Paternidades responsables

*Alguien como tú

/ Gladys Pérez Maldonado /

Cada tercer domingo de junio, las familias se reúnen para celebrar el Día del Padre. Las redes sociales se llenan de fotografías, mensajes de gratitud y reconocimientos hacia aquellos hombres que han asumido con amor y compromiso una de las tareas más trascendentales de la vida: la paternidad. Sin embargo, más allá de los festejos y las felicitaciones, esta fecha también debe ser una oportunidad para reflexionar sobre una realidad que permanece vigente, mientras miles de hombres ejercen una paternidad responsable y comprometida, otros tantos continúan ausentes, incumpliendo obligaciones y dejando profundas heridas en sus descendientes.

La imagen tradicional del padre como simple proveedor económico ha quedado rebasada. Las nuevas dinámicas familiares y los avances en materia de igualdad han demostrado que la paternidad implica mucho más que aportar dinero al hogar. Ser padre significa acompañar, cuidar, educar, escuchar, proteger y participar activamente en el desarrollo integral de las y los hijos. Implica estar presente en los momentos felices, pero también en las dificultades, en las enfermedades, en las decisiones importantes y en la construcción de valores.

Afortunadamente, cada vez son más los hombres que entienden la paternidad desde una perspectiva de corresponsabilidad. Padres que cambian pañales, preparan alimentos, acuden a las reuniones escolares, asisten a las consultas médicas, acompañan con las tareas y participan activamente en la crianza. Son hombres que han comprendido que la masculinidad no está reñida con la ternura, el afecto y la sensibilidad, y que el mejor legado que pueden dejar a sus hijos e hijas es su presencia y su ejemplo.

Pero junto a estas historias dignas de reconocimiento, existe otra realidad que no puede ser ignorada. La de las paternidades irresponsables, las ausencias emocionales y el abandono. Porque ser padre no es únicamente engendrar; es asumir responsabilidades que trascienden lo biológico.

En México, una de cada tres familias tiene jefatura femenina y, en la mayoría de estos hogares, las mujeres asumen solas la manutención y crianza de sus hijas e hijos debido a la ausencia del padre. A ello se suma el problema del incumplimiento de las pensiones alimenticias, una práctica que no solo constituye una violación a las obligaciones legales, sino también una forma de violencia que afecta directamente el bienestar y el desarrollo de los hijos.

La irresponsabilidad paterna tiene consecuencias que van mucho más allá del ámbito privado. Diversos estudios han demostrado que la ausencia de una figura paterna comprometida puede influir en la estabilidad emocional, el rendimiento escolar y las oportunidades de desarrollo de niñas, niños y adolescentes. El abandono genera vacíos afectivos, inseguridades y, en muchos casos, perpetúa ciclos de desigualdad y vulnerabilidad.

Por ello, resulta preocupante que la sociedad todavía tienda a minimizar o justificar estas conductas. Durante décadas se normalizó la idea de que la crianza era una responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, mientras a los hombres se les permitía ejercer una paternidad intermitente o distante. Esa visión no solo es injusta, sino incompatible con una sociedad que aspira a la igualdad y al respeto pleno de los derechos de la infancia.

México ha dado pasos importantes para combatir estas prácticas, la creación del Registro Nacional de Obligaciones Alimentarias constituye una herramienta para inhibir el incumplimiento de las pensiones y fortalecer la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, ninguna reforma legal será suficiente si no va acompañada de una transformación cultural que promueva una paternidad responsable, cercana y comprometida.

Porque la verdadera paternidad se construye todos los días. Se expresa en el tiempo compartido, en las palabras de aliento, en la escucha, en los cuidados y en la capacidad de asumir responsabilidades. No basta con aparecer en fechas especiales o con limitarse a una contribución económica ocasional. Los niños y niñas necesitan presencia, afecto y acompañamiento.

En este Día del Padre es justo reconocer y celebrar a quienes han hecho del amor una práctica cotidiana y de la responsabilidad un compromiso permanente. A esos hombres que han entendido que ser padre es mucho más que un vínculo biológico y que la grandeza de la paternidad se mide por la capacidad de estar presentes y de formar seres humanos con valores y dignidad.

La paternidad se demuestra en la constancia, en la presencia y en la capacidad de asumir responsabilidades incluso cuando nadie aplaude…