Retiembla en sus centros la tierra

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/Tere Vale /

Dicen los mercadólogos que percepción es realidad y a partir de los terremotos de Venezuela y Colombia he llegado a la conclusión de que está temblando más y más fuerte en casa, o sea en el único planeta donde podemos vivir: la Tierra.

El USGS (Servicio Geológico de Estados Unidos por sus siglas en inglés) explica que, históricamente, el planeta registra en promedio cerca de 19 terremotos de magnitud 7 o superior por año. Yo hubiera pensado que eran muchos menos de esta intensidad. Pero ahí están los datos.

Nos explica el organismo que, al parecer, cuando ocurre un terremoto devastador aumenta significativamente nuestra atención hacia otros sismos que se suceden sin importar su intensidad ni su ubicación. El fenómeno nos provoca miedo y volteamos a verlo y concluimos que hay más de aquellito. ¡Uy!

Aunque no hemos avanzado casi nada en cuanto a la predicción de los terremotos, en los mecanismos de detección y medición sí que hemos mejorado. Hoy somos capaces de registrar movimientos muy leves que décadas atrás hubieran pasado inadvertidos. Pero de ahí a poder prever cuándo y en dónde va a temblar estamos aún muy lejos.

A pesar de comprender lo anterior y darme cuenta de la vulnerabilidad humana frente a la poderosa naturaleza, sigo interesada en comprender más sobre las tragedias derivadas de los sismos recientes en Sudamérica. Los expertos sismólogos confirman que este difícil 2026 (desde todos los ángulos posibles) está siendo, también en cuanto a los temblores, un tanto peculiar y llamativo.

Aquí está el matiz interesante: sí, ha habido una concentración de terremotos muy fuertes, sin que eso permita afirmar todavía que haya cambios en las tendencias de la actividad sísmica global. Aunque si estas circunstancias persisten se podría llegar a hablar de una tendencia. Paciencia. Habrá entonces que empezar a preocuparnos.

Datos llamativos: solamente entre marzo y abril de este año hubo un terremoto de 7.5 cerca del Reino de Tonga, en Oceanía; en marzo uno de 7.3 en la República Vanuatu, también en Oceanía; en marzo también uno de 7.4 en Indonesia. Sumemos ahora los dos acontecimientos cercanos a nuestra región: el terremoto de magnitud 7.5 al oeste de Catia La Mar, Venezuela, y el de agosto de 7.4 en San José del Palmar, Colombia.

Como a los expertos, me parece que van siendo muchos y muy pegados los terremotos devastadores.

En América Latina, el 2026 se percibe particularmente sísmico con estos dos terremotos superiores a magnitud 7 que han generado tanto dolor y muerte en menos de dos meses en países vecinos.

Para bajar nuestra angustia debo decir que los terremotos no se distribuyen regularmente en el tiempo. No ocurre algo como “19 al año, uno cada 19 días”; nada de eso. La tectónica no tiene palabra de honor ni calendario. Puede haber varios terremotos de magnitud 7 en unas pocas semanas y posteriormente pasar meses sin que aparezca otro semejante.

Una concentración de grandes terremotos puede parecer muy alta a nuestros ojos y seguir siendo compatible con la variabilidad estadística natural de la Tierra.

Esto desmonta la idea que está circulando ya en redes: no hay evidencia de que la Tierra esté entrando en una “temporada de megaterremotos”. Calma.

Habrá que esperar hasta que aparezcan más datos.

Mientras, puede que siga retemblando en sus centros la tierra.