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/Astrid Arellano/ Desinformémonos /
En Ocumicho, la defensa del territorio es una lucha que atraviesa generaciones. Su historia está marcada por conflictos agrarios, disputas por los límites comunales y la pérdida constante de tierras y bosques que los habitantes reconocen como suyos. Cuando María Filomena Ríos llegó desde Zamora a esta comunidad de la Meseta P’urhépecha en Michoacán, hace más de 25 años, encontró un pueblo que cargaba la memoria de enfrentamientos, desalojos y despojos. Le contaron cómo décadas atrás habían sido expulsados de lugares donde ya habían construido escuelas y viviendas; cómo las disputas dejaron personas muertas y heridas; y cómo los intentos por recuperar esas tierras seguían vigentes.
Con el tiempo, aquellas historias dejaron de ser relatos ajenos. Ríos comenzó a acompañar reuniones comunitarias, movilizaciones y gestiones para exigir el reconocimiento de los derechos territoriales de Ocumicho y la protección de sus bosques. En esta región montañosa, cubierta por extensos bosques de pino y encino que captan agua, resguardan biodiversidad y sostienen la vida comunitaria, la tierra también se ha vuelto objeto de disputa por el valor económico de la madera y por la expansión de las plantaciones de aguacate, que durante las últimas décadas han avanzado sobre áreas forestales de la Meseta P’urhépecha.

“Van tres ampliaciones que le han hecho a la comunidad de Ocumicho, arrebatándole territorio”, recuerda. “Desde entonces empezamos la lucha, a defender a la gente, a la comunidad, a defender el bosque y la Madre Tierra, que es lo principal”.
Esa convicción también ha guiado su trabajo como comunicadora comunitaria en Radio Khumati, la emisora indígena de Ocumicho. Desde el micrófono y fuera de él, ha documentado las amenazas que enfrentan los pueblos de la región y ha acompañado los esfuerzos para proteger los bosques y la tierra comunal. Su labor, sin embargo, no ha estado exenta de riesgos.
En 2022, su esposo, el defensor del territorio Esteban Cruz Rosas, fue secuestrado en un contexto de violencia contra quienes se oponen a la tala ilegal.
En Mongabay Latam conversamos con María Filomena Ríos sobre la historia de Ocumicho, que en 2021 culminó con el reconocimiento de su autogobierno. Además dialogamos sobre los conflictos que han marcado a la comunidad, la defensa de los bosques frente a la tala ilegal y la expansión de los cultivos de aguacate, así como los riesgos que enfrentan quienes protegen el territorio en una de las regiones más disputadas del centro-occidente de México.

—¿Cómo comenzó su camino en la defensa del territorio P’urhépecha?
—Vivo en Ocumicho desde hace más de 25 años, pero soy originaria de Zamora. Tengo raíces indígenas porque mi madre lo era. Ella nació donde explotó el volcán, en Paricutín, y por eso se la trajeron de bebé a Zamora. Allí se crió con una tía porque quedó huérfana. Yo no supe de mis orígenes indígenas hasta que falleció mi mamá, cuando sacamos su acta de nacimiento. El documento dice que fue nacida en Paricutín, pero también que «nació una mujer indígena». Yo nunca había visto ningún acta que dijera eso, pero a mi mamá sí le dejaron bien en claro que era indígena. No sé por qué él juez fue tan discriminativo.
Cuando llegué a Ocumicho, a la comunidad ya le habían robado mucho territorio con las ampliaciones. Les habían quitado territorio que colinda con Tangancícuaro, en el punto llamado Llano de Pejo; los ejidatarios les arrebataron tierra y se apoderaron de ella. Me contaron que hubo matazón esa vez. Ya tenían escuela y casas, pero les tumbaron todo: les quemaron la escuela y hubo difuntos. Eso fue muchísimo antes de que yo llegara. Ya tenía como tres años aquí cuando la comunidad empezó con las reuniones para recuperar lo que se había perdido.

La comunidad se organizó y la gente se fue a ese lugar: hicieron casas improvisadas y ranchitos. Pero otra vez empezó la bronca. Agarraron al representante de la comunidad y a los que andaban en su momento con él. Los metieron a todos a la cárcel en Zamora. Estamos hablando de hace unos 25 años.
Nosotros ya éramos parte del movimiento. Yo animaba a Esteban a moverse por su comunidad.
Así empezó mi camino en la lucha. En Ocumicho se han hecho varias ampliaciones, que ocurren cuando algún grupo, con apoyo del gobierno, quita territorio de la comunidad. En total han sido tres. Todo esto está en litigio todavía porque sí se ha seguido luchando por el territorio, para que regresen las tierras a Ocumicho.

—Después de más de dos décadas de trabajo, ¿qué cambios ha visto en los bosques de su comunidad y en la forma en que se organiza la defensa del territorio?
—Ha habido mucho avance en la organización, pero también en la pérdida del bosque. Lo que ha pasado es que gente externa —como los aguacateros y los talamontes— socializan con gente de la comunidad y los han usado para comprar tierras. Por decir, si saben que yo tengo tierras, alguien de la comunidad me convence y nos apalabramos para que yo se las rente o venda. Es gente de aquí mismo que funciona como prestanombres.
El problema es que, según los estatutos, las tierras comunales no se deben vender, rentar ni enajenar, y mucho menos a personas de fuera. Así se han destruido muchas hectáreas de bosque. Cortan hectáreas y hectáreas de pino para arreglar la tierra, para trabajarla y sembrar aguacates, que es el cultivo más viable. Desde hace unos cuatro o cinco años ya se veía cómo se lo estaban terminando. Todos corremos el riesgo de que mañana o pasado los aguacateros echen para fuera la comunidad. Por eso nuestra lucha.

—¿Así empezó la búsqueda de autonomía de Ocumicho?
—Sí. La lucha por la autonomía empezó en 2019. Fueron varios años de reuniones, asambleas y de visitar otras comunidades que ya eran autónomas para entender cómo funcionaba el proceso y convencer aquí a la gente. Todo se tenía que decidir en asamblea, porque es la máxima autoridad de la comunidad.
Ya antes se había intentado avanzar hacia la autonomía, pero había mucha resistencia. En tiempos de elecciones, los ayuntamientos tenían personas que pedían credenciales de elector a cambio de dinero, despensas o láminas. Había gente que se dedicaba a eso y que después, cuando se hablaba de autonomía, era la primera que rápido salía a mostrar su inconformidad. Incluso llegaron a correr a quienes venían a explicar de qué se trataba la autonomía.
Cuando la mayoría de la comunidad aceptó que nos íbamos a la autonomía, cuando se logró el consenso, fue entre 2021 y 2022. O sea, somos nuevos. Apenas se cumplió el periodo de tres años del primer Consejo Comunal Autónomo P’urhépecha de Ocumicho, y lo hicieron muy bien.
Todo ha cambiado. Ahora vamos a otras comunidades que quieran hacer su lucha por obtener su autonomía, les explicamos y les apoyamos. También, por medio del Consejo, se piden pinos para reforestar en otras comunidades. Vamos de la mano, como Consejo, apoyando a otras comunidades para que sea más parejo.

—¿Qué papel jugó Radio Khumati? ¿Qué retos ha enfrentado como emisora comunitaria?
—La radio tiene más de 20 años. Surgió a partir de la problemática que tuvimos cuando quisimos recuperar las tierras. Fue cuando Esteban se dio a la tarea de buscar una radio para hacer un llamado a la comunidad y a otras más para darles a conocer la problemática y que nos apoyaran.
Desde el inicio no teníamos gran alcance ni mucha cobertura porque no contábamos con permiso. Aunque se hizo una solicitud pidiendo espacio para tener una radio comunitaria, nunca se nos contestó el oficio. Así estuvimos varios años.
Después vinieron de Morelia a querernos quitar la radio, a decomisarla, a que la bajáramos. Pero la gente de la comunidad se juntó.

Fueron tres veces que vinieron, pero en la tercera fue la vencida y sí nos decomisaron. No teníamos gran cosa, pero se llevaron el transmisor. Ahí nos dimos otra vez a la lucha: fuimos a Ciudad de México, con el Ombudsman, con políticos, a ruedas de prensa. Siempre hemos tenido vida como de película. Pero ahí vamos. Yo les digo: esta radio es como el Ave Fénix, de nuestras cenizas nos levantamos otra vez.

—¿Y cómo se integró la presencia de las mujeres tanto en la radio como en los espacios de toma de decisiones?
—Lamentablemente, en los pueblos indígenas los hombres son muy machistas. No toman en cuenta a la mujer y es un mal que vienen arrastrando. Hasta ahora, a partir de las autonomías, ha ido cambiando el contexto. Ha sido muy diferente porque anteriormente no dejaban participar a las mujeres en reuniones ni asambleas. Y los cargos comunitarios muchas veces se asignaban a personas mayores solo por edad, no por conocimientos, incluso sin saber leer o escribir.
Como yo tengo mi programa todos los días, empecé a decirles a las mujeres —porque me gusta ser clara— que iba a haber una reunión tal día a tales horas, y que estaban todas invitadas. “Compañeras —les decía—, ¿ustedes se creen eso de que las mujeres no tenemos derecho a asistir a las reuniones? Si a eso vamos, creo que tenemos más derecho las mujeres que los hombres, ¿por qué? ¿Quién les hace de comer? ¿Quién les lava? ¿Quién les plancha? Pues nosotras. Es más, vamos dejándolos peor que en la película ‘Un día sin mexicanos’; vamos a dejarlos, no un día, sino una semana sin mujeres, a ver cómo les va”.
Yo me daba a la tarea de decirles que tenemos equidad de género y creo que sí ha hecho eco mi voz porque ahora en el Consejo ya hemos tenido mujeres concejales y secretarias.
María Filomena Ríos, defensora del bosque y comunicadora comunitaria en Radio Khumati. Foto: cortesía María Filomena Ríos—¿La comunidad ha logrado recuperar algunas de sus tierras? ¿A qué costo?
—Sí, ya se han recuperado algunas hectáreas y nuestro bosque, se logró echar fuera a los aguacateros y a los talamontes; se les tiene prohibido entrar porque muchos se dedican a talar los pinos para venderlos. Y lo siguen haciendo, pero ya no tan indiscriminadamente. A mí me ha dado mucha tristeza ver tanto pino hecho pedazos, ver tanto pino que quemaron, pero sobre todo ver los cerros prácticamente pelones.
A partir del nuevo Consejo, también se ha reforestado, aunque todavía con miles de problemas. En 2022, a Esteban lo “levantaron”, se lo llevaron cuatro días. Fueron seis hombres fuertemente armados que lo bajaron de la camioneta. Mi hijo y yo veníamos con él. Hubo una lucha muy fuerte para lograr que nos lo regresaran, pero gracias a Dios todo salió bien.
Coincidió con actividades en las que estábamos participando con la UNESCO y, junto con la AMARC [Asociación Mundial de Radios Comunitarias] y todos los compañeros de las radios, se lanzó un comunicado exigiendo al gobierno que Esteban apareciera con vida. Cerramos prácticamente todo Michoacán, porque somos parte del Consejo Supremo Indígena de Michoacán y su coordinador ordenó que cerráramos las carreteras. En abril se cumplieron cuatro años. Hemos tenido luchas pesadas, pero hemos salido triunfadores.

—¿Qué significa para ustedes el bosque más allá de lo ambiental?
—Para nosotros es tan importante defender el bosque como la Madre Tierra, porque dependemos de él. Dependemos del bosque, de su aire. Si no dejamos bosques, si no dejamos pinos para nuestros hijos, para nuestros nietos, ¿qué les vamos a dejar? ¿Un desierto?
En el bosque hay vida. Sin los pinos no hay aire. Así lo entendemos en la comunidad, y creo que la mayoría de la gente también lo ve así. Sin bosque y sin tierra no hay vida, por eso lo defendemos. Para nosotros es eso: la vida, tanto para nosotros como para los que vienen.
—A lo largo de los años, ¿qué le ha dado fuerza para continuar pese a los riesgos y las adversidades?
—Saber que logramos los objetivos, saber que se logra la defensa del territorio, que se logra recuperar el monte o que se sigue intentando. Que se logra reforestar, no solo en esta comunidad sino en otras. Esa es la satisfacción a pesar de los riesgos que corremos.
—¿Hacia dónde siente que se dirige hoy la búsqueda por recuperar el territorio en su comunidad y qué retos o esperanzas ve en el camino? ¿Cómo se imagina a Ocumicho y sus bosques en el futuro?
—Queremos alcanzar que todas las comunidades que quieran obtener su autonomía, lo logren. También queremos ver los cerros llenos de pinos, grandotes y frondosos. Esa es mi ilusión: ver los pinitos ya creciditos, ver todo verde. Y claro, que las tierras y el territorio están recuperados.
Hemos reforestado mucho, ahí vamos, y no espero que el resultado sea a 10 o 20 años porque no sé si yo los viva, pero por lo menos en unos cinco años más, ya habrá mucha vida en el bosque. Ya estarán nuestros pinitos larguitos.
Quienes tengan la intención de luchar por su territorio, por su bosque, adelante. No hay mayor satisfacción que haber logrado con éxito la lucha que te forjas.
*Imagen principal: María Filomena Ríos, defensora del bosque y comunicadora comunitaria en Radio Khumati. Foto: cortesía María Filomena Ríos
Publicado originalmente en Mongabay


