*Al cardenal Pizzaballa y al padre Ielpo se les impidió el ingreso al Santo Sepulcro.
En una nota, el Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa denuncian que la policía israelí impidió al patriarca Pizzaballa y al custodio Ielpo entrar en la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, para celebrar la Misa del Domingo de Ramos.
“La primera vez en siglos: medida grave e irrazonable, un alejamiento de los principios de la libertad de culto y respeto del Status Quo”. Por la tarde está prevista una oración por la paz desde el Monte de los Olivos.
/Roberto Paglialonga – Ciudad del Vaticano/
Esta mañana, 29 de marzo, la policía israelí impidió al patriarca latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, junto con el custodio de Tierra Santa, padre Francesco Ielpo, entrar en la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, mientras se dirigían a celebrar la Misa del Domingo de Ramos.
Medida irrazonable y desproporcionada
Así lo comunicaron en una nota conjunta el Patriarcado Latino y la Custodia de Tierra Santa. Impedir el ingreso a quienes “ocupan las más altas responsabilidades eclesiásticas para la Iglesia católica y los Lugares Santos”, denuncian, constituye “una medida manifiestamente irrazonable y gravemente desproporcionada”. Una decisión considerada “apresurada y fundamentalmente errónea, viciada por consideraciones impropias”, que “representa un grave alejamiento de los principios fundamentales de razonabilidad, libertad de culto y respeto del Status Quo”.El primer impedimento de este tipo en siglos
Pizzaballa e Ielpo, se explica, fueron detenidos a lo largo del recorrido, “mientras procedían en forma privada y sin ninguna característica de procesión o acto ceremonial”. Fueron obligados por lo tanto a regresar. Es “la primera vez en siglos” que a los jefes de la Iglesia se les “impide celebrar la Misa del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro”.
Se trata —son las duras palabras de la nota— de “un grave precedente” con el cual se ignora “la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo que, durante esta semana, miran a Jerusalén”.
En el comunicado se destaca, luego, cómo en todo este tiempo, los jefes de las Iglesias siempre han respetado las prescripciones de las autoridades y las restricciones impuestas a causa del conflicto, actuando “con plena responsabilidad”. “Los encuentros públicos han sido anulados, la participación ha sido prohibida y se han tomado disposiciones para transmitir las celebraciones a cientos de millones de fieles en todo el mundo que, en estos días de Pascua, dirigen la mirada a Jerusalén y a la Basílica del Santo Sepulcro”.
Por lo tanto, el patriarca latino Pizzaballa y el custodio de Tierra Santa Ielpo “expresan su profundo pesar a los fieles cristianos en Tierra Santa y en todo el mundo por el hecho de que la oración en uno de los días más sagrados del calendario cristiano haya sido así impedida”.
Una oración por la paz desde el Monte de los Olivos
Hoy, con ocasión de la solemnidad del Domingo de Ramos, según lo difundido en un comunicado difundido anteriormente por el Patriarcado, está previsto que el cardenal Pizzaballa, patriarca de Jerusalén de los latinos, conduzca un momento de oración por la paz desde el Santuario del Dominus Flevit en el Monte de los Olivos, en Jerusalén. Al término, la bendición sobre la Ciudad Santa impartida por el cardenal.
- La misma nota precisa además que, a causa de las restricciones impuestas por la guerra en Medio Oriente, no será admitida la presencia de la prensa, pero la cobertura será asegurada por un pool de la agencia Reuters.La cancelación de la procesión del Domingo de Ramos
Por las mismas razones ligadas al conflicto en los días pasados ya había sido decidida la cancelación de la tradicional procesión del Domingo de Ramos desde el Monte de los Olivos a Jerusalén.
En la ocasión, en un comunicado publicado en el sitio del Patriarcado, el purpurado destacaba cómo “a la dureza de este tiempo de guerra, que nos involucra a todos, se añade hoy también la de no poder celebrar dignamente y juntos la Pascua. Una herida” que se suma “a tantas otras infligidas por el conflicto”, y que sin embargo no puede detener la oración. Porque —concluía— “ninguna oscuridad, ni siquiera la de la guerra, puede tener la última palabra”.
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