*Alguien como tú.
/ Gladys Pérez Maldonado /
La trata de personas no comienza cuando una víctima es encerrada, trasladada o explotada. Empieza mucho antes, en la pobreza que obliga a aceptar cualquier oferta, en la violencia familiar que expulsa a niñas y adolescentes de sus hogares, en la discriminación, en la migración insegura, en la falta de oportunidades y en la indiferencia de una sociedad que muchas veces observa señales evidentes, pero decide callar.
Este delito consiste en captar, transportar, trasladar, recibir o alojar personas mediante engaños, amenazas, abuso de poder u otras formas de sometimiento, con la finalidad de explotarlas. Sus manifestaciones no se limitan a la explotación sexual. También comprende trabajos o servicios forzados, mendicidad obligada, servidumbre, matrimonios forzados, utilización de menores en actividades delictivas y otras formas de explotación.
Por ello, prevenir la trata exige abandonar la idea de que únicamente puede combatirse mediante operativos policiacos y sentencias condenatorias. La persecución penal es indispensable, pero actúa cuando el daño ya está consumado. Una política auténticamente preventiva debe intervenir antes de que una persona sea captada y convertida en mercancía.
El primer frente es la educación. Niñas, niños y adolescentes deben aprender a identificar ofertas laborales engañosas, solicitudes de fotografías íntimas, relaciones afectivas utilizadas como mecanismo de control y contactos digitales que prometen fama, dinero, viajes o una vida mejor. Las familias y las escuelas necesitan herramientas para hablar de estos riesgos sin estigmatizar a las víctimas ni responsabilizarlas por haber confiado en alguien.
Actualmente, las redes sociales, las plataformas de mensajería y los videojuegos pueden ser utilizados para acercarse a potenciales víctimas. El tratante ya no siempre necesita merodear escuelas o terminales de autobuses, esto es, puede ingresar a una habitación mediante un teléfono celular. Por eso, la alfabetización digital, la supervisión respetuosa y la protección de datos personales deben considerarse políticas de seguridad, no simples recomendaciones familiares.
La prevención también debe dirigirse a los espacios laborales. Las autoridades tienen que supervisar campos agrícolas, fábricas, centros nocturnos, hoteles, establecimientos de entretenimiento, agencias de colocación y empleos domésticos. Una vacante sin contrato, el retiro de documentos personales, las jornadas excesivas, el aislamiento, las deudas impuestas o la imposibilidad de abandonar el lugar de trabajo son señales que no deben normalizarse.
México cuenta con una Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas, que establece responsabilidades para los distintos órdenes de gobierno y contempla la protección y asistencia de las víctimas. Sin embargo, ninguna legislación será suficiente si las instituciones carecen de personal especializado, coordinación, presupuesto y mecanismos eficaces de detección.
Prevenir implica también reducir las condiciones que aprovechan los tratantes. Una adolescente que huye de la violencia, una persona migrante sin documentos, una mujer sin autonomía económica, una comunidad indígena marginada o un joven desempleado enfrentan riesgos mayores cuando el Estado no garantiza protección, educación, vivienda, salud y trabajo digno. La trata se alimenta de vulnerabilidades sociales que no fueron atendidas oportunamente.
La sociedad también tiene responsabilidades. Debe rechazar la explotación disfrazada de consumo, denunciar anuncios sospechosos, verificar la legalidad de los servicios contratados y dejar de asumir que toda persona explotada permanece en esa situación porque así lo desea. El miedo, la amenaza, la dependencia emocional y económica, el engaño y la falta de alternativas pueden ser cadenas tan poderosas como una puerta cerrada.
Además, es indispensable capacitar permanentemente a policías, fiscales, personal médico, docentes, autoridades migratorias, trabajadores de hoteles y servidores públicos. Una víctima no siempre pedirá ayuda de manera directa. Puede mostrarse temerosa, no controlar sus documentos, desconocer dónde se encuentra, estar acompañada por alguien que responde por ella o presentar signos de violencia y agotamiento.
La prevención de la trata no puede limitarse a campañas ocasionales ni a discursos pronunciados en el marco de la conmemoración del Día Mundial contra la Trata de Personas, cada 30 de julio. Requiere acciones permanentes, indicadores verificables y políticas construidas con la participación de sobrevivientes y organizaciones especializadas.
Cada víctima rescatada representa una obligación de justicia. Pero cada víctima que logra no ser captada representa el verdadero éxito de la prevención. Combatir la trata no consiste únicamente en encarcelar tratantes; consiste en construir una sociedad en la que ninguna necesidad, engaño o abandono permita que un ser humano sea vendido, explotado y despojado de su dignidad…


