Que Dios mantenga vivo a Andrés Manuel .

*Desde el Café.

/ Bernardo Gutiérrez Parra /

El pasado sábado, el periodista Jorge Fernández Menéndez reportó en sus redes: “El expresidente López Obrador está internado en el Hospital General Militar por una afección cardiaca”. Horas más tarde el propio Jorge detalló que, aunque sostenía la información de que el expresidente estuvo ingresado, ya no se encontraba en el nosocomio.

Y ya imaginarás lector cómo se pusieron las redes. En paralelo, los medios convencionales (prensa, radio y TV) no le hicieron mucho caso al trascendido. Pero como las redes siguieran encendidas, la presidenta Claudia Sheinbaum salió al rescate este lunes.

“Hay algunos comunicadores y lo digo con todas sus letras: Jorge Fernández Menéndez; él fue quien estuvo difundiendo que el presidente López Obrador había entrado al Hospital Militar. ¿Qué fuente tenía? Ninguna, porque era (un dato) falso. Cómo es posible que alguien que se dice periodista, alguien que se dice que está comprometido con la verdad, pueda difundir una noticia de este tipo… es irresponsable”.

De ribete, lo acusó de orquestar una campaña de desinformación sobre la salud de Andrés Manuel, desestimando las versiones sobre un infarto u hospitalización.

Pero al margen de lo anterior, el problema latente es que el mundo se le vendrá irremediablemente encima a los morenos, el día que el tabasqueño sea llamado a cuentas. Y no por Trump, sino de más arriba.

Si me permites, te explico.

Cuando Andrés Manuel sufrió un ataque agudo al miocardio el 3 de diciembre del 2013, no era candidato activo a la presidencia y Morena aún no era un partido político, sino una asociación civil formada dos años antes, el 2 de octubre del 2011.

Si en aquel entonces Dios lo hubiera llamado a su reino, Morena habría nacido como partido. Pero no hubiera llegado a la presidencia de la República y en la actualidad sería un partidito muy fraccionado y del montón, porque a los izquierdistas mexicanos no se les da eso de caminar unidos.

Pero Andrés Manuel sobrevivió al infarto, ganó la presidencia y desde entonces Morena está tocando el cielo con las manos.

Si Morena ha llegado a semejantes alturas es porque Andrés Manuel es su creador; es vida, alma y corazón del partido, pero además es su presidente vitalicio, su presidente nacional y sus líderes estatales; es la presidenta de la República, sus senadores, diputados, alcaldes y la cabeza de su militancia.

En seis palabras: Andrés Manuel es todo en Morena.

Sin Morena Andrés Manuel puede seguir viviendo, pero sin Andrés Manuel, Morena tendrá sus días contados porque no es un partido político sino un movimiento social donde todo gira alrededor del tabasqueño.

¿Igual que en el PRI hegemónico?

Sí, pero no.

Cuando el 19 de octubre de 1945 murió Plutarco Elías Calles el creador y padre del PRI, el partido era un adolescente de 16 años que tenía una base social sólida compuesta por campesinos, obreros, empresarios, maestros, líderes gremiales y un largo etcétera.

La muerte del sonorense no provocó ningún cisma en el partido y menos en la presidencia de Manuel Ávila Camacho. Los tricolores de entonces honraron a Plutarco, lo velaron, sepultaron y siguieron con su vida porque salvo los años del Maximato (1928 a 1934), jamás han dependido de un presidente emérito.

Con Morena no sucederá lo mismo porque tanto la presidenta Sheinbaum como los gobernadores, legisladores y alcaldes morenistas dependen de su presidente emérito que es el cimiento y los pilares del partido. Si éste falta, todo se derrumba.

En lo personal creo en la versión de Fernández Menéndez; algo le pasó a Andrés Manuel el fin de semana, pues motivos no le faltan para que su corazón le vuelva a dar calambres. Pero también creo que ya va siendo hora que Claudia Sheinbaum tome las riendas del poder presidencial y de Morena.

Nadie, ni Andrés Manuel, tiene la vida comprada, pero si Claudia piensa de otra manera, que no le extrañe si Morena se empieza a derrumbar ante sus ojos si le toca la de malas que en su administración (Dios no lo quiera), falte para siempre el tabasqueño.

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