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23.03.2026 Ciudad de México.- El periodista Juan Pablo Becerra-Acosta Molina anunció su renuncia como director de la Gaceta de la Universidad Nacional Autónoma de México luego de reconocer un error ortográfico en la portada de la más reciente edición de la publicación institucional, un hecho que, lejos de provocar señalamientos, desató una ola de manifestaciones solidarias a su favor en redes sociales.
El incidente ocurrió en la edición dedicada al centenario del poeta Jaime Sabines, donde en el sumario de la portada se utilizó de manera incorrecta la palabra “desollan” en lugar de “desuellan”. La equivocación fue detectada rápidamente, lo que llevó a su difusión en plataformas digitales.
Tras hacerse evidente el error, Becerra-Acosta Molina asumió públicamente la responsabilidad, explicando que se trató de una modificación de última hora en la redacción del texto. “Es una equivocación enteramente mía”, señaló al aclarar que el resto del equipo editorial no tuvo responsabilidad en la falla.
En un mensaje posterior, el periodista informó que presentó su renuncia al cargo como una decisión personal y en congruencia con su trayectoria profesional. “Como en el periodismo hay torpezas desgarradoras que arrancan la piel, que desuellan, presenté ya mi renuncia”, expresó al referirse al incidente.
Sin embargo, la reacción pública tomó un giro distinto al que suele observarse en este tipo de casos. En lugar de centrarse en la crítica, numerosos usuarios, académicos y colegas del gremio periodístico manifestaron su respaldo al ahora exdirector, destacando su ética al reconocer el error y asumir sus consecuencias.
Diversas voces señalaron que la renuncia resultaba excesiva frente a una errata editorial, subrayando que equivocaciones de este tipo son comunes incluso en medios de gran prestigio. Otros enfatizaron que el gesto evidenciaba un alto sentido de responsabilidad, poco frecuente en la vida pública, lo que motivó expresiones de respeto y solidaridad.
La Gaceta UNAM, órgano informativo de la universidad, cuenta con una larga tradición en la difusión de contenidos académicos, científicos y culturales, por lo que el incidente adquirió notoriedad debido al nivel de exigencia que se espera de una publicación institucional de ese calibre.
Aunque la versión digital fue corregida poco después, los ejemplares impresos ya circulaban con el error, lo que contribuyó a amplificar su alcance. Aun así, el foco del debate se desplazó hacia la decisión del periodista y el significado de asumir responsabilidades en el ejercicio editorial.
Hasta ahora, la universidad no ha detallado públicamente los términos de la renuncia ni el proceso para designar a un nuevo director. En tanto, el caso ha abierto una conversación más amplia sobre la cultura del error, la exigencia profesional y la reacción social ante fallas humanas en espacios de alta visibilidad.
Lo que comenzó como una equivocación tipográfica terminó por convertirse en un episodio que evidenció el respaldo de la comunidad hacia una figura que optó por asumir plenamente su responsabilidad, en medio de un entorno donde, para muchos, ese tipo de decisiones no es lo habitual.













