*PISA 2025 no muestra un desplome generalizado de México respecto de 2022; matemáticas sí retrocedió, mientras lectura y ciencias se mantuvieron aproximadamente en los niveles de la edición anterior.
08.09.2026. Ciudad de México.- La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó este martes la manera en que se utilizan los resultados de la prueba PISA para comparar los sistemas educativos de países con profundas diferencias sociales, económicas y educativas, luego de que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) difundiera los resultados correspondientes a la evaluación aplicada en 2025.
Al referirse a la posición de México en la medición internacional, la mandataria puso en duda que una misma evaluación pueda reflejar de manera idéntica las condiciones educativas de naciones con contextos muy distintos.
“Siempre hemos dicho que la misma prueba para todos los países siempre tiene sus limitaciones por las características de cada país”, afirmó Sheinbaum durante su conferencia de este martes.
La presidenta hizo énfasis particularmente en los resultados obtenidos por los estudiantes mexicanos en ciencias, área que fue el principal foco de PISA 2025, y destacó que en este rubro México registró una puntuación de 414 puntos.
“En ciencias, México subió”, señaló la mandataria al referirse al desempeño nacional.
La declaración de Sheinbaum se produjo pocas horas después de que la OCDE publicara oficialmente el informe PISA 2025, una evaluación internacional que mide conocimientos y habilidades de estudiantes de alrededor de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias, además de incorporar en esta edición una evaluación sobre resolución de problemas computacionales y aprendizaje en entornos digitales.
México participó nuevamente en el estudio, como lo ha hecho desde el año 2000. En la edición de 2025 fueron evaluados 7 mil 843 estudiantes mexicanos de 297 escuelas, una muestra que representa aproximadamente a 1.58 millones de jóvenes de 15 años, equivalentes a cerca de 69 por ciento de la población total de esa edad en el país.
Los resultados muestran un panorama desigual. En matemáticas, México obtuvo 388 puntos, por debajo de los 395 registrados en 2022. En lectura alcanzó 408 puntos y en ciencias 414, mientras que la OCDE señala que los resultados mexicanos en estas dos áreas fueron estadísticamente similares a los de la edición anterior.
La prueba vuelve a colocar a México por debajo del promedio de los países de la OCDE en las tres áreas principales. El promedio de la organización fue de 469 puntos en matemáticas, 472 en lectura y 485 en ciencias, frente a los 388, 408 y 414 obtenidos por los estudiantes mexicanos, respectivamente. ([OECD][1])
Uno de los datos que más llama la atención se encuentra en los niveles mínimos de competencia.
En matemáticas, solamente 30 por ciento de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel 2 de desempeño, considerado el umbral básico de competencia. El promedio de la OCDE fue de 65 por ciento.
En lectura, alrededor de la mitad de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel 2 o superior, frente a 69 por ciento en el conjunto de la OCDE. En ciencias ocurrió una situación similar: 50 por ciento de los estudiantes mexicanos llegó al nivel mínimo, mientras que el promedio de la organización fue de 74 por ciento.
En el extremo superior de la evaluación también existe una brecha considerable. La OCDE reportó que prácticamente no hubo estudiantes mexicanos que alcanzaran los niveles 5 o 6 de desempeño en matemáticas, lectura y ciencias, categorías que corresponden a las capacidades más avanzadas para resolver problemas complejos, interpretar información y aplicar conocimientos en situaciones nuevas.
Sin embargo, la propia OCDE plantea elementos que deben ser considerados antes de interpretar los resultados únicamente como una caída en la calidad educativa.
El organismo internacional señala que entre 2015 y 2025 aumentó de manera importante el número de jóvenes de 15 años que estaban incorporados al sistema educativo mexicano y que podían ser incluidos en la evaluación. Esa expansión estuvo acompañada por una mayor incorporación de estudiantes provenientes de poblaciones históricamente marginadas.
De acuerdo con el informe, este fenómeno puede explicar una parte del descenso aparente en los promedios nacionales, debido a que la población evaluada en 2025 es más amplia e incluye a jóvenes que anteriormente tenían menores posibilidades de permanecer en la educación secundaria.
La OCDE sostiene que, cuando se toma en cuenta esa expansión educativa, el panorama resulta algo más favorable: el desempeño de los estudiantes en mejores condiciones socioeconómicas no cayó en la misma proporción que muestran las comparaciones simples de los promedios nacionales.
Este elemento adquiere relevancia frente al argumento expresado por Sheinbaum, quien cuestionó que los resultados de una evaluación internacional puedan interpretarse sin considerar las particularidades de cada sistema educativo.
La presidenta insistió en que las condiciones de cada país son diferentes y que esa diversidad debe formar parte del análisis.
“La misma prueba para todos los países siempre tiene sus limitaciones por las características de cada país”, reiteró.
PISA, sin embargo, no pretende ser una evaluación de los programas escolares específicos de cada nación. La OCDE explica que el examen busca conocer qué pueden hacer los estudiantes de aproximadamente 15 años con los conocimientos adquiridos, particularmente su capacidad para resolver problemas, pensar críticamente y utilizar información en situaciones de la vida real.
Además de la prueba cognitiva, los estudiantes responden cuestionarios sobre su entorno familiar, experiencias escolares, actitudes y condiciones de aprendizaje. Esa información permite analizar las diferencias de rendimiento asociadas con factores socioeconómicos y escolares.
En la edición de 2025, el área principal de evaluación fue ciencias. Matemáticas y lectura tuvieron un papel secundario, mientras que también se incorporó el análisis de las capacidades de los estudiantes para resolver problemas computacionales y desenvolverse en ambientes digitales.
El resultado mexicano en ciencias, de 414 puntos, representa uno de los elementos que Sheinbaum destacó al responder a las preguntas sobre el informe.
No obstante, el dato debe colocarse en perspectiva. Aunque la OCDE reporta que el desempeño de México en ciencias se ha mantenido relativamente estable a lo largo de las distintas ediciones de PISA, el país continúa muy por debajo del promedio de la organización.
En México, la mitad de los estudiantes alcanzó el nivel básico de ciencias, frente a 74 por ciento en promedio entre los países de la OCDE. Los estudiantes que alcanzan el nivel 2 pueden reconocer explicaciones correctas de fenómenos científicos conocidos y utilizar información proporcionada para determinar, en situaciones sencillas, si una conclusión es válida.
En matemáticas, en cambio, la situación es más complicada. El retroceso respecto de 2022 llevó el resultado mexicano a 388 puntos. La proporción de estudiantes que no alcanza el nivel básico también ha aumentado respecto de 2015: la OCDE reporta un incremento de 13 puntos porcentuales en la proporción de alumnos por debajo del nivel 2 durante esa década.
En lectura, México obtuvo 408 puntos. Aunque el resultado no representa un cambio estadísticamente significativo respecto de 2022, la proporción de estudiantes que no alcanza el nivel mínimo aumentó ocho puntos porcentuales respecto de 2015.
Los resultados también muestran que las condiciones socioeconómicas siguen influyendo en el desempeño escolar. En ciencias, los estudiantes mexicanos pertenecientes al 25 por ciento con mayores ventajas socioeconómicas superaron por 68 puntos a quienes se encontraban en el 25 por ciento con mayores desventajas.
Aunque existe una diferencia importante, la brecha mexicana es menor que la registrada en promedio entre los países de la OCDE, donde alcanza 85 puntos.
La evaluación también encontró algunos indicadores positivos relacionados con las actitudes de los estudiantes mexicanos. El informe señala que los jóvenes del país presentan niveles de participación y preocupación ambiental superiores a los promedios de la OCDE en algunos indicadores. Por ejemplo, 64 por ciento señaló que conversa con familiares o amigos sobre cómo tener un impacto positivo en el medio ambiente, frente a 56 por ciento en promedio en la organización.
El resultado de PISA 2025 llega en un momento en el que el gobierno de Sheinbaum impulsa su propia visión de política educativa a través de la Nueva Escuela Mexicana y defiende la necesidad de utilizar evaluaciones que consideren las condiciones concretas de los estudiantes y las comunidades.
La discusión, por tanto, no se limita a determinar si México subió o bajó posiciones frente a otros países. También plantea qué debe medirse cuando se evalúa el aprendizaje y hasta qué punto una comparación internacional permite explicar por sí sola las condiciones de un sistema educativo.
La propia OCDE reconoce que los resultados deben interpretarse considerando las características de las poblaciones evaluadas y las condiciones bajo las cuales se aplicó la prueba. En el caso mexicano, el organismo informó que todos los datos cumplieron con los estándares de calidad establecidos para PISA y fueron considerados adecuados para su publicación.
La evaluación de 2025 fue realizada en 91 países y economías y participaron más de 760 mil estudiantes, que representan aproximadamente a 33 millones de jóvenes de 15 años en las naciones participantes.
Para México, los resultados dejan una fotografía compleja: una caída en matemáticas, estabilidad en lectura y ciencias respecto de 2022, una brecha considerable frente al promedio de la OCDE y una baja proporción de estudiantes que alcanza los niveles más altos de desempeño.
Pero también muestran un proceso de expansión de la cobertura educativa hacia sectores anteriormente excluidos, un factor que la propia OCDE considera relevante para interpretar la evolución de los promedios nacionales.
La reacción de Sheinbaum se concentró precisamente en esa necesidad de mirar los resultados desde el contexto de cada nación. Su cuestionamiento no fue que los resultados carezcan de utilidad, sino que una comparación directa entre países tiene limitaciones cuando las condiciones sociales, económicas, educativas y de acceso a la escuela son diferentes.
“Siempre hemos dicho que la misma prueba para todos los países siempre tiene sus limitaciones por las características de cada país”, sostuvo la presidenta.
El debate abierto por PISA 2025 queda así entre dos perspectivas: la utilidad de contar con una medición internacional común que permita identificar rezagos y comparar desempeños, y la necesidad de interpretar esos datos a la luz de las desigualdades y características particulares de cada sistema educativo.
En el caso de México, los resultados muestran que persisten desafíos importantes, especialmente en matemáticas y en el porcentaje de jóvenes que alcanza las competencias básicas. Al mismo tiempo, el informe de la OCDE ofrece elementos que permiten evitar una lectura simplista de los resultados y reconocer que el aumento de la cobertura educativa y la incorporación de estudiantes de sectores históricamente marginados también modificaron la población que participa en la evaluación.
Más allá del debate político, los datos colocan nuevamente sobre la mesa una pregunta central para el sistema educativo mexicano: cómo elevar los aprendizajes y reducir las brechas sin perder de vista las condiciones sociales y económicas en las que estudian millones de adolescentes.
La nota distingue entre los datos de la OCDE y la interpretación política de la presidenta, y evita afirmar que México “fracasó” o que la prueba por sí sola mide toda la calidad del sistema educativo.

