Rita Segato advierte sobre la normalización de la violencia y los mandatos de masculinidad

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23.09.2026 Ciudad de México.- La antropóloga argentina Rita Segato llevó al Tecnológico de Monterrey campus Ciudad de México una reflexión sobre la manera en que las sociedades construyen las relaciones de género, reproducen el machismo y terminan elevando la tolerancia frente a distintas expresiones de violencia. Foto Conekta Tecnológico de Monterrey.

Durante la charla “Pensar el mundo con Rita Segato”, realizada en el marco de la Cátedra Alfonso Reyes, la investigadora abordó la relación entre machismo, feminismo, colonialismo, poder y violencia, con especial atención en los mecanismos mediante los cuales la crueldad puede convertirse en una conducta aprendida y socialmente tolerada.

Uno de los conceptos centrales de su exposición fue el de “pedagogía de la crueldad”, con el que Segato describe procesos mediante los cuales las personas se acostumbran al sufrimiento ajeno y disminuyen su capacidad de reaccionar ante la violencia.

La antropóloga explicó que la exposición reiterada a actos violentos puede modificar el umbral con el que una sociedad percibe aquello que anteriormente habría considerado intolerable. Para ilustrarlo, recordó su experiencia al observar cómo una obra cinematográfica que en su época provocaba rechazo por la violencia que mostraba puede llegar a ser percibida posteriormente de una manera distinta.

En su planteamiento, el problema no se limita a la violencia ejercida contra las mujeres. Segato relacionó esa dinámica con la manera en que se construye socialmente la masculinidad y con las exigencias que pesan sobre los hombres para demostrar fuerza, resistencia y capacidad de ejercer poder.

La investigadora sostuvo que determinados comportamientos violentos pueden funcionar como demostraciones dirigidas hacia otros hombres. Desde esa perspectiva, la violencia contra las mujeres también debe analizarse dentro de las relaciones de poder existentes entre los propios hombres y de los mandatos que establecen determinadas formas de comportamiento como requisitos para ser reconocido dentro de un modelo de masculinidad.

Por ello, planteó la necesidad de romper con el mandato que lleva a los hombres a aceptar y reproducir la crueldad desde edades tempranas. En lugar de considerar la violencia exclusivamente como un problema individual, su propuesta apunta a estudiar las estructuras sociales que permiten su reproducción.

El enfoque también cuestiona la idea de que las agresiones sexuales puedan explicarse únicamente a partir de impulsos individuales o conductas patológicas. En el Tec, Segato sostuvo que la violencia sexual puede entenderse como un acto que comunica relaciones de poder y que, en determinadas circunstancias, funciona como una forma de demostración de dominio.

La dimensión de género de esta discusión adquiere relevancia en México por la magnitud de la violencia que enfrentan las mujeres. Datos oficiales retomados por el Programa Sectorial de las Mujeres 2025-2030, con base en la ENDIREH 2021, indican que 70.1 por ciento de las mujeres de 15 años y más había experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

La misma medición registró violencia psicológica en 51.6 por ciento de las mujeres, violencia sexual en 49.7 por ciento, violencia física en 34.7 por ciento y violencia económica o patrimonial en 27.4 por ciento. Por ámbito, 45.6 por ciento reportó experiencias de violencia en el entorno comunitario, 39.9 por ciento en la pareja, 32.3 por ciento en el escolar y 27.9 por ciento en el laboral.

A estos indicadores se suman los registros de muertes violentas de mujeres. El Programa Sectorial señala que durante 2024 se contabilizaron 847 presuntos feminicidios y 2 mil 561 homicidios dolosos de mujeres, equivalentes en conjunto a nueve muertes violentas de mujeres al día, aunque ambas categorías corresponden a clasificaciones jurídicas y estadísticas distintas.

En ese contexto, la propuesta de Segato plantea que la violencia de género no debe analizarse de manera aislada de otros fenómenos sociales. En sus trabajos sobre las “pedagogías de la crueldad”, la antropóloga ha señalado la relación entre la violencia, la desigualdad, la explotación y determinadas estructuras de poder, además de advertir que convertir el cuerpo humano en objeto facilita la pérdida de empatía frente al sufrimiento.

La investigadora también vinculó esta discusión con el colonialismo. Durante su intervención explicó que algunos conceptos utilizados para describir el género y la sexualidad provienen de marcos occidentales que no necesariamente permiten comprender todas las experiencias culturales. Su trabajo antropológico comenzó precisamente con investigaciones sobre género y sexualidad en una tradición religiosa afrobrasileña, donde encontró formas de organización que no encajaban en las categorías occidentales que conocía.

Desde esa perspectiva, Segato ha desarrollado una crítica a la separación estricta entre la violencia de género y el resto de las estructuras sociales. Su propuesta consiste en observar cómo los sistemas de poder, las relaciones entre hombres, las desigualdades y los procesos históricos pueden intervenir en la forma en que se produce y reproduce la violencia.

En la charla del Tecnológico de Monterrey, el planteamiento central quedó relacionado con una transformación del modo en que se entiende la violencia: además de atender sus consecuencias, resulta necesario observar los mecanismos culturales mediante los cuales determinadas conductas terminan siendo aceptadas, reproducidas o incluso utilizadas como pruebas de pertenencia y reconocimiento dentro de determinados modelos de masculinidad.

Para Segato, desmontar esas prácticas implica cuestionar precisamente el mandato que vincula la identidad masculina con la capacidad de ejercer violencia y que, al mismo tiempo, somete a los propios hombres a una constante demostración de fuerza y ausencia de empatía.

El enfoque de género permite colocar la exposición de Segato junto a los datos oficiales: la violencia contra las mujeres en México no es un fenómeno aislado ni reducido a un solo ámbito, sino que aparece en espacios familiares, comunitarios, escolares, laborales y de pareja.