Romina Hinojosa ya empieza a escribir su propia historia en el Tour de Francia

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*Nueve días para abrir una puerta que México nunca había cruzado

07.08.2026 Lausana, Suiza.- Hay carreras que se ganan y carreras que se recuerdan. Para Romina Hinojosa, el Tour de France Femmes 2026 pertenece, hasta ahora, a la segunda categoría.

La ciclista tamaulipeca no llegó a Francia como una de las favoritas para pelear el maillot amarillo ni como una de las corredoras destinadas a disputar las victorias de etapa. Llegó con una misión distinta: convertirse en la primera mexicana en tomar la salida del Tour de France femenil (en su versión moderna) y demostrar que una corredora procedente de México también puede sobrevivir, competir y hacerse un lugar en el pelotón de una de las pruebas más exigentes del ciclismo mundial.

Y después de siete etapas, esa historia ya tiene varios capítulos.

Hinojosa, de 23 años y originaria de Tampico, Tamaulipas, fue incluida por el Lotto-Intermarché Ladies en una alineación construida, en buena medida, alrededor de jóvenes corredoras que buscan crecer en el máximo nivel. La propia dirección deportiva del conjunto había planteado antes de la carrera un objetivo colectivo más que individual: mostrar la evolución del equipo y aprovechar las oportunidades que aparecieran durante los nueve días.
Para la mexicana, el reto era todavía mayor.

El Tour de France Femmes 2026 fue diseñado sobre 1,175 kilómetros, nueve etapas y casi 18,800 metros de desnivel acumulado. El recorrido comenzó en Lausana, pasó por territorio suizo y francés y fue endureciéndose hasta desembocar en uno de los escenarios más temidos del ciclismo mundial: el Mont Ventoux.

Hinojosa llegó además con un perfil particularmente útil para las jornadas de montaña. Antes de instalarse en el pelotón europeo había construido una trayectoria que la llevó desde México hacia las competencias internacionales y posteriormente al ciclismo profesional en Europa. Entre sus antecedentes destacan un segundo lugar en una etapa del Giro Mediterráneo Rosa de 2024, el subcampeonato nacional de 2025 y actuaciones destacadas en carreras internacionales.

Pero el Tour no concede tiempo para las presentaciones.

El 1 de agosto, cuando el pelotón salió de Lausana para disputar los primeros 138 kilómetros de la carrera, Hinojosa dejó de ser una promesa y se convirtió oficialmente en parte de la historia del ciclismo mexicano. No era simplemente otra corredora en la lista de participantes: por primera vez una mujer mexicana estaba compitiendo en la Grande Boucle.

Los primeros días fueron, como era previsible, una prueba de adaptación.

Las etapas iniciales favorecieron a las velocistas y a las corredoras explosivas. Lorena Wiebes dominó las dos primeras jornadas, mientras el pelotón avanzaba a velocidades que obligan a las debutantes a aprender rápidamente dónde colocarse, cuándo ahorrar fuerzas y cuándo aceptar que la batalla no siempre consiste en estar adelante, sino en mantenerse dentro de la carrera.

La segunda etapa, entre Aigle y Ginebra, tuvo una escena que terminó revelando otra faceta de Hinojosa.

La mexicana cruzó buena parte de la jornada acompañando a su compañera Dina Boels, quien afrontaba problemas físicos. En lugar de correr exclusivamente por su propia posición, Hinojosa asumió el trabajo de acompañarla hasta la meta. Ese esfuerzo tuvo consecuencias para su propia clasificación y posteriormente Boels abandonó la competencia.

El episodio explica, en buena medida, el papel que una corredora como Hinojosa cumple dentro de una estructura profesional. El ciclismo de ruta no siempre premia individualmente a quien más trabaja. Hay jornadas en las que una corredora entrega sus fuerzas para que otra llegue en mejores condiciones.

En la tercera jornada, entre Ginebra y Poligny, el recorrido comenzó a cambiar. Los 156.5 kilómetros y el terreno más quebrado obligaron al pelotón a seleccionar fuerzas. Sigrid Haugset protagonizó una de las grandes escapadas de la carrera y terminó ganando la etapa después de rodar durante 88 kilómetros en solitario, mientras la lucha por la clasificación general empezaba a adquirir otra dimensión.

Para Hinojosa, cada jornada significaba acumular kilómetros y experiencia en un escenario para el que no existen equivalentes sencillos.

La cuarta etapa representó otro desafío. La contrarreloj individual de 21 kilómetros entre Gevrey-Chambertin y Dijon obligó a cada corredora a enfrentarse sola al reloj. Hinojosa fue, además, la primera participante en salir a la carretera ese día, con una partida programada a las 14:51 horas locales.

Mientras las grandes favoritas cerraban la jornada disputando segundos y el maillot amarillo, la mexicana enfrentaba otro tipo de batalla: aprender a administrar el esfuerzo en una disciplina en la que no existe el refugio del pelotón.

Marlen Reusser ganó aquella contrarreloj con un tiempo de 27 minutos y 30 segundos y se convirtió en líder general.

Después llegaron las montañas.

La quinta etapa, entre Mâcon y Belleville-en-Beaujolais, llevó al pelotón por un recorrido de 140 kilómetros con ocho ascensos categorizados. La carrera terminó convirtiéndose en una batalla entre Demi Vollering, Marlen Reusser y Katarzyna Niewiadoma-Phinney, con Vollering llevándose la victoria en un sprint de tres corredoras.

Al día siguiente, otras 153.4 kilómetros entre Montbrison y Tournon-sur-Rhône volvieron a poner a prueba la resistencia del pelotón. La jornada incluyó seis ascensos categorizados y una carrera particularmente agresiva, en la que Kim Le Court-Pienaar terminó imponiéndose desde un grupo reducido.

Y entonces llegó el Ventoux.

El 7 de agosto, Hinojosa enfrentó una de las jornadas más duras de toda su carrera. La séptima etapa recorrió 146.8 kilómetros entre La Voulte-sur-Rhône y la cima del Mont Ventoux, en una jornada con 3,565 metros de desnivel positivo y llegada a 1,910 metros de altitud.

Fue precisamente en esta jornada cuando la mexicana mostró quizá su imagen más combativa hasta ahora.

Hinojosa se metió en una escapada junto con su compañera Sandrine Tas. El movimiento no tenía como objetivo que la mexicana disputara la victoria de etapa frente a las grandes favoritas, sino adelantarse al pelotón y aprovechar la oportunidad para trabajar para su equipo. El seguimiento de la carrera registró la presencia de ambas corredoras del Lotto-Intermarché en la fuga, en una jornada en la que el pelotón comenzó a romperse antes incluso de afrontar las rampas más duras del Ventoux.

La aventura de Hinojosa terminó antes de la parte decisiva de la subida, pero el significado de la escena es importante: la mexicana ya no estaba simplemente intentando sobrevivir dentro del Tour. Estaba buscando oportunidades para intervenir en la carrera.

Mientras ella peleaba por cada metro, adelante se libraba otra batalla completamente distinta.

Katarzyna Niewiadoma-Phinney atacó en los kilómetros finales y consiguió coronar el Mont Ventoux en solitario. Su victoria le permitió arrebatar el maillot amarillo a Marlen Reusser y colocarse 15 segundos por delante de Demi Vollering en la clasificación general.

El contraste resume la dimensión del desafío que ha enfrentado Hinojosa.

Mientras las estrellas del Tour disputan segundos por la victoria absoluta, la mexicana pelea por permanecer en carrera, cumplir las órdenes del equipo, ayudar a sus compañeras y aprovechar cada oportunidad para demostrar que puede competir en este nivel.

Eso también es alto rendimiento.

Y hay otro elemento que hace particularmente significativa su participación. Hinojosa no está en Francia como una corredora invitada simbólicamente para representar a México. Forma parte de una plantilla profesional que la seleccionó por sus capacidades y por el potencial que ha mostrado en Europa. La propia información previa al Tour identificaba su perfil como escaladora y señalaba que podía tener un papel importante en las etapas de montaña.

A sus 23 años, el aprendizaje está ocurriendo a una velocidad brutal.

Cada etapa le ha permitido conocer algo distinto: cómo sobrevivir a un sprint masivo, cómo trabajar para una compañera, cómo afrontar una contrarreloj, cómo administrar fuerzas en terrenos quebrados y cómo entrar en una fuga cuando la carrera comienza a romperse.

El Tour todavía no termina.

Después del Ventoux quedan dos etapas. La octava, prevista para este 8 de agosto, será la más larga de la edición, con 171.9 kilómetros entre Sisteron y Niza. El cierre llegará el domingo 9 de agosto con 99.2 kilómetros entre Niza y Niza, una jornada que volverá a exigir a las corredoras en las montañas cercanas a la ciudad.

Para entonces, Romina Hinojosa habrá acumulado algo que ninguna ciclista mexicana había conseguido antes: kilómetros de Tour.

Y quizá esa sea la verdadera dimensión de su actuación.

La primera mexicana en el Tour de France Femmes no llegó a Francia con la obligación de ganar una etapa. Llegó para abrir una puerta. En el camino ha aprendido que el Tour también se trata de resistir, de ayudar, de atacar cuando existe una oportunidad y de volver a levantarse cada mañana para enfrentar otros 100, 150 o 170 kilómetros.

En un deporte donde durante años México tuvo una presencia limitada en las grandes vueltas femeninas, Hinojosa está convirtiendo una participación histórica en experiencia competitiva.

Todavía quedan dos días de carrera.

Todavía quedan montañas.

Todavía quedan kilómetros.

Pero la primera parte de la historia ya nadie se la puede quitar: Romina Hinojosa fue la primera mexicana en ponerse un número en la espalda y pedalear oficialmente en el Tour de France Femmes.

Y en cada kilómetro que ha recorrido por Francia, México también ha ido un poco más lejos.