¿Por qué los perros se mueren antes que nosotros…?

CON SINGULAR ALEGRÍA
POR GILDA MONTAÑO
26-01-26

*Para doña Delfina, que sí quiere a nuestros peludos.

¿Por qué los perros se mueren antes que nosotros…?
Un niño lo pudo explicar de esta forma:
“La gente viene al mundo para poder aprender cómo vivir una buena vida, cómo amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, ¿verdad?”.
“Bueno, como los perros ya saben cómo hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros.”

Si un perro fuera tu maestro, aprenderías cosas como:
– Cuando tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos.
– Nunca dejes pasar una oportunidad para ir a pasear.
– Deja que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro Éxtasis.
– Toma siestas.
– Estírate antes de levantarte.
– Corre, brinca y juega a diario.
– Mejora tu atención y deja que la gente te toque.
– Evita morder cuando un simple gruñido sería suficiente.
– En días cálidos, recuéstate sobre tu espalda en el pasto, patas abiertas.
– Cuando haga mucho calor, toma mucha agua y recuéstate bajo la sombra de un árbol.
– Cuando estés feliz, baila alrededor, y mueve todo tu cuerpo.
– Deléitate en la alegría simple de una larga caminata.
– Sé leal.
– Nunca pretendas ser algo que no eres.
– Si lo que quieres está enterrado, escarba hasta que lo encuentres.
– Cuando alguien tenga un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazles sentir que estás ahí.

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Y todo esto viene a colación porque el zafarrancho del comodato dado en beneficio de un albergue de perros en la carretera México-Toluca, que de sopetón se saturó con estos peludos y gatos, fue insostenible. Y el correrlos, peor.

No puedo entender cómo se puede limpiar un espacio tan grande, y tan lleno de animales, con tan poquita gente. Pero además sin apoyo y sin comida para ellos. Por más que quieran hacerle, esto no es posible. Aunque la gente sea más que buena.

Luego vinieron y se los llevaron a casi todos, y a algunos los dejaron sin agua y sin comida, dos días en el terrible frío que ha hecho en estos días en la CDMX. Total, entre menos sean, mejor para mantenerlos.

Yo no podré entender nunca el afán de no tener castrado a un animal, si se va a quedar en casa de alguien. Que esté, el perro o el gato teniendo infinidad de criaturas, es de lo más deplorable. Se meten en mil casas sin avisar, les golpean, los atropellan, algunas personas hasta con harta rabia, los echan a aceite hirviendo, los lastiman lo más que pueden y los martirizan hasta dejarlos en la calle, muertos de hambre, de frío y con una violencia descomunal. Como si ellos tuvieran la culpa de lo mal que les va a algunos humanos.

En mi casa están Kiko, -que es el único comprado-; Pulke, que se recogió afuera de una pulquería todo lastimado, es pastor alemán; Kiki, gata blanca donada después de que se la casi devoró un perro; y Aza, que fue recogida en la calle porque unos perros la querían deshacer. Ella es blanca con negro y fue de mi madre, hasta después de tres meses después de que ella murió. No hubo momento en que la pudiera sacar de su cama, todas las noches, cuando la estaba esperando para dormir. Todos son muy queridos y muy entendidos. Y, sobre todo, muy cuidados. Avisan, están pendientes, atentos, dan sus vueltas alrededor del jardín y no dejan que nadie se acerque.

Un día, al entonces director de la Policía del Estado de México, Joaquín Rodríguez Lugo, me regaló un Pastor Belga Malinois: Pancho, que era inteligente, cuidadoso, y que mientras vivió, no dejó que jamás se acercara nadie, ni siquiera a mirar fuera de la casa. Vamos, un día quise yo entrar a la recámara de mi hijo, y Pancho aún pequeño, como de 6 meses, se puso enfrente y no me dejó pasar. Atrevido, entusiasta, terrible, supo perfecto quien lo quería y cómo cuidar una casa. Tuvo hasta un entrenamiento de combate. Estaba amaestrado para atacar. Y pobre de quien se medio acercara a ver qué había dentro o fuera de la casa.

Así que, si alguien de repente pretende deshacerse de mil perros, sin tener ni siquiera a donde meterlos, sin saber qué hacer con ellos ni como manejarlos, pues lo único que me podría dar es mucha angustia y pesar por todos esos peludos que no han hecho más que nacer en un lugar en donde nadie los ha querido, y dejarlos en la calle, para que mueran. También hay, o debería haber, sistemas de planificación y esterilización para animales que lo buscan a gritos, dentro de los municipios. Yo pedía a los presidentes municipales de hace 35 años que lo hicieran, y me hacían caso. Ahora perros, gatos, niños tirados a la basura en medio de la inmundicia. Total: ¿qué tanto es tantito?

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