04,01.2025.- Durante la madrugada del sábado 3 de enero, marcada por una ofensiva militar de gran escala en Venezuela, ejecutada por fuerzas de Estados Unidos con el objetivo de detener al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores estiman un saldo preliminar, según fuentes oficiales venezolanas citadas por The New York Times bajo condición de anonimato, asciende a al menos 40 personas fallecidas, entre ellas civiles y efectivos de las fuerzas armadas.
La ausencia de un informe oficial tanto del gobierno venezolano como de las autoridades estadounidenses mantiene la incertidumbre sobre el alcance real de las pérdidas humanas y materiales.
Los ataques se extendieron por varias regiones del país, incluyendo Caracas, La Guaira, Aragua y Miranda. En Catia La Mar, localidad costera cercana al aeropuerto de la capital, un proyectil impactó un edificio residencial de tres pisos, provocando el colapso parcial de la estructura.
En el lugar murió Rosa González, de 80 años, quien no logró sobrevivir al traslado improvisado en motocicleta hacia un hospital. Otra persona resultó gravemente herida y permanece en estado crítico.
Testimonios recogidos por el diario estadounidense describen escenas de devastación, con viviendas destruidas y objetos personales esparcidos entre los escombros. En el apartamento de González, un retrato de Simón Bolívar quedó perforado por metralla, símbolo del impacto directo sobre la vida cotidiana de los habitantes.
El operativo comenzó poco antes de las dos de la madrugada y fue descrito por el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Dan Caine, como una acción meticulosamente preparada.
Más de 150 aeronaves participaron en la operación, coordinadas desde distintas bases del hemisferio occidental. Los objetivos incluyeron instalaciones estratégicas como la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, conocida como La Carlota, el complejo militar de Fuerte Tiuna y la residencia del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López.
La estrategia buscaba desactivar las defensas aéreas venezolanas y abrir paso a las tropas que finalmente capturaron al mandatario. Caine confirmó que helicópteros estadounidenses transportaron comandos hacia posiciones clave, enfrentando resistencia armada en varios puntos. Una aeronave resultó dañada durante el intercambio de fuego, aunque logró regresar a su base sin pérdidas humanas.
El general subrayó que la operación fue el resultado de meses de planificación y que se ejecutó con precisión y discreción. El presidente Donald Trump supervisó el desarrollo desde su residencia en Mar-a-Lago y posteriormente declaró que no hubo bajas fatales entre las fuerzas estadounidenses, aunque reconoció que algunos soldados resultaron heridos. Destacó además la complejidad del operativo por el número de aeronaves involucradas y el nivel de seguridad en las residencias atacadas, señalando que las puertas acorazadas fueron finalmente vulneradas.
Tras la captura, Maduro y Flores fueron trasladados a la Base Aérea Stewart de la Guardia Nacional en Nueva York. Desde allí se inició el proceso judicial en su contra, que se desarrollará en un tribunal federal de Manhattan. Se prevé que enfrenten cargos relacionados con narcotráfico y posesión de armas, lo que abre un nuevo capítulo en la crisis política venezolana.
Mientras tanto, el país enfrenta el impacto inmediato de los bombardeos, con comunidades devastadas y un saldo de víctimas que aún no ha sido plenamente reconocido por las autoridades. La operación militar, inédita por su magnitud en la región, deja a Venezuela en un escenario de incertidumbre y tensión, con la población entre el duelo y la expectativa de lo que vendrá en los próximos días.











