*CAFÉ DE MAÑANA.
/Por José Luis Enríquez Ambell/
Las predicciones de intensas lluvias aún NO aparecen, y “los socavones” ya están haciendo acto de presencia en algunos puntos de Veracruz.
De entrada, alrededor del 80 % de los ayuntamientos no tienen ATLAS DE RIESGO actualizado ante la Secretaría de Protección Civil del Estado y, por si aún les faltara algo, un casi porcentaje similar de esas autoridades no tienen sus Planes Integrales Municipales de los Servicios de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento, autorizados por el Organismo de Cuenca Golfo Centro de la CONAGUA en Veracruz.
Los socavones son factores de riesgo y producen filtraciones ante la saturación de agua del suelo, fosas sépticas y aguas domésticas, y que, además de los cortes y las excavaciones inadecuadas durante las obras que se realizan —esto algunas veces— por la construcción de recursos públicos sin el control de los titulares de las áreas de desarrollo urbano, y quienes son los que autorizan.
Las propias autoridades dejan de observar y cuidar aspectos como las vibraciones con la maquinaria o con el tránsito de vehículos pesados que logran aumentar la inestabilidad del terreno en calles y avenidas, sin descontar las sobrecargas en el suelo por construcciones y la cada día mayor deforestación de áreas, e incluso protegidas, así como los sismos o también la actividad volcánica que sacude el suelo por diversas razones, a veces con una mayor frecuencia.
Estos socavones aparecen no solo en zonas urbanas o semiurbanas. Cabe decir que la inestabilidad de laderas, y a la que expertos aseguran que es un proceso de remoción de masa, se puede definir como “la pérdida de la capacidad del terreno natural para autosustentarse, lo que deriva en sus reacomodos y colapsos”, muchas ocasiones en caminos y carreteras, sean o no concesionadas.
Este proceso de movilidad se presenta igual en las regiones montañosas, pero también en áreas urbanas, como hace unas horas en el puerto de Veracruz, y es que donde la superficie del terreno adquiera diversos grados de inclinación aumenta la posibilidad de socavones.
Aunque igual, en regiones del norte, centro y sur de Veracruz suelen estar presentes en algún momento, y más aún ante la existencia de suelos arcillosos.
Autoridades en términos del ámbito federal, estatal y los ayuntamientos requieren de la articulación de esfuerzos con el Centro Nacional de Prevención de Desastres, y que lleven a recomendar la urgente necesidad de reubicar a las comunidades desde que se empiezan a instalar y edificar viviendas en sitios de riesgo. Lo que valdría la pena es que los diversos sectores de gobierno en sus tres niveles pusieran mayor atención, pues después de presentarse los daños y las afectaciones por los llamados movimientos de laderas, las recomendaciones sobran en términos de mantenerse alejados de áreas de derrumbe o deslizamiento.
Por lo pronto, los socavones registrados en diversos puntos urbanos más recientes han encendido alarmas de expertos y ciudadanos, evidenciando que la gran mayoría de este tipo de hundimientos no son desastres puramente naturales, sino el resultado directo de descuidos humanos y las fallas en la infraestructura en localidades. Y es que las lluvias intensas son un detonante definitivo, pero sin lluvias ya aparecen y eso nos avisa del desgaste silencioso provocado por la actividad humana.
DE SOBREMESA
La aparición de los socavones tiene responsables. De arranque: las autoridades municipales, en particular los que se encargan de servicios urbanos, pues les corresponde supervisar, dar mantenimiento preventivo y reemplazar la infraestructura hidráulica, en su mayoría obsoleta.
Los actuales ayuntamientos tienen la oportunidad de crear la planeación necesaria y evitar construcciones deficientes, y que en muchos casos proviene de las omisiones técnicas de las anteriores administraciones por obras de drenajes y hasta conexiones irregulares que dejaron todos esos riesgos de hundimientos.
UN CAFÉ LECHERO LIGHT
En lo partidista, legislativo y parlamentario, se estaría por incrementar el “transfuguismo político”, estatus de cambio de afiliación partidista que realizan los legisladores y servidores públicos electos en un ejercicio constitucional, pasando de un grupo a otro sin perder escaño o posición obtenida en urnas, e incluso en vísperas del proceso venidero, como ahora en 2027.
Y es que en tiempos electorales que traen en agenda algunos de los partidos, favorece la aparición y activación del llamado “chapulineo”.
Los cambios de camiseta en lo político igual se dan en campaña como una vez electos, ya que en los congresos y municipios ha venido aumentando el cambio de camiseta partidista; o sea, se gana por un partido y después se integran a otro grupo, fracción o bancada en lo legislativo.
El experimento y metamorfosis que se denomina o conoce como chapulines hoy es una práctica propia de la época preelectoral, pero mañana puede ser en el Congreso Local como Federal.
¡ES CUANTO!

