Ricardo Benet lleva el cine a las comunidades de Veracruz: historias que nacen de la propia gente

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*Recibe un Homenaje en el Festival Internacional de Cine de Orizaba FICO 2026 Fotos: FICO

20.10.2026 Veracruz.- En las comunidades veracruzanas hay historias que rara vez llegan a las pantallas: la memoria de quienes han vivido toda su vida en un pueblo, los conocimientos que pasan de abuelos a nietos, los oficios que sostienen a una familia y las transformaciones que experimentan las localidades indígenas y rurales. Ricardo Benet ha dedicado parte de su trabajo a acercar el cine a esos territorios para que sus habitantes tengan herramientas con las cuales registrar y compartir su propia realidad.

En octubre de 2026, el Festival Internacional de Cine de Orizaba le rindió un homenaje al cineasta Ricardo Benet durante su quinta edición, celebrada del 7 al 9 de octubre. El reconocimiento coincidió con actividades dirigidas a acercar el cine a estudiantes, impulsar la producción regional y ofrecer espacios de aprendizaje para nuevos realizadores.

La distinción permite mirar una trayectoria que no se limita a las películas terminadas. También comprende los proyectos que empiezan con una idea, los ejercicios realizados durante un taller y las personas que descubren que pueden documentar su entorno. Es una labor cuyos resultados se distribuyen entre muchas manos y que, por esa misma razón, no siempre puede medirse a partir de un solo nombre.

Su labor comunitaria va más allá de enseñar a utilizar una cámara. Consiste en acompañar procesos en los que las personas identifican qué quieren contar, reconocen el valor de sus experiencias y aprenden a convertirlas en relatos audiovisuales. En ese camino, los habitantes dejan de ser únicamente espectadores y se involucran en la creación de imágenes sobre sus comunidades, sus familias y su entorno.

Originario de Ciudad Cardel, Veracruz, Benet es director de cine, fotógrafo y docente. Estudió Arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México, Fotografía en el Centro Pompidou de París y Cinematografía en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Aunque su trayectoria como realizador incluye películas reconocidas en festivales, una parte significativa de su trabajo se desarrolla en espacios educativos y culturales donde comparte sus conocimientos con personas que buscan iniciarse en el lenguaje cinematográfico.

Uno de los ejemplos más representativos de esa labor se encuentra en el Totonacapan. A través de talleres audiovisuales vinculados con el Centro de las Artes Indígenas, en el Parque Takilhsukut de Papantla, jóvenes e infancias de comunidades totonacas tuvieron la oportunidad de aprender a producir cortometrajes a partir de las historias de sus propios pueblos, de si mismos.

El proyecto permitió realizar 22 cortometrajes durante cinco años de trabajo. Cinco de esas producciones obtuvieron menciones en encuentros cinematográficos nacionales e internacionales. Los resultados mostraron que las comunidades podían generar obras propias y encontrar espacios de exhibición más allá de sus localidades.

La importancia de esa experiencia no reside solamente en los reconocimientos. También está en la posibilidad de que los participantes documenten prácticas, relatos y experiencias que forman parte de la identidad colectiva. Cuando una persona filma a un familiar mientras explica un oficio, registra una celebración comunitaria o reconstruye una historia transmitida oralmente, contribuye a conservar testimonios que pueden adquirir un nuevo significado para las siguientes generaciones.

 

En estos procesos, la comunidad aporta mucho más que los escenarios. Sus habitantes participan con sus conocimientos, su memoria y sus formas de interpretar el mundo. El cineasta que acompaña el trabajo proporciona herramientas técnicas y narrativas, pero las historias se construyen a partir de las decisiones y experiencias de quienes las protagonizan.

El proyecto del Totonacapan fue cancelado en 2012 por dificultades de financiamiento, según los antecedentes publicados sobre la iniciativa. Sin embargo, los cortometrajes realizados durante aquellos años dejaron un registro de las posibilidades de la formación audiovisual cuando se desarrolla en colaboración con comunidades indígenas.

Benet ha mantenido esa orientación mediante su trabajo en la Universidad Veracruzana, donde ha encabezado el Departamento de Cinematografía y promovido actividades de formación en distintas regiones del estado. La intención de llevar el aprendizaje fuera de los espacios universitarios centrales responde a una realidad concreta: no todas las personas interesadas en hacer cine pueden trasladarse a una ciudad, acceder a escuelas especializadas o costear equipos profesionales.

En 2019 impartió talleres de cinematografía básica en Zongolica y Mixtla de Altamirano, zonas indígenas con alta marginación- en la región de las Altas Montañas. Estas actividades acercaron conocimientos audiovisuales a estudiantes y habitantes de una zona donde las historias locales, las lenguas originarias y las prácticas comunitarias constituyen una fuente de narraciones que pocas veces ocupa un lugar central en la producción comercial.

El trabajo con herramientas accesibles también abre posibilidades. Un teléfono celular puede servir para aprender a construir una secuencia, organizar un relato o registrar una entrevista. La formación exige práctica y acompañamiento, pero no siempre necesita comenzar con una infraestructura costosa. Para una comunidad, disponer de esos conocimientos puede significar la oportunidad de documentar su vida cotidiana con sus propios recursos.

La experiencia también ha tenido continuidad en proyectos universitarios. En 2022, estudiantes de la región Orizaba-Córdoba participaron en el Taller de Cortometraje Creativo de la Universidad Veracruzana y desarrollaron obras de ficción, experimentales y documentales. Entre ellas estuvo Ixtlamachilistli (Sabiduría), centrada en Teresa Tehuintle Macuixtle, una tejedora de Tehuipango que comparte en náhuatl su experiencia y su oficio.

Una historia como la de Teresa permite reconocer la dimensión social del registro audiovisual. El tejido no aparece solamente como una actividad productiva: también reúne conocimientos aprendidos durante años, experiencias familiares y una relación con la cultura de la comunidad. Filmar ese testimonio permite que su voz permanezca y que otras personas conozcan una experiencia que de otro modo podría quedar restringida a su entorno inmediato.

En el ámbito comunitario, hacer cine implica además construir relaciones de confianza. Las personas que aceptan compartir sus recuerdos o aparecer frente a una cámara necesitan saber cómo se utilizarán sus testimonios y qué historia se pretende contar. La escucha, el respeto por las decisiones de los participantes y el reconocimiento de su papel en la producción son parte de un trabajo que no puede reducirse a obtener imágenes.

La formación audiovisual puede tener también consecuencias para los jóvenes que participan. Aprender a escribir un guion, organizar una filmación y colaborar con otras personas permite explorar capacidades creativas y descubrir una posible trayectoria profesional. No todos seguirán una carrera cinematográfica, pero el conocimiento adquirido puede ampliar sus formas de expresión y participación cultural.

Para Veracruz, estas experiencias tienen relevancia en un territorio marcado por la riquísima diversidad de sus regiones, lenguas y tradiciones. La producción audiovisual puede contribuir a que las comunidades registren sus propias transformaciones y eviten que su representación dependa exclusivamente de miradas externas. También permite que sus relatos circulen en festivales, espacios educativos y encuentros culturales donde pueden ser conocidos por otros públicos.

El trabajo de Benet combina esta dimensión formativa con una carrera cinematográfica consolidada. Su primer largometraje, Noticias lejanas, estrenado en 2005, obtuvo el Ariel a mejor ópera prima en 2006 y participó en numerosos festivales. En 2010 dirigió Nómadas, una película que aborda experiencias de soledad, migración y búsqueda de pertenencia. Ambas producciones muestran su trabajo como realizador, pero es en los talleres y procesos de enseñanza donde su conocimiento puede multiplicarse en manos de otros.

En las comunidades donde se desarrollan estas experiencias, el cine puede convertirse en una herramienta para preservar la memoria, transmitir conocimientos y construir relatos desde la propia voz de sus habitantes. El acompañamiento de un realizador experimentado ayuda a transformar esas inquietudes en proyectos concretos, pero son las personas que aportan sus historias quienes dan sentido a las imágenes.

Ricardo Benet ha vinculado su oficio con esa posibilidad: que la formación cinematográfica no permanezca concentrada en unos cuantos espacios y que las personas de distintas regiones de Veracruz tengan oportunidades de aprender a narrar su realidad.

El alcance de ese trabajo está tanto en los cortometrajes que llegan a una pantalla como en los conocimientos que permanecen en las comunidades después de que termina un taller.