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/Laura Ballesteros /
Cada 8 de marzo se repiten discursos sobre igualdad, avances y derechos conquistados. Y sí, México ha cambiado en algunas cosas. Hoy hay más mujeres en espacios de decisión, tenemos una Presidenta de la República, por primera vez en nuestra historia, y más comandando en las empresas y en la vida pública.
Pero hay una pregunta que sigue ahí: ¿qué país tenemos cuando el Gobierno y la comunidad no puede proteger a una niña de 10 años de ser abusada sexualmente, o casada, o vendida al mejor postor? Comercializada en redes sociales en tráfico y trata de personas. A una niña está destinada a la desigualdad desde que está en la panza de mamá.
¿Nos queremos vivas, libres e iguales? Empecemos por las niñas mexicanas.
Porque mientras celebramos avances, el matrimonio infantil en Oaxaca y Guerrero, sigue ocurriendo al igual que en otras partes de nuestro país.
Hace diez años, una de cada cuatro niñas se casaba siendo menor de edad. Hoy la cifra apenas se ha movido: aproximadamente una de cada cinco. Es un avance mínimo frente a una realidad que continúa marcando el destino de miles de niñas.
Detrás de ese dato no hay estadísticas frías. Hay niñas que dejan la escuela. Niñas que se convierten en madres antes de haber terminado la secundaria. Niñas que ven cerrarse oportunidades antes de haber podido imaginar su propio futuro.
Por eso hablar de los derechos de las mujeres no puede quedarse en discursos ni en consignas de ocasión. Tiene que aterrizar en la vida cotidiana que impacte verdaderamente.
En la mujer que maneja un taxi para sostener a su familia.
En la panadería cuya mujer empieza su jornada antes de que salga el sol, las comerciantes, las boleras, etc.
Actuar para las mujeres de la vida real, en la estudiante que regresa a casa mirando sobre el hombro.
En las mujeres que cuidan niños, enfermos o adultos mayores sin salario ni reconocimiento.
Ellas sostienen buena parte del país.
Desde esa realidad, Movimiento Ciudadano presenta en el contexto del 8M el Decálogo por las Mujeres y Niñas de México, una agenda legislativa que busca colocar en el centro problemas que siguen marcando la vida de millones de mujeres: combatir la violencia contra niñas y adolescentes, erradicar las uniones forzadas y el embarazo infantil, garantizar una menstruación digna, construir un Sistema Nacional de Cuidados, combatir el acoso sexual, promover educación libre de estereotipos y asegurar justicia con perspectiva de género. ?
La agenda también plantea enfrentar nuevas formas de violencia que antes no existían, como el uso de inteligencia artificial para manipular imágenes o crear contenido sexual falso mediante deepfakes, una práctica que vulnera la dignidad y la seguridad de niñas y mujeres en el entorno digital. ?
No es una discusión abstracta. Es la vida real.
Porque mientras haya niñas que no pueden decidir sobre su propio destino, la igualdad seguirá siendo una promesa vacía. Un dolor atravesante para un país que no las quiere ver.













