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/Eduardo Sadot /
En la construcción del discurso político, la narrativa suele operar como un refugio de las intenciones, pero la gestión pública se juzga indefectiblemente por sus resultados. A lo largo del proyecto de la 4Tiranía, la distancia entre las promesas proclamadas y la evidencia estadística no solo se mantuvo, sino que terminó por consolidar un abismo que compromete la memoria institucional del país.
Uno de los flancos más críticos se observa en la política social y los servicios básicos. La persistente promesa de erigir un sistema de salud comparable al de los países nórdicos colisionó severamente con la realidad. La improvisación operativa — marcada por la fallida transición del Seguro Popular al INSABI y posteriormente al IMSS-Bienestar — derivó en que más de 50 millones de mexicanos perdieran el acceso efectivo a servicios médicos, al tiempo que el desabasto de medicamentos se volvió una crisis recurrente. De forma paralela, el compromiso de protección ambiental sucumbió ante las prioridades de la infraestructura; la sentencia de no talar un solo árbol para el Tren Maya fue desmentida por la devastación de millones de ejemplares e impactos irreversibles en el acuífero maya, y en la belleza de los cenotes documentados por la propia autoridad ambiental.
En el ámbito de la gobernanza y el Estado de derecho, las contradicciones resultaron igualmente profundas. La bandera de la erradicación total de la corrupción perdió fuerza ante casos emblemáticos como el desfalco multimillonario en Segalmex. Asimismo, la postura histórica de regresar a las Fuerzas Armadas a los cuarteles dio paso a un proceso de militarización inédito, cediendo a las fuerzas militares el control no solo de la seguridad pública, sino de aduanas, puertos y obras civiles.
Las variables económicas y la soberanía energética tampoco escaparon a esta brecha. El costo de la gasolina jamás descendió a los niveles prometidos, el crecimiento del Producto Interno Bruto promedió apenas alrededor del 1% anual —muy lejos de la meta del 4%— y la retórica del no endeudamiento se matizó con un déficit fiscal histórico y un incremento sustancial en el saldo de la deuda pública. En materia industrial, la Refinería de Dos Bocas se convirtió en un símbolo de retrasos y sobrecostos que duplicaron el presupuesto inicial, mientras que el episodio del avión presidencial dejó más costos logísticos y depreciación que los ahorros anunciados.
Finalmente, en el eje más sensible para la ciudadanía, la afirmación de que las masacres y la violencia habían cesado, chocó contra el registro de más de 190 mil homicidios en el sexenio. La retórica oficial puede moldear la percepción por un tiempo, pero los indicadores económicos, ambientales y de seguridad terminan por imponer la fuerza de los hechos. La historia de un gobierno no se redacta con otros datos, sino con la realidad que enfrentan los ciudadanos.
Nos preguntamos si todos esos “políticos” no tienen familia, o como en el caso de “obrador” son igual que el, pero y la siguiente generación ¿puede aguantar el peso de la crítica de la historia? Cómo mirar a los ojos de sus hijos y sus nietos, con el prestigio de mentiroso, traicionero y corrupto.
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