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01.06.2026 Ciudad de México.- La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, matizó este lunes 1 de junio su discurso sobre la presunta injerencia de Estados Unidos en la política mexicana y aseguró que no considera que el presidente estadounidense, Donald Trump, sea quien encabece una ofensiva contra su gobierno o contra México, pese a la tensión generada tras sus declaraciones del fin de semana sobre soberanía nacional y presiones extranjeras.
Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, Sheinbaum afirmó que mantiene una relación institucional y de diálogo con la administración estadounidense y señaló que sus críticas van dirigidas principalmente a sectores conservadores, grupos políticos y corrientes de ultraderecha que, dijo, buscan desestabilizar a su gobierno utilizando campañas mediáticas y presión internacional.
“No creo que sea el presidente Trump quien esté encabezando esta ofensiva”, declaró la mandataria federal al ser cuestionada sobre las recientes acusaciones de intervencionismo extranjero y las investigaciones abiertas en Estados Unidos contra políticos mexicanos presuntamente vinculados con el crimen organizado.
La presidenta insistió en que existe comunicación permanente entre ambos gobiernos y sostuvo que la relación bilateral continúa desarrollándose bajo principios de cooperación y respeto mutuo. “Hay diálogo, hay coordinación, pero sin subordinación”, reiteró Sheinbaum, una frase que ha convertido en uno de los ejes centrales de su política exterior frente a Washington.
Las declaraciones contrastaron con el tono más duro que utilizó apenas un día antes durante un acto político masivo en el Monumento a la Revolución, donde conmemoró dos años de su triunfo presidencial y lanzó fuertes críticas sobre lo que consideró intentos externos por influir en la vida política nacional rumbo a las elecciones intermedias de 2027.
En ese evento, Sheinbaum acusó que desde Estados Unidos existen sectores interesados en intervenir en los asuntos internos de México, particularmente tras las acusaciones judiciales y señalamientos contra funcionarios y políticos de Morena relacionados con el llamado “caso Rocha Moya” en Sinaloa. La presidenta advirtió entonces que México “no es colonia de nadie” y defendió la necesidad de blindar la soberanía nacional frente a presiones extranjeras.
El endurecimiento del discurso presidencial ocurre en medio de un complejo escenario bilateral marcado por investigaciones judiciales en cortes estadounidenses, tensiones diplomáticas y debates sobre seguridad, narcotráfico y cooperación entre ambos países.
En las últimas semanas, fiscales estadounidenses han señalado a diversos funcionarios de Sinaloa por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, incluido el entorno político del gobernador Rubén Rocha Moya. Uno de los episodios más delicados ocurrió este 1 de junio, cuando el exsecretario de Seguridad estatal Gerardo Mérida Sánchez compareció ante una corte federal en Nueva York acusado de colaborar con “Los Chapitos” a cambio de sobornos millonarios.
La presidenta mexicana ha sugerido que este tipo de procesos judiciales podrían utilizarse políticamente para influir en el panorama electoral mexicano. Sin embargo, este lunes evitó responsabilizar directamente a Trump y diferenció al mandatario estadounidense de otros actores políticos y mediáticos que, según dijo, impulsan campañas de presión contra México.
El matiz en el discurso presidencial también se interpreta como un intento por evitar una escalada diplomática en un momento particularmente delicado para la relación bilateral. Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, el republicano ha endurecido su narrativa contra los cárteles mexicanos y ha llegado incluso a sugerir operaciones militares directas contra grupos criminales en territorio mexicano.
A principios de año, Trump propuso públicamente ataques terrestres contra cárteles del narcotráfico al considerar que estas organizaciones “controlan México”, declaraciones que provocaron una inmediata reacción del gobierno mexicano. En aquella ocasión, Sheinbaum respondió que una intervención militar estadounidense “no resolvería nada” y sostuvo que la cooperación debe mantenerse dentro del marco del respeto a la soberanía nacional.
“Yo no creo en la invasión”, dijo entonces la mandataria mexicana, al tiempo que insistía en mantener abiertos los canales diplomáticos con Washington.
A lo largo de los últimos meses, la estrategia de Sheinbaum frente a Trump ha combinado firmeza discursiva en materia de soberanía con cautela diplomática para evitar una confrontación directa con la Casa Blanca. Analistas consideran que la presidenta ha buscado contener el nacionalismo político interno sin romper la cooperación económica y de seguridad con Estados Unidos, principal socio comercial de México.
El tema cobró aún más relevancia después de que el Congreso mexicano aprobara recientemente una polémica reforma constitucional que permitiría anular elecciones en caso de demostrarse injerencia extranjera. La iniciativa, impulsada por Morena y respaldada por Sheinbaum, generó críticas de la oposición y preocupación internacional por el amplio margen de interpretación del concepto de “interferencia”.
Mientras sectores opositores acusaron al gobierno de utilizar el discurso soberanista para fortalecer el control político rumbo a los próximos comicios, Sheinbaum defendió la reforma argumentando que México debe protegerse frente a campañas de desinformación, financiamiento ilícito y presiones externas.
La tensión política también se ha alimentado por el llamado “caso Chihuahua”, relacionado con un operativo antinarcóticos en el que presuntamente participaron agentes estadounidenses sin autorización oficial plena del gobierno federal mexicano. El hecho derivó en acusaciones de violación a la soberanía nacional y abrió un nuevo frente de confrontación entre Morena y el PAN.
Pese a este panorama, la presidenta insistió este lunes en que no existe una ruptura con Washington y rechazó interpretar las diferencias actuales como antesala de un conflicto mayor. Sheinbaum reiteró que la cooperación bilateral continuará en temas de comercio, migración y seguridad, aunque subrayó que México no aceptará subordinación ni acciones unilaterales en su territorio.
Las declaraciones presidenciales reflejan el delicado equilibrio que enfrenta el gobierno mexicano: mantener la colaboración estratégica con Estados Unidos mientras fortalece internamente una narrativa de defensa nacional en medio de investigaciones judiciales, presiones políticas y el creciente debate sobre la influencia estadounidense en la política mexicana.


