PAZ: el regreso de los viejos conocidos

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*Astrolabio Político.

/ Por: Luis Ramírez Baqueiro / 

“El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños”. – Eleanor Roosevelt.

En política casi nadie desaparece. Algunos pierden elecciones, otros pierden el registro y muchos simplemente cambian de siglas. Bajo esa lógica debe observarse el nacimiento de PAZ, organización que busca convertirse en partido político nacional y que encuentra buena parte de sus raíces en el desaparecido Partido Encuentro Social (PES).

Detrás del proyecto vuelve a aparecer Hugo Eric Flores Cervantes, quien encabezó al PES y ahora busca reagrupar estructuras, liderazgos y operadores que quedaron dispersos después de la pérdida del registro nacional de aquella organización.

La historia del PES sigue siendo utilizada por sus antiguos dirigentes como argumento político. Su desaparición ocurrió después de las elecciones federales de 2018, cuando no alcanzó el 3 por ciento de la votación requerido para conservar el registro. Desde entonces, sus cuadros han sostenido que el resultado fue extremadamente cerrado y que, durante distintos momentos del cómputo y revisión de casillas, existieron números que alimentaban sus expectativas de supervivencia.

Pero el punto verdaderamente interesante no está en revivir aquella batalla jurídica y electoral, sino en entender qué pretende construir ahora PAZ y, particularmente, qué representa su reorganización en Veracruz.

En tierras veracruzanas aparece un viejo conocido: Gonzalo Guízar Valladares.

Político formado originalmente en las filas del PRI, Guízar abandonó aquel instituto después de diferencias con el fidelismo y terminó encontrando espacio en Encuentro Social, partido con el que logró mantener presencia política y construir una estructura propia. Ahora vuelve a escena como uno de los principales referentes de PAZ en Veracruz.

Y eso resulta significativo.

Porque Guízar conoce los entretelones de la política estatal, sabe negociar, conoce regiones y liderazgos y, sobre todo, entiende que en Veracruz una organización política difícilmente sobrevive únicamente con ideología: necesita estructura territorial, cuadros capaces y operadores que conozcan las entrañas administrativas y electorales.

A su alrededor comienzan a aparecer otros nombres.

Uno de ellos es María Fernanda Montes González, quien ocupa la Secretaría General estatal y pertenece a una familia con antecedentes políticos importantes. Es heredera política de Ignacio González Rebolledo, personaje que ocupó responsabilidades legislativas y cargos relevantes dentro de la administración pública veracruzana.

También aparece Cristina Olivia Córdova Meza, como secretaria de Estrategia Electoral, una posición nada menor para una organización cuyo desafío inmediato consiste precisamente en demostrar que puede pasar de las reuniones, fotografías y discursos a la construcción de una verdadera maquinaria territorial.

A esa estructura se incorpora además Alberto Rosendo García, quien asume la Secretaría de Finanzas y Administración. Su llegada tampoco parece producto de la casualidad. Se trata de un perfil con amplia experiencia en materia financiera y administrativa y, sobre todo, de alguien que formó parte de los cuadros que en su momento integraron el Partido Encuentro Social.

Ese dato resulta particularmente revelador.

PAZ no parece estar improvisando completamente desde cero. Por el contrario, comienza a observarse una operación encaminada a recuperar experiencia, relaciones y cuadros provenientes del antiguo PES para colocarlos en posiciones estratégicas dentro de la nueva organización.

Guízar en la conducción política; Montes González en la Secretaría General; Córdova Meza en la estrategia electoral y Rosendo García en las finanzas y administración. Las posiciones hablan por sí mismas: política, organización, elecciones y recursos.

Es decir, las cuatro patas indispensables para intentar construir un partido.

Ahí estará la primera prueba.

PAZ tendrá que demostrar si representa realmente una alternativa o solamente una nueva estación para políticos que han transitado por otras siglas. Porque la política mexicana está saturada de partidos que nacieron prometiendo ser diferentes y terminaron convertidos en refugios de cuadros desplazados de otras organizaciones.

Veracruz será un laboratorio particularmente interesante.

Con el proceso electoral de 2027 cada vez más cerca, cualquier estructura capaz de organizar algunos miles de votos adquiere valor político. No necesariamente para ganar por sí misma, sino para negociar candidaturas, construir acuerdos o inclinar resultados en elecciones cerradas.

Y ahí puede encontrarse la verdadera importancia de PAZ.

No habría que medirla únicamente por su capacidad inmediata para convertirse en una fuerza mayoritaria, sino por el porcentaje que pueda disputar a los partidos establecidos, los liderazgos municipales que consiga incorporar y la capacidad territorial que logre reconstruir.

Porque una cosa es obtener el registro y otra, bastante distinta, construir un partido.

Guízar Valladares lo sabe.

Hugo Eric Flores también.

Y quienes hoy regresan desde las antiguas estructuras de Encuentro Social seguramente aprendieron la lección: un partido puede desaparecer de la boleta, pero sus cuadros, relaciones y operadores permanecen esperando otra oportunidad.

El viejo PES desapareció jurídicamente, pero parte de su ADN político sobrevivió. PAZ parece dispuesto a recuperarlo, reorganizarlo y ponerlo nuevamente a prueba.

La incógnita rumbo a 2027 será saber hasta dónde puede llegar.

Porque cambiar las siglas resulta sencillo.

Lo verdaderamente complicado será demostrar que PAZ no es simplemente el PES vestido para una segunda oportunidad, sino una fuerza capaz de encontrar un espacio propio en el cada vez más disputado tablero político veracruzano..

Al tiempo.

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“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx