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05.02.2926.- Ciudad de México.- El hallazgo de un salón de belleza dentro de las instalaciones del Senado de la República ha generado una ola de cuestionamientos hacia los legisladores, acusados de privilegiar beneficios personales mientras la labor parlamentaria queda en segundo plano.
El espacio, sin señalización oficial y operando incluso durante las sesiones plenarias, fue descubierto luego de que la senadora del PVEM, Juanita Guerra Mena, fuera captada aplicándose un tinte en plena jornada legislativa.
El hecho se conoció a través de imágenes difundidas en medios y redes sociales, lo que abrió un debate sobre la congruencia de los representantes con los principios de austeridad republicana.
Legisladores críticos señalaron que, mientras en diversas regiones del país persisten carencias en servicios básicos, en el Senado se destinan recursos para un salón de belleza que funciona como privilegio interno.
La polémica también alcanzó a la morenista Andrea Chávez, quien ha sido mencionada en relación con la administración de espacios y servicios dentro de la Cámara Alta.
Aunque no se ha confirmado su responsabilidad directa, su nombre aparece en las discusiones sobre el manejo de recursos y la permisividad hacia este tipo de servicios.
La Senadora Lilly Téllez afirma que “fueron senadoras de Morena quienes filtraron que la señorita @AndreaChavezTre impulsó rehabilitación del salón de belleza”.
Andrea Chávez se deslindó del salón de belleza y negó cualquier relación con su instalación o funcionamiento.
La presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, confirmó que existía y lo defendió como un servicio pagado por quienes lo usaban.
Laura Itzel Castillo, como presidenta del Senado, defendió inicialmente la existencia del salón de belleza al señalar que no representaba un privilegio porque cada usuario pagaba por el servicio.
Argumentó que espacios similares existen en la Cámara de Diputados y que no era algo fuera de lo común. Sin embargo, tras la presión mediática y las críticas de legisladores y opinión pública, la Cámara terminó clausurando el salón y colocando sellos en la puerta.
Finalmente, la Cámara colocó sellos de clausura y cerró el espacio tras la polémica expuesta en redes.
Diversos legisladores han declarado que la existencia del salón refleja una desconexión con la ciudadanía y un sometimiento al poder, pues en lugar de concentrarse en la agenda legislativa, algunos representantes aprovechan su tiempo para actividades ajenas a la función pública
La Cámara, por su parte, ha reconocido la operación del espacio y se ha visto obligada a revisar las condiciones en que se presta el servicio, en medio de la presión social y mediática.
Se reaviva el debate sobre los privilegios en el Poder Legislativo y la necesidad de transparentar el uso de recursos públicos en la Jucopo, en un contexto donde la exigencia ciudadana apunta a mayor disciplina y responsabilidad en el ejercicio de la representación popular.











