PT, solo en la local

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*DE PRIMERA MANO.

*Ramón Díaz, su único negociador.

*Elízabeth quiere Xalapa; sin posibilidad.

Por Omar Zúñiga

Hay una regla no escrita en la política mexicana que casi nunca falla: cuando un partido necesita zanjar una disputa interna, no manda un comunicado, manda un mensaje.
Eso es, en el fondo, lo que ha hecho el Partido del Trabajo en Veracruz a través de su comisionado político nacional, Ramón Díaz Ávila, un mensaje que no admite matices.
El propio Díaz Ávila es tajante; primero, que la figura de “comisionado estatal” que Vicente Aguilar aparentaba ejercer en Veracruz nunca existió formalmente; fue, en el mejor de los casos, una interpretación generosa de sus propias atribuciones.
Segundo, y esto es lo que realmente importa, que el mando del PT en el estado fue, es y seguirá siendo de Ramón, y que esa definición no salió de una negociación local ni de un acuerdo entre corrientes veracruzanas, sino que fue conformada y confirmada directamente en el Comité Ejecutivo Nacional del partido.
Traducido a términos prácticos, no hay ambigüedad que resolver ni correlación de fuerzas que negociar puertas adentro.
El CEN ya habló, y en el petismo veracruzano eso equivale a una sentencia sin apelación.

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Nada de esto ocurre en el vacío, está de por medio 2027, y con ello la arquitectura de alianzas que definirá buena parte del mapa electoral veracruzano.
En ese terreno hay una certeza y una intención que ya se perfila.
La certeza es que el PT irá en alianza con Morena y el Partido Verde en la elección de los 500 diputados federales y quizá, sólo quizá, en parte de las 17 gubernaturas que entrarán en disputa.
Eso, a estas alturas, es prácticamente un hecho consumado, replicando la lógica de coalición que ya conocemos.
La intención —todavía en construcción, pero con dirección clara desde el propio CEN— es distinta para la elección local: que en Veracruz el PT compita solo en los 30 distritos locales, sin ir de la mano de Morena ni del Verde.
Conviene subrayar que esto no responde a un cálculo veracruzano, sino a un interés que se define y se cocina en el centro del país, y que en este caso coincide con lo que al PT estatal le acomoda, es decir, candidaturas propias, sin la disciplina de coalición, y con Ramón como único interlocutor válido frente a sus homónimos Edgar Herrera Lendechy del PVEM y un tal Zepeta de Morena.
Es una fórmula que le da al PT dos cosas simultáneamente: la protección de ir cobijado por la coalición donde más pesa (lo federal) y la libertad de negociar posiciones propias donde menos le exigen ceder (lo local).
No es una estrategia nueva, pero sí es una señal de que, en Veracruz, el PT quiere jugar con reglas distintas a las que aplicaron en 2024.

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Aparte, pero en el mismo tablero, hay un episodio que ilustra bien las distancias entre la aspiración personal y la viabilidad política.
Elízabeth Morales, coordinadora regional del PT en Xalapa y Emiliano Zapata, ya dejó ver sus intenciones: quiere ser la candidata del partido a la diputación federal por el distrito de Xalapa.
El problema no es la ambición —legítima, como cualquier otra— sino el terreno en el que pretende disputarla.
Xalapa no es un distrito menor ni uno donde baste con traer “sólo respuestas”. Es, hoy por hoy, uno de los distritos con perfiles más sólidos en disputa, y ahí está el nombre de la maestra Delia González Cobos, aún titular del ORFIS, como la carta que —guste o no a quienes la han querido desgastar con ataques que huelen más a encargo que a fiscalización genuina— sigue siendo, con ventaja, la mejor opción de la 4T para ese distrito.
Comparar trayectorias no es un ejercicio de crueldad, es simple contraste de credenciales.
Frente a un perfil como el de González Cobos, con currículum institucional y una gestión al frente de la fiscalización superior del estado que la ha puesto en la mira precisamente por incómoda, la aspiración de Morales luce, para ser generosos, ¿ingenua?
En política, como en el periodismo, las intenciones no sustituyen a los perfiles, y menos cuando el distrito exige algo más que estructura territorial.

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Y para cerrar, una observación que trasciende al PT y a sus acomodos internos. Hasta los aliados de Morena saben ya la catástrofe que se avecina para el partido en el poder. Lo saben, aunque la soberbia que los nubla les impida actuar en consecuencia, los señalamientos se acumulan contra varios de sus personajes centrales, empezando con Andy, el bodoque de López Obrador, como bien lo definió “Cuit” en su momento, siguiendo con Rocha Moya y varios etcéteras, y ese cúmulo de escándalos no se disuelve solo porque el partido cierre filas y decida no ver.
Entre el mensaje del CEN que ordena las cosas en el PT veracruzano, la ambición que se topa con la realidad de los perfiles en Xalapa, y una 4T que se resiste a mirarse al espejo, el mapa hacia 2027 empieza a dibujarse con más claridad de la que muchos actores —dentro y fuera de Morena— quisieran admitir.

¡Qué barbaridad!
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