- La investigación de Sharon Michel Villalobos Pizarro, egresada de la Maestría en Estudios de Género de la Universidad Veracruzana, analiza cómo esto incide en la experiencia del diagnóstico y la atención
- Las narrativas de resistencia buscan recuperar autonomía y reconocer redes colectivas de cuidado .
/ Paola Cortés Pérez / Fotos: Omar Portilla Palacios / UV/
24/08/2026, Xalapa, Ver.- El estigma asociado al virus del papiloma humano (VPH) puede trascender el diagnóstico médico y afectar la manera en que las personas viven su cuerpo, sus emociones, sus relaciones y sus procesos de atención en salud, señaló Sharon Michel Villalobos Pizarro, egresada de la Maestría en Estudios de Género de la Universidad Veracruzana (UV).
Durante una entrevista sobre su investigación “Discurso de odio alrededor del VPH: cuerpos y emociones para la construcción de narrativas de resistencia”, explicó que, aunque esta infección de transmisión sexual (ITS) es frecuente, persiste el desconocimiento, los prejuicios y los discursos que vinculan el diagnóstico con juicios morales relacionados con la sexualidad.
El interés por estudiar esta problemática surgió también de su propia experiencia con el VPH, a partir de la cual identificó situaciones que —aunque pueden parecer sutiles— influyen en la manera en que las personas enfrentan el proceso, entre ellas determinadas formas de trato en los espacios médicos, la búsqueda de información y las reacciones de familiares y personas cercanas.
Villalobos Pizarro explicó que en su investigación entiende los discursos de odio como prácticas que desacreditan a las personas, establecen una división entre cuerpos considerados sanos y enfermos y atribuyen una carga moral al diagnóstico. Desde esta perspectiva, alrededor del VPH pueden reproducirse ideas sobre cómo debería vivirse la sexualidad para conservar un supuesto “cuerpo sano”.
Para aproximarse a esta problemática recurrió a la autoetnografía, desde una metodología feminista, que le permitió colocar su propia experiencia en diálogo con la de otras personas. Explicó que esta perspectiva cuestiona la idea tradicional de que la experiencia personal constituye necesariamente un sesgo y, en cambio, reconoce que vivir una situación puede aportar conocimientos relevantes para comprenderla.
Además, buscó que las personas participantes fueran reconocidas como colaboradoras y constructoras de conocimiento, debido a que se trata de un tema relacionado con un diagnóstico médico, la sexualidad y diversos tabúes; para ello, fue necesario establecer condiciones de confianza y cuidado para abordar las experiencias sin reproducir situaciones de violencia o revictimización.
Uno de los principales hallazgos de su trabajo fue que la experiencia del VPH no puede analizarse únicamente desde la biomedicina, pues también intervienen factores como el género, la clase social y otras condiciones de desigualdad que pueden modificar la manera en que una persona vive el diagnóstico y accede a atención.
Señaló que, aunque el VPH es una infección frecuente, persisten el desconocimiento y los prejuicios en torno a su diagnóstico
La egresada señaló que los discursos estigmatizantes pueden profundizar sentimientos de vergüenza, miedo o aislamiento, así como influir en la relación de las personas con los servicios de salud; por ello, consideró necesario que la atención coloque a la persona en el centro y reconozca tanto su experiencia corporal como sus emociones.
Sin embargo, destacó que las personas no permanecen pasivas frente a estas experiencias, ya que a lo largo de su investigación identificó diversas formas de resistencia y acompañamiento, entre ellas las redes de apoyo, las familias elegidas, los vínculos comunitarios, el intercambio de información y espacios donde es posible hablar del tema sin ser juzgado.
Asimismo, encontró iniciativas provenientes del arte, la divulgación y distintos saberes comunitarios que buscan desestigmatizar el cuerpo y generar información accesible. También realizó talleres con colaboradoras y, mediante la reconstrucción colectiva de conocimientos, se elaboraron fanzines destinados a brindar información clara y gratuita.
Subrayó que estas narrativas de resistencia pueden contribuir a desmontar ideas que asocian el VPH con calificativos morales, porque un diagnóstico no determina quién es una persona ni define su sexualidad, sus relaciones o sus proyectos de vida.
Salud colectiva y territorio
Otro de los planteamientos centrales de la investigación es que la salud no puede entenderse únicamente como una responsabilidad individual. A partir del trabajo realizado con sus colaboradoras y actoras clave, Sharon Michel Villalobos llegó a considerar que el bienestar depende también de una red de cuidados y de las condiciones en las que las personas desarrollan su vida cotidiana.
Esto incluye contar con tiempo para cuidarse, recibir apoyo cuando se atraviesa una enfermedad, disponer de espacios seguros para hablar de lo que ocurre y vivir en entornos que no deterioren la salud; desde esta perspectiva, afirmó que el estrés cotidiano y las condiciones sociales también forman parte de la experiencia de salud.
La dimensión territorial fue otro elemento que adquirió relevancia durante su investigación: El contacto con personas vinculadas con la herbolaria y la medicina tradicional le permitió acercarse a conocimientos relacionados con el territorio y reflexionar sobre la necesidad de preservar los espacios donde existen determinadas plantas y saberes.
Villalobos Pizarro señaló que algunos de estos conocimientos se encuentran amenazados por procesos de transformación territorial, entre ellos proyectos de construcción inmobiliaria; por eso, defenderlo puede formar parte de una reflexión sobre la salud, pues implica preservar los entornos y conocimientos que forman parte de las comunidades.
En este sentido, habló de la autogestión de la salud como una forma de recuperar autonomía: conocer el propio cuerpo, establecer vínculos con otras personas, fortalecer redes de apoyo y participar activamente en las decisiones relacionadas con el bienestar.
Los discursos estigmatizantes pueden generar vergüenza, miedo y aislamiento, además de alejar a las personas de los servicios de salud
No obstante, enfatizó que su investigación no pretende presentar a la medicina como algo negativo, por el contrario, reconoció el trabajo de los profesionales de la salud que acompañan los diagnósticos de manera respetuosa y digna; sin embargo, cuestiona aquellas prácticas en las que la vulnerabilidad o la falta de información de las personas puede ser aprovechada.
“Mi investigación no pretende decir que la medicina es mala”, reiteró al señalar que existen profesionales que realizan una labor respetuosa y que pueden acompañar un diagnóstico de manera digna. Al mismo tiempo, consideró importante aceptar que existen otras formas de acompañamiento y saberes que algunas personas han buscado como parte de sus procesos de resistencia y cuidado.
Una mirada situada desde Colombia
Como parte de su formación e investigación, Sharon Michel Villalobos hizo una estancia en la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, donde contó con la dirección y acompañamiento de Franklin Gil Hernández.
La actividad le permitió dialogar con investigadoras que también estudian el VPH desde perspectivas situadas y encarnadas, algunas de ellas con experiencias propias relacionadas con el virus; este intercambio contribuyó a profundizar en temas como raza, clase, autogestión de la salud, defensa de los territorios y justicia epistémica.
Esta experiencia amplió su mirada sobre la importancia de reconocer saberes populares y comunitarios como conocimientos que también pueden tener cabida en la academia, compartió.
Para la egresada de la Maestría en Estudios de Género, construir narrativas de resistencia alrededor del VPH significa abrir espacios para que las personas puedan acceder a información clara, hablar de sus experiencias sin miedo y participar activamente en las decisiones relacionadas con su salud.
Más allá del diagnóstico, su investigación propone mirar las condiciones sociales, emocionales, corporales y territoriales que atraviesan estas experiencias, así como reconocer las redes de cuidado que permiten enfrentarlas.
En esta perspectiva, generar conocimiento también implica recuperar la autonomía de las personas y cuestionar los discursos que convierten una condición de salud en motivo de vergüenza, culpa o discriminación, finalizó.

