Sheinbaum rechaza acusaciones de la DEA: “Tienen mucho trabajo que atender en Estados Unidos”

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15.07.2026.- La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó este miércoles las declaraciones del administrador de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), Terry Cole, quien afirmó que existe una “conexión mortífera” entre organizaciones criminales y funcionarios del Gobierno de México.

Desde Palacio Nacional, la Presidenta mexicana calificó esos señalamientos como “muy desafortunados”, aseguró que carecen de sustento y sostuvo que responden más a una postura política que a hechos comprobados.

Durante su conferencia matutina, Sheinbaum respondió directamente a las declaraciones que Cole hizo en la Cumbre Fentanyl Free America, celebrada en Orlando, Florida, donde el funcionario estadounidense afirmó que combatir la presunta colusión entre cárteles y autoridades mexicanas es una prioridad para la DEA y aseguró que la agencia utilizará “todo el peso” de sus capacidades para enfrentar a las organizaciones criminales.

En respuesta, la presidenta mexicana cuestionó el contenido de esas afirmaciones.

“Me parece una declaración muy desafortunada por varias razones. La primera, porque me parece más una declaración política que una declaración de sustento; no tiene sustento lo que está diciendo”, expresó durante la conferencia de prensa.

Sheinbaum también refirió que la agencia antidrogas estadounidense debería concentrar buena parte de sus esfuerzos en el problema del consumo y distribución de estupefacientes (Corrupción) dentro de Estados Unidos, al considerar que ese país enfrenta el mayor mercado de drogas ilícitas del mundo.

“Me parece a mí que la DEA tiene mucho trabajo en Estados Unidos. Normalmente la DEA dedica la mayor parte de su trabajo fuera de Estados Unidos, pero dentro de Estados Unidos tienen mucho trabajo y debería de estar dedicado al trabajo principalmente dentro de su país”, afirmó.

La mandataria fue más allá al cuestionar el funcionamiento de las redes de distribución de drogas en territorio estadounidense.

“La mayor venta de droga en el mundo está en los Estados Unidos. ¿Quién la vende? ¿Cómo la vende? ¿Cómo la distribuyen? ¿Cómo lavan el dinero? Eso es algo que la DEA debería estar investigando”, declaró.

Como parte de su respuesta, Sheinbaum recordó además el caso del exjefe regional de la DEA para México, Nicholas Palmeri, quien fue separado de su cargo tras señalamientos por corrupción, relacionados con presuntos vínculos con abogados que representaban a integrantes del crimen organizado, al señalar que también existen antecedentes que obligan a revisar el actuar de las propias instituciones estadounidenses.

Las declaraciones de Terry Cole se producen en un momento de alta crispación en la relación bilateral en materia de seguridad.

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Washington ha endurecido su discurso contra los cárteles mexicanos, a los que considera una de las principales amenazas para la seguridad nacional de Estados Unidos.

En ese contexto, el titular de la DEA afirmó que existe una “conexión mortífera” entre los grupos criminales y funcionarios corruptos en México y aseguró que esa presunta relación constituye una prioridad para la agencia.

Un día antes, el Gabinete de Seguridad del Gobierno de México también respondió mediante un posicionamiento oficial en el que rechazó categóricamente las afirmaciones del funcionario estadounidense y defendió los resultados obtenidos durante la actual administración en el combate al crimen organizado, entre ellos detenciones de objetivos prioritarios, aseguramientos históricos de drogas sintéticas, decomisos de armas y desmantelamiento de laboratorios clandestinos.

Sheinbaum insistió en que la cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad continuará, pero bajo los principios de respeto mutuo, coordinación y defensa de la soberanía nacional, al tiempo que rechazó cualquier narrativa que pretenda vincular sin pruebas al Gobierno mexicano con organizaciones delictivas.

La controversia añade un nuevo capítulo a la compleja relación entre México y las agencias de seguridad estadounidenses, marcada en los últimos años por diferencias sobre el alcance de la cooperación bilateral, el intercambio de información