23.07.2026 La historia de Rocky no comenzó el día en que murió. Tampoco el día en que fue detenido el vehículo que lo arrastraba por las calles de Saltillo. Comenzó muchos años antes, cuando un perro mestizo llegó a un hogar y, como millones de animales de compañía, dependió por completo de las personas que tenían la responsabilidad de protegerlo.
Rocky tenía alrededor de 14 años. Ya era un perro de edad avanzada cuando, a mediados de julio de 2026, ocurrió un hecho que conmocionó a Coahuila y al resto del país.
Cámaras de seguridad y videos difundidos en redes sociales mostraron una escena que provocó una profunda indignación: Rocky era arrastrado por una camioneta en calles del fraccionamiento Villa San Miguel, en Saltillo. El perro permanecía sujeto al vehículo mientras era jalado varios metros, sufriendo lesiones devastadoras.
Vecinos intentaron detener a la conductora al percatarse de lo que ocurría y dieron aviso a las autoridades. Pero eso no la detuvo. Además lo atropello en múltiples ocasiones Testigos señalan que lo que fue un pleito de pareja derivó en una atrocidad contra un indefenso ser sintiente
El animal fue rescatado con vida y trasladado de urgencia al Hospital Veterinario Pets Care, donde un equipo médico inició una intensa lucha por salvarlo. Durante varios días recibió atención especializada, analgésicos, monitoreo permanente y tratamientos para intentar revertir el severo daño que había sufrido.
Los veterinarios informaron que Rocky presentaba lesiones de extrema gravedad. Entre ellas había un importante trauma medular y afectaciones neurológicas que comprometían seriamente su recuperación. A pesar de los esfuerzos médicos y de la solidaridad de cientos de personas que siguieron minuto a minuto su evolución, su estado nunca dejó de ser crítico.
La mañana del 22 de julio de 2026 llegó la noticia que nadie quería escuchar.
Rocky falleció como consecuencia de las lesiones ocasionadas por el arrastre. Su muerte generó una nueva ola de indignación y mensajes de tristeza en redes sociales, donde miles de personas habían convertido su caso en un símbolo de la lucha contra el maltrato animal.
Mientras Rocky permanecía hospitalizado, la Fiscalía General del Estado de Coahuila desarrolló las investigaciones para identificar a la persona que conducía la camioneta.
Como resultado de esas indagatorias, el 21 de julio fue detenida Liliana “N.”, señalada por la autoridad ministerial como la presunta responsable de los hechos. Posteriormente fue presentada ante un juez, quien la vinculó a proceso por delitos relacionados con actos de violencia contra seres sintientes y le impuso la medida cautelar de prisión preventiva mientras continúa la investigación complementaria.
En el desarrollo del expediente también ha aparecido el nombre de Jorge “N.” en algunos reportes periodísticos; sin embargo, hasta el momento las autoridades no han informado públicamente sobre una resolución judicial definitiva respecto de su situación jurídica.
Hasta ahora ninguna autoridad judicial, ministerial o médica ha confirmado oficialmente que Liliana “N.” padezca una enfermedad mental o que haya sido declarada inimputable. Cualquier valoración de esa naturaleza sólo puede establecerse mediante peritajes especializados ordenados por un juez dentro del proceso penal.
También circularon publicaciones que temen que la imputada utilice supuestos vínculos con personajes políticos de Coahuila durante el proceso judicial.
Esas versiones tampoco han sido acreditadas por pruebas oficiales ni confirmadas por la Fiscalía o por el Poder Judicial, por lo que permanecen en el terreno de las especulaciones.
Sin embargo, la rapidez con la que se propagaron esos rumores refleja la desconfianza que una parte de la sociedad mantiene hacia las instituciones cuando se trata de casos de alto impacto.
La legislación de Coahuila contempla sanciones penales para quienes causen lesiones graves o la muerte a animales considerados seres sintientes. En los últimos años, distintas entidades del país han endurecido sus leyes para castigar el maltrato animal, respondiendo a una creciente exigencia ciudadana de reconocer que los animales merecen protección jurídica y un trato digno.
Hoy Rocky ya no está.
Su historia dejó de ser únicamente la de un perro anciano que murió tras ser arrastrado y atropellado Pur su dueña en una camioneta. Se convirtió en un recordatorio de las consecuencias de la violencia contra los animales y en un caso observado por miles de personas que esperan que las autoridades esclarezcan completamente lo ocurrido.
La mejor manera de honrar su memoria será que el proceso judicial se desarrolle con apego a la ley, que todas las pruebas sean valoradas por los tribunales y que, cualquiera que sea la resolución final, ésta esté sustentada en evidencia y no en presiones, rumores o privilegios.
Sólo así podrá ofrecerse una respuesta que fortalezca la confianza ciudadana en la justicia y envíe un mensaje claro de que el maltrato animal no debe quedar impune.


