*Mujeres y Política.
/Soledad Jarquín Edgar/
SemMéxico.- Jeffrey Epstein fue un delincuente sexual de altos vuelos, los amigos que lo rodeaban hombres con poder económico y político, al parecer de todo el mundo.
El fenómeno Epstein, no es una rareza, es un depredador, que se juntaba con pandillas, hordas de machos “notables”, dispuestos a mostrar su fuerza, su capacidad de decidir sobre la vida de las otras, las mujeres, los seres inferiores que los rodean.
“La violencia erótica es la síntesis política de la opresión de las mujeres. Porque implica la violencia, el erotismo, la apropiación y el daño. Es un hecho político que sintetiza en acto, la cosificación de la mujer y la realización extrema de la cultura patriarcal: la reiteración de la supremacía masculina y el ejercicio del derecho de posesión y uso de la mujer como objeto de placer y destrucción, y de la afirmación del otro; se trata de ultrajar a las mujeres en su intimidad, del daño erótico a su integridad como personas”. (Lagarde.2003).
Sí, Epstein, el amigo de Donald Trump, el presidente norteamericano, encarna la definición con precisión quirúrgica, en la que hoy resulta más trascendente quiénes estaban implicados con el depredador millonario, para vergüenza de los victimarios, un esfuerzo del feminismo por pasar la “vergüenza” de la víctima al victimario y que se logró con la francesa Gisèle Pelicot.
Epstein nos retrae al oscuro patriarcado, el deseo erótico por sobre todas las cosas, el daño irremediable, el trauma persistente, para mostrar esa supremacía sobre el cuerpo de las otras.
La historia está plagada de estos hombres, estos Epstein, que se vengan de sus enemigos a través de los cuerpos de las mujeres de la tribu, la familia, el clan. Lo que nos revela que poco o nada hemos avanzado frente a los depredadores. Violencia sexual y feminicidio hoy dos delitos que se cometen un día sí y otro no en México.
¿Se acuerdan de los porkys? Enrique Capitaine Marín, Diego Cruz Alonso, Jorge Cotaita Cabrales y Gerardo Rodríguez que atacaron sexualmente a una compañera y cuyo caso estuvo lleno de irregulares, los pequeños Epstein veracruzanos que indignaron a millones en 2015.
¿Se acuerdan de los chats pornográficos contra las mujeres ayuuk en Oaxaca? Donde hombres del poder político de la cuatroté resultaron intocados por la justicia y como los porkys fueron protegidos por el poder político y económico emanado de dos gobernadores, el de Veracruz en 2015 y el de Oaxaca de ahora. Todos quedaron bajo sospecha tras desaparición forzada y posterior feminicidio de la activista Sandra Domínguez.
¿Recuerdan la tortura sexual a la fueron sometidas muchas de las víctimas de femicidio en Ciudad Juárez, Chihuahua? Los Epstein están en todas partes, porque la violencia sexual es la forma más puntual de demostrar que son superiores, no tienen ninguna otra manera, incluso con mujeres muy jóvenes, porque se piensan dueños de cuerpos y vidas.
Lo otro que tienen en común los depredadores sexuales es la complicidad de las instituciones, cómo podemos explicar que Jeffrey Epstein haya librado una y otra vez la justicia norteamericana, esa que se dice implacable y cuasi perfecta, cuando de acuerdo con The New York Times había investigaciones desde 2006 contra el depredador que se suicidó en un penal en 2019, dejando un lodazal ya conocido porque salpica a Andrew Mountbatten-Winsor, un expríncipe británico y hermano del actual rey Carlos III del Reino Unido; el exembajador británico también en Estados Unidos, Peter Madelsol, por el que el primer ministro Kair Stame, tuvo que pedir perdón y otros muchos notables del mundo.
El mundo se ha estancado, no es naturaleza humana actuar de esa manera, es construcción social, ellos se pensaron y actuaron como los dueños de la verdad y del mundo. Se necesita romper las redes de complicidad, salir de ese marasmo que se ha formado, aunque tal parece que les resulta difícil, en México recordamos el caso del exgobernador y futbolista Cuauhtemoc Blanco, que goza de esa impunidad llamada fuero y camina ufano en el Congreso mexicano, pese a una o quizá más acusaciones sexuales en su contra. Y las legisladoras morenistas, fundamentalmente, se alinearon para impedir que fuera separado del cargo para enfrentar el proceso judicial. Ellas son cómplices y una vergüenza.
Hace unos días, en Oaxaca una joven perdió la vida en un accidente carretero, en el que estaba implicado el presidente municipal de Santa María Huatulco, Julio Cárdenas. Toca a la Fiscalía determinar quien iba conduciendo, el presidente municipal o el chofer. Por lo pronto el Epstein huatulqueño reparte dinero a diestra y siniestra para exculparse. En el congreso la diputada Cony Rueda pidió que sea separado del cargo, por lo pronto persiste el silencio y la complicidad.
Epstein hay por todos lados. Sexo, poder y Epstein mixes, jóvenes, diputados o presidentes municipales, príncipes y embajadores, militares y cuerpos de seguridad en tiempos de guerra pero también en tiempos de paz, nadie se escapa, nos toca no quitar el dedo del renglón y seguir desmontando las mentiras de la superioridad varonil sobre las mujeres.











