades y las familias.

La reunión virtual congregó a decenas de lideresas y especialistas de distintos países de la región que compartieron experiencias sobre las múltiples desigualdades que enfrentan las mujeres al llegar a la vejez, especialmente aquellas que viven en zonas rurales, barrios populares o contextos de pobreza estructural.

Desde el inicio del encuentro, Sarah Douglas, directora regional adjunta de ONU Mujeres, advirtió que la exclusión que viven millones de mujeres mayores no surge de manera repentina al llegar a cierta edad, sino que es consecuencia de décadas de desigualdad acumulada. La funcionaria remarcó que la pobreza en la vejez comienza mucho antes, cuando las mujeres reciben salarios menores, asumen trabajos de cuidados no remunerados o quedan fuera de sistemas formales de seguridad social.

Douglas sostuvo además que las mujeres mayores no deben ser vistas únicamente como receptoras de programas sociales, sino como protagonistas activas capaces de transformar sus comunidades. Señaló que reconocer su autonomía y liderazgo es indispensable para construir políticas públicas más justas e inclusivas.

En el encuentro también participó Rocío Muñoz Flores, asesora regional de género del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), quien alertó sobre el acelerado envejecimiento demográfico que atraviesa América Latina y el Caribe. Según explicó, para el año 2050 una de cada cuatro personas en la región tendrá más de 60 años y una gran parte serán mujeres, lo que obligará a los gobiernos a replantear urgentemente sus sistemas de salud, cuidados y protección social.

Las especialistas coincidieron en que la región todavía no está preparada para afrontar esta transformación demográfica y que millones de mujeres llegarán a la vejez sin pensiones suficientes, sin acceso a cuidados dignos y arrastrando décadas de precariedad laboral.

Uno de los momentos más impactantes del diálogo ocurrió cuando Silvia Gascón, directora del Centro de Envejecimiento Activo y Longevidad de la Universidad ISALUD, cuestionó los estereotipos que históricamente han reducido a las personas mayores a una etapa de dependencia o inutilidad. La académica habló de una “revolución de la longevidad” y explicó que el grupo poblacional que más crece actualmente es el de personas mayores de 80 años.

Gascón señaló que las sociedades siguen organizadas bajo esquemas antiguos que dividen la vida en etapas rígidas para estudiar, trabajar y retirarse, pese a que hoy muchas personas continúan activas, aprendiendo, trabajando y construyendo proyectos incluso después de los 70 u 80 años.

También denunció la persistencia del “edadismo” o “viejismo”, una forma de discriminación que asume que las personas mayores ya no pueden enamorarse, estudiar, trabajar o usar tecnología. Frente a ello, defendió la necesidad de construir una nueva mirada sobre la vejez, vinculada al placer, la autonomía y la posibilidad de iniciar nuevos proyectos personales.

Las voces provenientes de organizaciones territoriales evidenciaron además el profundo abandono que viven miles de mujeres mayores en contextos populares y rurales. Ana González afirmó que la invisibilización de las personas mayores no es una percepción, sino una realidad cotidiana que se refleja en la falta de políticas públicas efectivas.

La activista pidió que la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores deje de existir solamente en el discurso y se traduzca en acciones concretas, presupuestos y leyes que realmente protejan a esta población.

Por su parte, Cristina Grela compartió una experiencia de vivienda colaborativa impulsada desde el feminismo y la organización comunitaria, una alternativa que busca ofrecer nuevas formas de vivir la vejez lejos del aislamiento y la soledad. Explicó que el proyecto nació después de años de militancia por los derechos de las mujeres y apuesta por una convivencia basada en el apoyo mutuo y el intercambio intergeneracional.

Las desigualdades económicas también ocuparon un lugar central en el debate. Susana Zaccaro denunció que miles de mujeres de villas y barrios populares sostienen diariamente el trabajo comunitario y los cuidados sin remuneración ni reconocimiento. Advirtió que muchas llegan a la tercera edad marcadas por generaciones de pobreza, empleos informales y sobrecarga doméstica.

Desde una perspectiva rural, Luz Haro alertó sobre las enormes brechas territoriales que siguen afectando a mujeres mayores que viven en comunidades alejadas, donde ni siquiera existen centros médicos, servicios básicos o espacios de protección frente a la violencia.

En la parte final del webinar, la investigadora Verónica Montes de Oca subrayó que comprender la situación de las mujeres mayores exige abandonar visiones limitadas y analizar cómo el patriarcado, el modelo económico y las desigualdades históricas han impactado distintas generaciones de mujeres.

La especialista recordó que muchas adultas mayores sobrevivieron a décadas de políticas económicas excluyentes y modelos neoliberales que profundizaron la pobreza y precarizaron aún más sus condiciones de vida.

Las participantes coincidieron en que América Latina enfrenta el reto de construir sociedades del cuidado más humanas e igualitarias, donde las mujeres mayores no sean vistas como una carga social, sino como sujetas de derechos, experiencia y conocimiento.

El encuentro concluyó con un llamado urgente a que gobiernos, organismos internacionales y organizaciones civiles trabajen de manera conjunta para garantizar el acceso de las mujeres mayores a salud, protección social, autonomía económica y participación plena en la vida pública.

La discusión dejó claro que la agenda de las mujeres mayores dejó de ser un tema marginal y comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en los debates internacionales sobre derechos humanos, feminismo y justicia social.